Fragmento gratuitoEl Fundamento del Mundo 14 min Comprar

Isaac Benaor · Nº 13 · 2020

El Fundamento del Mundo

Fragmento gratuito · 3143 palabras · unos 14 minutos

Capítulo 1LA CIRCUNCISIÓN

1.1 LA SEÑAL DEL PACTO

“Rabí Eleazar (cita): «El tiempo de la canción (זמיר zamir) ha llegado» (Cantares/Shir Hashirim 2:12) leyendo «canción» como «podar» (זמיר zemir) (Acerca de lo cual explica): “Estas (que se podan) son las ramas del prepucio”. Rabí Aba añade: “Antes que Abraham fuera circuncidado estaba obstruido (en el espíritu) una vez que fue circuncidado todo (le) fue revelado y se posó sobre él la Shejiná completamente y de modo adecuado”.

Zohar Vayerá 98a y b

Si las referencias al numéro “siete” son frecuentes en el Tanaj (Biblia), también lo son las vinculadas con el número “ocho”. A efectos de nuestro estudio hemos seleccionado precisamente siete ejemplos más uno. En cada uno de ellos intentaremos descubrir, con la ayuda del Cielo, una realidad espiritual concreta ligada con dicho número para después poder cotejarla con su cumplimiento profético en el Mashíaj.

Comenzaremos por el mandamiento de la circincisión (ברית מילה Brit Milá).

Sometiendo nuestros impulsos

El cumplimiento de este precepto implica someter la fuerza reproductora del hombre al plano trascendental, ciñiendo la observancia del esencial mandamiento de “creced y multiplicaos” (פרו ורבו perú urbú) (Génesis/Bereshit 1:28) a las lindes que establecen la Torá, imbuyendo nuestros impulsos primarios de una atmósfera de consagración a Dios, como en el pasuk: “Tu plenitud y tu abundancia no retraerás. El primogénito de tus hijos me darás (consagrarás)” y añade: “De la misma forma harás con tu ganado, con tus ovejas: siete días estará con su madre en el día octavo me lo darás a Mí” (Éxodo/Shemot 22:29 y 30).

Te será por señal

La Torá nos relata como Dios se dirigió a Abraham (a la sazón Abram) cuando éste era de edad de noventa y nueve años para establecer con él un pacto. Dicho acuerdo implicaría llevar una señal física sobre su carne, así como sobre la de todos sus descendientes, como se declara: "Circuncidareis, pues, la carne de vuestro prepucio y será por señal del Pacto entre Mí y vosotros" y añade: "de edad de ocho días será circuncidado todo varón" (Génesis/Bereshit 17:11,12). La palabra que emplea el texto bíblico para referirse a esta acción es אות ot (señal), vocablo que es también usado para designar otros mandamientos que, al igual que éste, sirven de “signo” o “recordatorio”:

Ejemplo paradigmático de este principio sería el שבת Shabat, del cual fue dicho: “Es una señal (אות ot) entre Mí y los hijos de Israel para siempre, porque en seis días hizo el Eterno los cielos y la tierra y en el séptimo día descansó y reposó” (Éxodo/Shemot 31: 16 y 17). Y el estrecho vínculo entre ambas “señales” se muestra evidente: “Porque la Torá no ha de ser dada más que a aquellos que llevan sobre sí mismos el pacto sagrado” (Zohar Emor 91b).

Otro ejemplo de precepto calificado como “señal”, son las filacterias o תפילין tefilín, expresión que comparte raíz con el término hebreo תפלה tefilá (oración). En aras de la brevedad diremos que este utensilio consiste en dos cajitas de cuero negro llamadas בית bayit (casa) que contienen en su interior diferentes קלפים klafim (pergaminos) con determinados textos de la Torá. Dichas cajas se hallan unidas a sendas cintas hechas del mismo material que permiten su enrollado en el brazo izquierdo (o derecho si se trata de un zurdo) y su colocación sobre la cabeza, en el nacimiento del pelo, y son utilizados (por regla general) durante los rezos matutinos (שחרית shajarit) de los días de diario (חול jol). La fuente bíblica de este mandamiento es el pasuk: "Los atarás como señal sobre tu mano y estarán como bandas entre tus ojos" (Deuteronomio/Devarim 6:8) y también: “Ponme como un sello sobre tu corazón, como una señal sobre tu brazo” (Cantares/Shir Hashirim 8:6).

La próxima “señal” a la que haremos referencias son las מצות matsot (panes ácimos). Poco antes de la salida de Egipto, Dios ordenó al pueblo abstenerse de comer חמץ jamets (pan leudado) durante la celebración de la Pascua, como versa: “Siete días comerás pan sin leudar […] Y te será como una señal (אות ot) sobre tu mano y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley del Eterno esté en tu boca. Por cuanto con mano fuerte te sacó el Eterno de Egipto” (Éxodo/Shemot 13:6 y 9).

Otro conocido ejemplo de “señal” mencionado en la Torá, es el arco iris, que al igual que la circuncisión es llamada לאות ברית leot berit (por señal del pacto), como se declara: “Mi arco (קשתי kasheti) he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre Mí y la tierra” (Génesis/Bereshit 9:13).

De esta manera, vemos como todos estos elementos son denominados אות ot (señal) en la Torá. Y ahora podríamos preguntarnos: ¿qué pueden tener en común cosas tan aparentemente dispares como un día de reposo, unas cajitas de cuero, una variedad de pan o un fenómeno meteorológico? Lo cierto es que cada una de estas “señales” nos sirve para tener presente altos conceptos espirituales en nuestra vida diaria que ligan nuestra alma a Dios, creando así en medio de la cotidianidad un lazo de cercanía y constante apego a Él.

Copartícipes en la creación

Como se dijo, Dios ordenó que la circuncisión se practicase en el octavo día después del nacimiento, como versa: “Al octavo día se circuncidará al niño” (Levítico/Vayikrá 12:3). Cabría preguntarse ¿Por qué precisamente en el octavo día? La acción de retirar el prepucio (עורלה orlá), nos recuerda que en la procreación no todos los factores son estrictamente biológicos y que existe un aspecto que trascienden el ámbito material del hombre, que es el alma. En el acto de engendrar aparece una vertiente de carácter sobrenatural: si bien el padre y la madre aportan cada uno la mitad de los cromosomas, es Dios Quien implanta un alma inmortal (véanse Nidá 27b, Vayikrá Rabá 14:1), convirtiéndose de esta forma, los progenitores y Dios, en co-hacedores del nuevo ser.

El número ocho asociado a la circuncisión también nos enseña que, en el momento de la reproducción, el ser humano es diferente del resto de los seres vivientes (בריות beriot) (sobre el uso de este término véase Abot 1:12), cuyos actos son la expresión de un instinto primario (desgraciadamente gran parte de la humanidad se afana en seguir esta tendencia), pues en el caso del hombre, dicha unión puede (y debe) ser elevada al ámbito de lo sagrado, cumpliendo el mandamiento de “Creced y multiplicaos” (Génesis/Bereshit 1:28) en connivencia con Dios.

El caso de Abraham

Al respecto de lo dicho, la experiencia de Abraham (véase Kidushim 29:1) resulta paradigmática: Su primogénito (Ishmael) fue engendrado siendo el patriarca aún incircunciso, y ¿qué fue dicho de este hijo?: “Y él será hombre indómito, su mano será contra todos" (Génesis/Bereshit 16:12). “Hombre indómito” (פרא אדם pere adam), donde su carácter de “indómito” (פרא pere), precede incluso a su condición de “ser humano” (אדם Adam), pues dicho vocablo también es usado para designar al “burro montés” (véase ídem16:12). Y con todo y ser el promogénito, de este niño nacido fuera del Pacto se declara: "El hijo de esta esclava no ha de heredar junto a mi hijo Yitsjak" (Génesis/Bereshit 21:10, véase Bereshit Rabá 53:11).

Abraham es considerado el padre del pueblo judío, pues él adjuró de la idolatría, dedicando su vida a proclamar la unidad de Dios haciendo numerosos prosélitos. Hasta tal punto fue el receptor y el transmisor de la bendición de Dios que en la primera oración de la Amidá (llamada precisamente אבות Abot o patriarcas), que incluso Dios es denominado aquí “escudo de Abraham” (מגן אברהם maguén Abraham).

Y aunque esta primera etapa del personaje no estuvo exenta de grandeza y revelaciones, la Presencia Divina (שכינה Shejina) no reposó sobre él de forma plena hasta que el signo del pacto estuvo sobre su carne. Y al respecto de esto fue dicho: “El tiempo de la canción (זמיר zamir) ha llegado» (Cantares/Shir Hashirim 2:12). (Esto es) el tiempo de segar (זמיר zemir) la potestad de los ministros (espirituales) de las naciones para que no ejerzan más dominio sobre Israel” (Zohar Vayikrá 6b). Así pues, “el tiempo de la canción” no llegó al mundo hasta que el pacto de la circuncisión fue establecido, “podando” esa קליפא klipá (cáscara) absolutamente oscura llamada ערלה orlá (prepucio) y removiéndola del ámbito de la santidad afin al pueblo de Israel. Por lo cual se declara: “Pero el que une la Yod, que es la señal del pacto, con la esclava (Lilit) o a la Matronita (la Shejiná), que incluye la Yod (de א-דני A-donai) con el demonio (שד shed, formando la palabra שדי Shadai) de adoración de ídolos que es Sámej-Mem, es castigado en el Guehenón” (Zohar Ki Tetsé 277b). “Y el tikún de la circuncisión fue establecido para el octavo día, las ocho (sefirot) desde Jojmá (sabiduría) hasta Yesod (fundamento), a fin de recibir la pequeña Yod que es Maljut (reino) y elevarla hasta Kéter (corona)” (Zohar Pinjás 257a).

A tenor de los mefarshim (comentaristas) la visita de los tres ángéles a Abraham (véase Génesis/Bereshit 18:1 y 2) habría acontecido en el tercer día desde haberse practicado la circuncisión, considerado el momento más doloroso (véase Rashí ad loc, Shabat 134b). De ahí que se identifique entre ellos al malaj רפאל Refael (lit. “sanidad de Dios”), quien habría venido con la misión específica de aliviar sus padecimientos (véase Babá Mezsiá 86b).

Desde el principio llama la atención el altísimo nivel de profecía que había alcanzado el patriarca en esta etapa de su vida, como ya nos declaraba el pasuk: “Se le apareció (וירא vayerá) el Eterno” (ídem). Lo que daría constancia del grado de espiritualidad alcanzado por Abraham tras su circuncisión.

Y por encima de todo, en su nueva condición, ya no sería más el solitario “hebreo” (עברי Ivri, lit. “el que pasa”), el único que había pasado “al otro lado del río”, abandonando las costumbres idólatras de sus padres para servir al Dios único, sino que ahora sería capaz de engendrar una descendencia que fuese la continuadora de su fe: a Yitsjak, quien engendraría a Ya’akob y éste a las doce tribus, todos ellos serían concebidos bajo el signo del Pacto, todos ellos tsadikim, fieles continuadores de la fe de Abraham su padre.

1.2 YESHÚA Y LA CIRCUNCISIÓN

El nombre Yeshúa

Los Escritos nos declaran: “Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre ישוע Yeshúa, el cual había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido” (Lucas/Nakai 2:21). De esta manera y conforme al precepto, el niño Yeshúa fue circuncidado en el octavo día desde su nacimiento y también, siguiendo la costumbre, en ese mismo acto le fue puesto su nombre.

Como dijimos al hablar de los hijos de Ya’akob (véase del mismo autor: Camino de Redención 1:3 a 1:6), el nombre de una persona supone mucho más que una forma de ser identificado, pues dicho apelativo condicionará gran parte de su personalidad ya que, en opinión de los Sabios, este siempre es dado con cierto grado de רוח הקודש Rúaj Hakódesh. Por tanto, el nombre (שם shem) del niño devendrá en el “corazón” de su misma alma (נשמה neshamá). Y si esto es así con un apelativo escogido por los padres, cuanto más con uno designado desde el Cielo por intermedio de un ángel, como fue el caso de Ya’akob quien fue llamado ישראל Israel (Génesis/Bereshit 32:28) y el citado de Yeshúa.

Enseñan los Sabios que “Seis personas fueron nombradas por su nombres antes de nacer: יצחק Yitsjak (Génesis/Bereshit 6:3), ישמעאל Ishmael (ídem 16:11), nuestro maestro משה Moshé (ídem 6:3), (el rey) שלמה Shlomó (1 Crónicas/Divré Hayamim 22:9), (el rey) יאשיהו Yoshiyahu (1 Reyes/Melajim 13:2) y el nombre del משיח Mashíaj, pues fue dicho: «Delante del Sol, Yinón es su nombre» (Salmos/Tehilim 72:17) ¿Y por qué fue llamado con el nombre de ינין Yinón? Porque en el futuro despertará ינן a los que duermen en el polvo” (Pirké DeRabí Eliezer 32:1).

El anuncio del ángel Gabriel

Como se dijo, el nombre Yeshúa quedó directamente vinculado con el acto de Su circuncisión, según la costumbre judía de no mencionarlo públicamente hasta ese instante. Los Escritos, nos declaran que dicho nombre fue dado por medio de un ángel, lo cual implicaría un alto grado de profecía, como versa: “Ahora concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Yeshúa” (Lucas/Nakai 1:31). Lo primero que llama nuestra atención es la naturaleza del mensajero, pues el relato nos indica que se trató del ángel גבריאל Gabriel (lit. “poder de Dios”). Aquí cabría pregutarse: ¿si el nombre del niño iba a ser ישוע Yeshúa (lit. “aquel que ha de salvar”) por qué el encargado de anunciarlo es un Malaj cuyo nombre nos retrotrae a conceptos de rigor (גבורה gueburá) y juicio (דין din)?

Los mefarshim (comentaristas) nos enseñan que los tres ángeles que se aparecieron a Abraham (véase Génesis/Bereshit 18) venían cada uno con una misión específica: מיכאל Mijael (lit. “¿quién como Dios?”): debía anunciar a Sará su inminente concepción. רפאל Refael (lit. “curación de Dios”): debía aliviar al patriarca de los dolores de su reciente circuncisión y, por último, גבריאל Gabriel habría venido a destruir Sodoma (Babá Metsiá 86b, Bereshit Rabá 48:9).

Por afinidad, parecería más lógico que hubiese sido Mijael el portador de tan felices nuevas, pues dicho ángel se halla vinculado al atributo divino de חסד Jésed (gracia), siendo además el de mayor rango de los tres. ¿No hubiera sido el mensajero idoneo para anunciar el advenimiento del Mesías?

No es la intención de este apartado hacer un estudio sobre los diferentes ángeles, haciendo de nuevo uso de la brevedad que siempre hemos pretendido, intentaremos reflexionar con la ayuda del Cielo sobre las razones de esta elección. Para comenzar diremos que su función de traer almas de tsadikim al mundo no es nueva, como nos ilustra lo escrito: “El Santo, Bendito sea, convoca al (ángel) Gabriel y toma el alma del Gan Éden y la hace descender al cuerpo del tsadik” (Zohar Shemot 11b).

Los Sabios nos enseñan: “Mijael es el príncipe (שר sar) de la nieve y Gabriel es el del fuego” (Shir Hashirim Rabá 3:11) ¿A que clase de fuego se refiere? Las fuentes añaden: “El fuego que apaga a otro fuego: ése es el de Gabriel” (Yomá 21b). Ésta es una insinuación al fuego del juicio que habría de recaer sobre el “Siervo del Eterno” para apagar ese otro fuego que son las malas acciones de la Humanidad, pues el Mesías traería expiación de los pecados que también son comparados al fuego, como versa: “Y voló hacia mí uno de los serafim, teniendo en su mano un carbón encendido (רצפה ritspá), tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado” (Isaías/Yeshayá 6:6 y 7).

Otra de las razones sería la relación de este ángel con la Presencia Divina (שכינה Shejiná), como versa: “Y he aquí que la gloria del Dios de Israel venía del lado oriental. Su voz era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía de su gloria (Ezequiel/Yejezkel 43:2). Y «como el sonido de muchas aguas» se refiere a Gabriel y «la tierra resplandecía de su gloria» a la presencia de la Shejiná” (Abot de Rabí Natán 2:12).

Como se explica en otro lugar, una de las funciones del Mesías es establecer una morada para la Presencia Divina (שכינה Shejiná) en el mundo material (véanse Tanjumá Nasó 16a, ídem Bejukotai 3a). Ésta fue también una de las principales funciones del Tabernáculo y del Primer Templo, como se declara: “Harán un Santuario para Mí, y habitaré en medio de ellos” (Éxodo/Shemot 25:8), lo cual se corresponde con lo dicho sobre Yeshúa: “Y la palabra se hizo carne y habitó (puso su morada) entre nosotros” (Juan/Yojanán 1:14), y también: “Y da a luz (un) hijo y llamará su nombre Imanu El (con nosotros está Dios) (Isaías/Yeshayá 7:14). Al entender dicha profecía en referencia al nacimiento del Mesías (véase Mateo/Matai 1:23), dicho nombre debe complementar proféticamente el de Yeshúa, ya que ambos le fueron dados desde el Cielo.

Observamos como עמנו אל Imanu El, (con nosotros está Dios) está escrito con la partícula teofórica separada, algo poco habitual. El nombre אל El, al igual que el Tetragrama י-ה-ו-ה, constituye una expresión del atributo de gracia (מידת החסד midat hajésed) (véanse, entre otros, 1 Crónicas/Divré Hayamim 29:11, Zohar Vayikrá 11a), lo que nos aporta la idea de: “La gracia de Dios con nosotros”. Imanu, lo cual nos retrotrae a otros interesantes conceptos: אמם amam (ser igual a) o hacer algo empañado, en el sentido de opacar la luz, lo cual se yuxtapone al concepto del צימצום tsimtsum, como se explicó.

Gabriel fue también el encargado de enseñarle a Moisés los secretos de la מנרה Menorá (Candelero), como fue dicho: “Rabí Jiyá bar Aba dijo en nombre de rabí Yojanán: el ángel Gabriel se ciñó un cinturón a modo de los artesanos, y enseñó a Moisés el trabajo de hacer lámparas, como está escrito: «Y esta era la hechura del Candelero» (Menajot 29a sobre Números/Bemidbar 8:4). Utensilio que, como ya se explicó acoge entre su fecunda simbología la muerte del Mesías y la promesa del Rúaj Hakódesh (véase del mismo autor: La Roca de nuestra vida 1:5).

Y, por último, citaremos la intervención de este príncipe angélico en favor de Tamar (véase Génesis/Bereshit 38:25) mujer que inaugura junto a Yehudá la rama paterna de la genealogía del Mesías, como versa: “Rabí Eleazar dijo: el verbo en el texto indica que después de que fueran encontradas sus pruebas (sello, cordón y bastón) Samael vino y las cogió (para que Tamar fuese muerta) pero Gabriel bajó y las devolvió” (Sotá 10b). De hecho, las fuentes vinculan a este ángel con la tribu de Yehudá, como se declara: “Gabriel delante como corresponde al reino de Yehudá […] ¿Por qué se llama גבריאל Gabriel? Está escrito respecto a Yehudá: «Pues Yehudá prevaleció (גבר gavar) sobre sus hermanos» (Bamidbar Rabá 2:10 sobre 1 Crónicas/Divré Hayamim 5:2). Y esta misma fuente asocia a Gabriel con una de las más conocidas profecías mesiánicas, como versa: “Y llamará su nombre Admirable, consejero, Dios, Fuerte (גבור Guibor en correspondencia al nombre de Gabriel) mi Padre, Eterno, Príncipe (y) Paz” (Isaías/Yeshayá 9:5).

Una letra He añadida

Volvamos al nombre de Yeshúa. El cronista Mateo/Matai nos explica la razón para este apelativo: “Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Yeshúa, porque él salvará (יושיע yoshía) a su pueblo de sus pecados” (ídem 1:21). Según este argumento, ישוע Yeshúa (Salvador) expresaría la función que aquel personaje iba a desempeñar: traer salvación (ישועה yeshuá) al pueblo de Israel. Como se aprecia, ambos términos son muy similares, distinguiéndose tan sólo por una letra ה He adicional en este último.

Aquí termina el fragmento

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