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Isaac Benaor · Nº 02 · 2026

El pozo de Isaac

Fragmento gratuito · 2896 palabras · unos 13 minutos

Capítulo 1¿CÓMO RECUPERAR LA GRACIA DE DIOS?

Mucho se ha hablado ya sobre el significado de “caerse de la gracia”, extrapolado al sentido que le confiere el apóstol Pablo a este término en el contexto de su labor entre los gentiles. Pero hoy nos acercaremos al mismo ADN de esta realidad, a los profundos misterios espirituales que provocan esta caída, y a las medidas que debemos tomar los creyentes en el Mesías para evitarlo, reflexionaremos con la ayuda del Cielo sobre las graves consecuencias que implica y de cómo afecta a nuestro servicio a Dios, explorando, asimismo, las herramientas para enmendar este mal.

Comenzaremos nuestro estudio citando una enseñanza del Ba’al haTania:

“En este mundo bajo, sin embargo, no habrá manifestación de paz, ni de la depuración y separación del mal (que se encuentra dentro del bien) hasta el tiempo final (עת קץ et kets), mas no durante la era de exilio (הגלות hagalut), salvo en (el aspecto) del microcosmos (עולם קטן olam katán), es decir, del hombre. En «todo momento de encuentro» éste es (el de) la oración […] Aun así, es posible que, después de la plegaria, el mal (הרע hará) vuelva a despertar fácilmente y se entremezcle con el bien (בטוב betob) mientras uno transita la oscuridad de este mundo”

Iguéret Hakódesh, Epístola 12

Podríamos pensar que es “el mal” en estado puro el que trae todos los tropiezos al mundo, pero no es así, la verdadera raíz de su estado caído es la mezcla del bien (הטוב hatob) con el mal (הרע hará), arrastrando aún las secuelas del pecado de Adam, quien comió del árbol del conocimiento (עץ דעת Ets Hada’at) que contenía (precisamente) una mezcla de bien y de mal. Y esta es una realidad insoslayable, pues el mundo se hallará bajo la influencia del pecado y de la muerte hasta que llegue el tiempo del fin (עת קץ et kets), con el regreso del Mesías, momento en que se cumplirá lo escrito:

“Tragará la muerte para siempre; y enjugará el Señor, el Eterno toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de Su pueblo de toda la tierra; porque el Eterno lo ha dicho”

Isaías/Yeshayá 25:8

Antes de proseguir con el tema, debemos repasar algunas nociones preliminares sobre lo que los sabios de la קבלה Kabalá denominaron “rotura de los recipientes”: Dios creó el mundo para que Adam se enseñorease de él (véase Génesis/Bereshit 1:26), razón por la cual también lo arrastró en su caída, pues éste descendió de su anterior nivel espiritual juntamente con él (véanse Sha’ar Hamitsvot, Ékeb, pág. 99; Sha’ar Hapesukim, Bereshit, pág. 13). A partir de ese momento, el bien y el mal aparecerían siempre mezclados, siendo necesario el uso de discernimiento para poder distinguirlos, pues ahora la oscuridad podía disfrazarse de luz. Además, al comer del fruto, esas nociones pasaron a formar parte de la naturaleza interior de Adam. Ya no veía a la serpiente como una entidad separada de sí mismo a la cual aceptar o rechazar, ahora esta le susurraba desde su interior confundiendo sus malos consejos con los propios pensamientos del hombre.

Como nos decía nuestro texto, esta situación afín al ser humano no es sino un microcosmos (עולם קטן olam katán) de una realidad superior, la anteriormente citada “rotura de los recipientes” (שבירת הכלים shebirat hakelim):

Veamos esto con más detalle: el Ariza’l enseña (véase Ets Jayim 11:1) que, en su primera estadía, las ספירות sefirot se encontraban en un estado de indiferenciación, como si estuvieran “atadas” (עקדים akudim) entre sí. En una segunda etapa, estas se separaron formando diez entidades diferenciadas denominadas “puntos” (נקדים nekudim). Llegadas a esta fase, fueron capaces de recibir la luz divina, convirtiéndose así en כלים kelim (recipientes) de esta. Aun así, carecían de la capacidad de interactuar entre sí; esto es, aunque recibían luz eran incapaces de transmitirla. Y cuando estas ספירות sefirot ya no fueron capaces de contener más luz, se rompieron, dejando caer la luz divina que contenían a un nivel espiritual inferior, descendiendo hasta el ámbito de las קליפות klipot (cascaras) junto a los restos de los recipientes rotos. Allí permanecería atrapada en forma de chispas (ניצוצות nitsotsot) a la espera de ser rescatadas y elevadas de nuevo al grado de la santidad, siendo este el origen de la dimensión del mal.

Nuestra enseñanza del Ba’al haTania nos presentaba la oración como una enmienda temporal de esta situación, si bien esto ocurre “mientras uno transita la oscuridad de este mundo”, situación donde el mal puede “despertarse fácilmente” para entremezclarse de nuevo con el bien.

Una vez expuestos el marco y la raíz del problema, podemos centrarnos ya en nuestro propósito: rescatar la dimensión de la gracia del lado de las cáscaras de la impureza, separándola de esa otra gracia vacua e infructuosa para elevar sus chispas de luz hasta el ámbito de nuestra propia vida. Y para ello necesitaremos repasar también algunos conceptos. Citando las palabras del salmista:

“Cuán grande es Tu bondad, que has reservado para los que te temen”

Salmos/Tehilim 31:20

Aquí parece haber una contradicción: primero se habla de “Tu bondad” (טובך tubeja), una realidad propia de la derecha y afín a la ספירה sefirá de חסד Jésed-Gracia; y, no obstante, este grado es vinculado aquí con “los que te temen” (ליראיך lire’eja) noción perteneciente a la izquierda en relación con la ספירה sefirá de גבורה Gueburá-Rigor. Para explicar esto, debemos saber que en nuestro servicio a Dios han de convivir necesariamente ambas dimensiones: la derecha que implica abundancia y revelación, y la de la izquierda, que compete a la contracción y el ocultamiento.

Llama nuestra atención que Pablo, al aleccionar a sus discípulos sobre estas realidades, acuñase la expresión “caerse de la gracia” y no “apartarse” o “alejarse” de ella; muy en la línea con los citados conceptos de la קבלה Kabalá sobre la caída de la luz de los recipientes hacia los ámbitos inferiores, pues allí vimos cómo la ספירה sefirá de חסד Jésed-Gracia (así como el resto de ספירות sefirot desde דעת Da’at-Conocimiento) del mundo del caos (עולם התהו Olam Hatohu) descendieron hasta un nivel de ocultación conceptualmente afín a la “muerte” (מת met). Y, como se dijo, el hombre, como verdadero microcosmos de estas realidades, tiene la obligación de rectificar este mal.

Por supuesto, Pablo circunscribe esta corrección a la fe en el Mesías, asociando esta “gracia” a dos conceptos principales: la redención y la expiación, como fu dicho:

“En Quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de Su gracia”

Efesios 1:7

Llama la atención que de las siete מדות midot (atributos) que debían ser elevadas y rectificadas, Pablo hiciese tanto énfasis en el atributo de חסד Jésed-Gracia ¿acaso el Mesías no nos dejó herramientas para la corrección de las otras seis? Este es un tema complejo, pues el apóstol (muy en la línea con las enseñanzas de Hilel, el famoso תנא taná del siglo I a.e.c.) quizás pensara que no era conveniente imponer un yugo excesivamente pesado a los paganos que se estaban convirtiendo a la fe en el Mesías, como en su día dijese también Simón-Pedro:

“Por qué tentáis a Dios poniendo sobre la cerviz de los discípulos (en ref. a los gentiles) un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?”

Hechos/Ma’asim 15:10

¿A qué yugo se estaba refiriendo Pedro? “Yugo”, en hebreo עול ol, es un término habitual para referirse a los preceptos de la תורה Torá. Y estas palabras han sido entendidas de forma incorrecta al interpretarlas cómo la imposibilidad humana de cumplir con todos los mandamientos de la Ley. Para entender esto en su genuina acepción debemos recordar lo que se nos había dicho un poco antes:

“Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: es necesario circuncidarles, y mandarles que guarden la Ley de Moisés”

ídem 15:5

“De los fariseos”; así pues, el contexto de esta afirmación no es la observancia de la Torá en lo que podríamos llamar su línea tradicional, sino bajo la interpretación farisaica, la cual amplía ad infinitum los llamados preceptos דרבנן DeRabanán, como también dijo ישוע Yeshúa dirigiéndose a esta misma facción religiosa:

“Porque atan pesadas cargas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres”

Mateo/Matai 23:4

Como es sabido, en la Torá se prescriben 613 (תרי״ג), (véase, entre otros muchos, Makot 23b) de los cuales 248 son positivos (מצות עשה mitsvot asé) y 365 negativos (מצות לא תעשה mitsvot lo ta’asé). Los positivos, al estar asociados a una acción, se vinculan con la derecha; asimismo, los negativos, por implicar restricción, lo hacen con la izquierda. Si restamos ambos números obtenemos lo siguiente:

365 – 248 = 117

Esto es, los negativos exceden a los positivos en 117, por lo que el centro se hallaría sobre el número 306, según obtenemos (redondeando) al dividir el número total de preceptos por dos:

613 : 2 ≈ 306

Y al restarle los mandamientos positivos obtenemos lo siguiente:

306 – 248 = 58

Así pues, vemos como el número de mandamientos negativos es algo mayor que el de positivos en su promedio, de donde se infiere que la Ley (si bien busca la línea central del רחמים Rájamim-misericordia) tiende a la izquierda, inclinándose levemente hacia la ספירה sefirá de גבורה Gueburá-Rigor. En nuestro siguiente gráfico se ilustran los citados atributos:

Jésed-Tiféret-Gueburá
Jésed-Tiféret-Gueburá

Y sobre este particular, citaremos también la línea seguida por Juan, que no es tan radical como la de Pablo (quien aboga por la derecha extrema), y que podríamos calificar de centro-derecha, según lo escrito:

“La gracia y la verdad vinieron por medio de ישוע Yeshúa el Mesías”

Juan/Yojanán 1:17

Aquí son mencionados juntos dos atributos: חסד Jésed-Gracia, que es la derecha y Verdad (אמת Emet) que es el centro, en correspondencia con תפארת Tiféret-Belleza.

Y si esto ocurre con los mandamientos bíblicos (סברא דאורייתא seboró DeOarita) ¿cuánto más con los “vallados a la Ley” que impusieron los rabinos, con los que multiplicaron exponencialmente las prohibiciones, y que ya en la época de los apóstoles se abrían paso como la forma “ortodoxa” de practicar el judaísmo, como fue dicho:

“Forma muchos discípulos y haz cercado (סיג seyag) alrededor de la Torá”

Pirké Abot 1:1

Así pues, la apuesta radical de Pablo hacia los gentiles pasó por inclinar la balanza totalmente hacia la derecha, eximiéndoles en gran manera del rigor de los mandamientos.

Y hasta aquí ¡todo es maravilloso! ¿Quién no desea servir a Dios en un marco donde sólo existe bondad y gratuidad? Pero, como reza el dicho, “no es oro todo lo que reluce”, pues ya en el tiempo de los apóstoles se comenzó a tener una visión distorsionada de esta realidad, como versa:

“Y por qué no decir (como somos difamados, y como algunos afirman que decimos): hagamos males para que vengan bienes? La condenación de los cuales es justa”

Romanos 3:8

Rescatar el atributo de la gracia, sacándolo de la prisión de las קליפות klipot para elevarlo hasta el ámbito de la santidad, no es una tarea que pueda ser relegada a los más débiles, a aquellos que son incapaces de cargar ni aún con el más ligero yugo del precepto; por el contrario, esta es una labor destinada a los más fuertes y consagrados, pues cada chispa de luz de la gracia rescatada de las קליפות klipot, al ser traída al mundo, sirve para endulzar muchos juicios y cerrar la boca de muchos acusadores. Volviendo a las palabras del Ba’al haTania, leemos lo siguiente:

“La característica de la derecha, en contraste, es el atributo de חסד Jésed y expansión: (lo que conlleva a) servir a Dios con amplitud y sin contracción u ocultamiento alguno, como está escrito: «Y caminaré en amplitud (ברחבה barjabá)» (Salmos/Tehilim 119:45), sin contracción o limitación cualesquiera. (Y en estas personas) no hay restricción al espíritu de su generosidad sea en cuanto a la caridad, al estudio de la Torá, o al resto de los mandamientos. Él no se siente satisfecho con meramente saldar su obligación, sino que continua hasta el punto de jamás decir que es suficiente (עד בלי די ad belí dai)”

Iguéret Hakódesh, Epístola 13

Querido amigo ¿quiere usted experimentar la verdadera “gracia”? Pues sepa que esta no consiste en la permisividad absoluta, en hacer todo lo que le venga en gana pensando que nada tiene consecuencias; la auténtica gracia es servir a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas y amar a tu prójimo como a ti mismo; haciéndolo con generosidad y altruismo y no como aquel que se saca de encima un pesado trabajo lo antes posible.

Al principio de nuestro de nuestro estudio vimos como las ספירות sefirot, antes de ser rectificadas, aunque eran capaces de recibir la luz divina, carecían de la capacidad de interactuar unas con otras, esto es, recibían la luz, pero eran incapaces de transmitirla. ¿Y cuál fue su final? Se rompieron, dejando que esta se desparramara entre las קליפות klipot, lo que es tanto como echar perlas a los cerdos. Vivir bajo una idea distorsionada de la gracia le convierte en un recipiente del mundo del caos, donde usted recibe y no da. ¿Qué mayor ejemplo del egoísmo humano que interpretar la llamada “doctrina de la gracia” en el sentido de recibir gratis pero no dar de la misma manera? ¿De qué otra forma nos podremos asemejar al Creador? Quien es el paradigma de la generosidad y creó el mundo como la máxima expresión de este atributo.

Querido amigo, son muchos los misterios que rodean el concepto de la gracia, y muchas también las responsabilidades que comporta “esforzarse en ella”. No se deje convencer por las interpretaciones desvirtuadas y simplistas que le animan a la pasividad y la inacción, e incluso (ח״ו jas veshalom) a ser permisivo con el pecado; por el contrario, la gracia exige de nosotros esfuerzo, y al inundar el mundo de este atributo, allanaremos el camino para que la Humanidad se acerque al amor de Dios que es en ישוע Yeshúa nuestro Mesías.

Capítulo 2¿DEBEN CELEBRAR KIPUR LOS CREYENTES?

Los Escritos del Nuevo Pacto presentan al Mesías como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”; identificándolo con el sacrificio de la víspera de פסח Pésaj. Afirmación que se repetirá en otros lugares, por ejemplo, Pablo llegaría a afirmar:

“El Mesías, nuestra pascua, ya ha sido sacrificado”

1 Corintios 5:7

No obstante, la carta a los hebreos nos identifica la función expiatoria del Mesías con el día de la expiación (יום כיפור Yom Kipur), según se declara:

“Entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención”

Hebreos/Ibrim 9:12

En el presente capítulo hablaremos con la ayuda del Cielo, sobre los misterios supremos que rodean el Día de la Expiación, y sobre la necesidad o no de los creyentes de su celebración. En el texto griego, la palabra usada para “redención” es λύτρωσις litrosis. Dicho término era empleado en contextos legales y comerciales en referencia a la compra de un esclavo con el fin de darle libertad. En su sentido bíblico, nos explica que el Mesías paga a precio de Su propia sangre la libertad del mundo, redimiéndolo de la esclavitud del pecado. El adjetivo que acompaña esta palabra es αἰωνίαν aionian, traducido como “eterna” o “perpetua”, indicando que ישוע Yeshúa no solo obró una liberación temporal hacían los sacrificios de יום כיפור Yom Kipur descritos en la Torá, los cuales debían repetirse año tras año, sino obrando un rescate con validez definitiva y universal, señalando que el Mesías nos trajo una liberación eterna de una vez y para siempre; una que nos garantiza acceso pleno y permanente a la presencia de Dios.

El término hebreo para “redención” es גאולה ge’ulá. En numerosos lugares de la Biblia Dios es llamado גאל ישראל Go’el Israel, “Redentor de Israel”, atributo que es delegado en el Mesías, según lo escrito:

“Y vendrá un Redentor (גאל Go’el) a Sion, y a los que se aparten de la transgresión en Jacob, dice el Eterno”

Isaías/Yeshayá 59:20

Versículo que no habla únicamente de la liberación de la esclavitud física, sino de la redención nacional y espiritual de todo el pueblo de Israel. Asimismo, la declaración “entró una vez y para siempre”, haría referencia al יום כיפור Yom Kipur del año de la muerte y resurrección de ישוע Yeshúa (o justo al siguiente, si contamos desde el uno de תשרי Tishré y no desde el uno de ניסן Nisán), y no a cualquier otra fecha, como el cumplimiento profético de la esencia misma del Día de la Expiación, el cual no fue llevado a cabo a través de la sangre de animales sacrificados, sino mediante la propia sangre del Mesías, obteniendo así “eterna redención”.

La figura de un Sumo Sacerdote celestial que oficia en paralelo en el Santuario de Arriba (מקדשא דלעילא Mikdashá DeleEla), posee amplias referencias en la literatura rabínica; por ejemplo, en Midrash Tanjuma, Tsav 14, se dice que, así como había un servicio en el Templo terrenal, existía uno paralelo en el celestial. En algunos midrashim tardíos (y en la literatura de la Carroza o מרכבה Merkabá) el ángel מטטרון Metatrón aparece como un Sumo Sacerdote celestial que sirve en el Templo de lo Alto ofreciendo las almas de los justos como incienso; posición que el Zohar atribuye al ángel גבריאל Gabriel.

Aquí termina el fragmento

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