Isaac Benaor · Nº 04 · 2025
Nardo y Azafrán
נרד וכרכום
Capítulo 1DIOS Y DIVINIDAD
1.1 ALGUNAS CONSIDERACIONES PREVIAS
Buscando un acercamiento preciso al concepto “Divinidad” (en hebreo אלהות Elohut) reflexionaremos sobre algunos aspectos preliminares. Para comenzar, no deja de ser una paradoja cualquier intento de describir al “Indescriptible” o hablar de “Aquel a quien ninguna mente puede aprehender” (Leit majashabá tefisá baj kelal), pues no existe pensamiento capaz de alcanzarlo (véase Tikuné Zohar: Pataj Eliyahu). Asimismo, nuestra mente limitada no puede describir con adjetivos finitos a “Algo” que es por definición Infinito.
Sin embargo, vemos en la תורה Torá como a pesar de ser eterno e intrascendente, Dios interactúa con Su creación revelándose en nuestro mundo finito. Debido a estas dos acepciones los Sabios Le llamaron הקדוש ברוך הוא Hakadosh Barúj Hu: “El Santo, Bendito sea”, esto es, Aquel que es separado e intrascendente (קדוש Kadosh); pero que a la vez actúa en nuestro mundo finito (lo que atiende al concepto ברוך Barúj: Bendito). En respuesta a la citada paradoja, los Sabios nos enseñan a distinguir entre el Creador mismo, a Quien, a falta de calificativos, denominaron אין סוף En Sof (lit. “Sin Fin”) y, por otro lado, lo que serían Sus revelaciones o גילוים Guiluim.
En la Biblia se mencionan diferentes Nombres y epítetos vinculados a la manera en cómo el Creador se revela a Sus criaturas. Cada uno de ellos vendría a expresar un aspecto o matiz diferente dentro de dicha revelación, sin que ninguno de ellos llegue a manifestar Su misma esencia (lo que se conoce con el término עצמות Atsmut) pues, como se dijo, Ésta es ilimitada y, por ende, no susceptible de ser descrita mediante conceptos limitados; y esta fue la voluntad del Santo, Bendito sea, cuando quiso revelarse a Sus criaturas.
Y algunas de estas revelaciones se adhieren al concepto אלהות Elohut, por constituir en sí mismas una expresión de “divinidad”; apareciendo mediante locuciones del tipo: “Yo soy A-donai” (אני יהו״ה Aní YHVH) (Isaías/Yeshayá 42:8) o “Yo seré a vosotros por Dios” (לאלהי״ם lElokim) (Jeremías/Yermeyá 30:22), o la célebre declaración: Y me mostré a Abraham, a Isaac y a Jacob con (o en) אל שדי El Shadai, y Mi nombre Adonai (יהו״ה YHVH) no se lo di a conocer” (Éxodo/Shemot 6:3). Pues el Santo, Bendito sea, quiso nombrarse a Sí mismo mediante estas מדות midot (atributos) limitados y denominarse a través de ellos. En este sentido, son una expresión de divinidad, pues nos traen una revelación de Dios.
Y no necesitamos ir a los libros de קבלה Kabalá para ilustrar esta idea, pues ya en la propia תורה Torá vemos como el Creador se muestra a través de diferentes Nombres y Epítetos, y cada uno de ellos estaría vinculado con una forma concreta con la cual el Eterno desea revelarse a Sus criaturas, pero, como se dijo, ninguno de estos Apelativos nos retrotrae a Su misma esencia, que es ilimitada, y por ello imposible de aprehender bajo conceptos finitos. Así también aparece escrito en el מדרש Midrash, como versa: «Le dijo Elokim a Moshé» (Éxodo/Shemot 3,16). Dijo rabí Aba hijo de Mamal, le dijo el Santo, Bendito sea, a Moshé, ¿Mi nombre pides conocer? Según Mis acciones así Me llamo, a veces Me denomino con (el Nombre) אל שדי El Shadai, (otras) con צבאות Tsevaot, con אלהי״ם Elokim, con יהו״ה YHVH. Cuando juzgo a las creaciones me llamo אלהי״ם Elokim, cuando hago guerra con los malvados me llamo צבאות Tsevaot, cuando hago suspender (demorar el castigo en aras de Su piedad) los pecados del hombre me llamo אל שדי El Shadai, cuando tengo misericordia de Mi mundo me llamo יהו״ה YHVH, pues יהו״ה YHVH es el atributo de misericordia, como está escrito: «יהו״ה YHVH, יהו״ה YHVH, Dios dadivoso y misericordioso» (Éxodo/Shemot 34:6). Por eso dice (ídem 3:14): «Seré el que Seré» (אהיה אשר אהיה Eyé Asher Eyé), es decir: Me llamaré según Mis actos (esto es, según lo que «seré» en cada uno de ellos) (Shemot Rabá, 3:6).
Así pues, el carácter de esta revelación ha de ser necesariamente de naturaleza limitada, donde la intervención divina quedaría restringida a la expresión de diversos atributos como pueden ser la “justicia”, la “misericordia” etc. todos ellos adscritos a parámetros de finitud en el marco de nuestro mundo limitado. Y por todo ello, fue voluntad del אין סוף En Sof, Bendito sea, revelarse a través de estos atributos e incluso llamarse a Sí mismo con ellos, convirtiéndolos en Sus propias revelaciones. Sin embargo, es importante volver a subrayar que éstos constituyen una revelación y nunca el propio אין סוף En Sof, pues no debemos caer en el error de pensar que el Eterno está sujeto a “adjetivos” o “nombres” limitados como uno de nosotros.
Bajo una mirada más profunda, llegaríamos a afirmar que en realidad todo es en sí mismo una revelación del אין סוף En Sof, pues toda esta creación parte de una emanación de Él (véase Ets Jayim 47: 1 y 2), Quien lo ha hecho todo y a la vez se oculta detrás de Su propia creación. Y sobre esto dijo el Ariza"l: “Y ahora voy a explicarte en resumen el tema de los mundos en general, y pon mucha atención a estas palabras. Todo lo que hay en los mundos se puede dividir en dos aspectos, el primero es el אין סוף En Sof, que es Creador; Altísimo y Verdadero, que de Él emanaron todos los mundos, y todos los mundos emanados (אצילות Atsílut), creados (בריאה Beriyá), formados (יצירה Yetsirá), y hechos (עשיה Asiyá), todos emanaron de Él. Y todos ellos son causas causadas por Él, todos por igual. El segundo aspecto son todos los mundos que hemos recordado, y en ellos reside la «Esencia» (עצמות Atsmut) de las luces que, desde el אין סוף En Sof, se extienden hasta ellos para iluminarlas y otorgarles existencia, y esto ocurre en todos los mundos desde el primer punto y el más elevado de todos hasta el punto más bajo de todos, que es esta nuestra tierra baja donde viven en ella los hombres. Y también los hombres que moran en este mundo bajo, absolutamente todos los mundos están compuestos de estos dos aspectos y son: la «Esencia» (עצמות Atsmut) de las luces que se ocultan dentro de los כלים kelim (vasijas o recipientes). Sin embargo en ellas mismas (en referencia a las vasijas) hay diferencia entre la una y la otra, y todas en forma de causa y causante, por cuanto en el más alto, se fortalece en él la «Esencia» de la Luz (es decir que le ilumina con más fuerza) espiritualizándolo en gran manera, por lo tanto el aspecto de «כלי kelí» o «vasija» que hay en él, es muy puro hasta que casi no podemos calificarlas de «כלי kelí», y sólo es en comparación a la gran Luz que se encuentra en su interior, las denominamos «כלי kelí» pero en comparación a los (otros) «recipientes» que se hallan por debajo de él es llamado «luz» (אור or). Y cuanto más bajo es el lugar de los mundos, uno debajo del otro, tanto así baja su nivel, por cuanto las luces que hay en ellos no son tan puras como las luces más altas por cuanto están alejadas de su fuente, que es el אין סוף En Sof, y también por cuanto estas luces vienen vestidas dentro de las luces que están delante de ellos (es decir que las luces en el mundo de עשיה Asiyá, hasta que llegan a iluminar en el mundo de עשיה Asiyá han sido revestidas por el resto de los mundos que vienen antes). Y así el otro aspecto de sus «כלים kelim» se hacen gruesos y fuertes (cuanto más grueso es el כלי kelí menos luz deja que pase por él) hasta que nos encontramos con este mundo bajo cuya su luz es más escasa que en en el resto de los mundos y sus כלים kelim más gruesos y fuertes (en el sentido que son más fuertes que la luz y no la dejan pasar) más que todos los כלים kelim que están por encima de ellos. Y el que medite en esto, cuando se abran sus ojos intelectuales, entenderá como todos los mundos son en un aspecto «vestiduras» del אין סוף En Sof que se viste dentro de ellos, y también les envuelve, les hace vivir a todos y no hay nada fuera de Él y todos los mundos se atan con el Creador, y basta con lo que hemos dicho hasta ahora, por cuanto no es propicio revelar más sobre este tema” (Sha’ar Hakdamot 7a).
Del mismo modo, podemos decir que toda la Creación (donde estaría incluido nuestro mundo) no es más que un “vestido” (לבוש lebush) que permite al אין סוף En Sof, Bendito sea, revelarse en él. A veces es un ángel quien nos revela al Eterno y a Sus acciones (véase, por ejemplo: Éxodo/Shemot 3:2); o bien supervisa y sustenta el mundo a través de fenómenos naturales al enviar, por ejemplo, la lluvia a su tiempo. Incluso el hombre puede llegar a ser llamado איש האלהי״ם ish haElokim (Hombre de Dios) convirtiéndose cada una de sus acciones en una expresión de “divinidad” (como se explicará más adelante).
Como aprendemos de las palabras del Ariza”l citadas anteriormente, tanto los Nombres de Dios, como éste nuestro mundo, constituyen en sí revelaciones, mediante las cuales el Santo, Bendito sea, se muestra en Su mundo. Aun así, estos conceptos no deben ser entendido en forma literal, o estaríamos cayendo (ח״ו jas veshalom) en la herejía panteísta, donde se enseña que “todo es “Dios”. Por esto, debemos hacer distinción entre la revelación de los Nombres y los actos del Eterno, con el resto de las revelaciones (que son algo “aparte” del אין סוף En Sof). Cierto es que el אין סוף En Sof se revela en ellas, pero Éste nunca se llamó a Sí mismo con estas revelaciones, esto es, el אין סוף En Sof nunca dijo ser un “ángel”, nunca dijo ser un “viento” y nunca dijo ser un “hombre”; y no sólo que nunca lo expresó de esta manera, sino que decir esto constituye un grave acto de idolatría.
En síntesis: diremos que existen dos tipos de revelaciones: las que están unidas al אין סוף En Sof, y las que están divididas de Él. La תורה Torá nos permitió dirigirnos al אין סוף En Sof únicamente a través de las revelaciones que están unidas a Él, que son, como se dijo, Sus Nombres y Sus atributos. Pues de no ser así ¿de qué otra forma podríamos conocer y relacionarnos con nuestro Dios? Sin embargo, el Santo, Bendito sea, prohibió taxativamente dirigirnos a Él a través de esas otras revelaciones que están separadas de Él. Cuando decimos “separadas” nos referimos a que ya constituyen en sí mismas una identidad, por ejemplo, un ángel ya es en sí mismo una identidad, como también lo es un astro o un hombre. Si alguien quisiera adorar al Eterno postrándome (ח״ו jas veshalom) ante el sol, estaría adorando al sol y no al Eterno, pues, aunque Dios revela Su poder a través de dicha luminaria, los astros son una identidad separada del Eterno, mas cuando yo adoro al Eterno dirigiéndome por uno de Sus Nombres, no adoro a dos entidades por cuanto “Él y Su Nombre son uno” (Pirké DeRabí Eliezer cap. 23, véase Sha’aré Kedushá 3:1).
Aunque pueda resultar obvio, subrayaremos que, aunque el Eterno se haya revelado con muchos Nombres, esto no significa (ח״ו jas veshalom) que existan muchos “dioses”, sino que hay un solo Dios y sólo a Él adoramos, dirigiéndonos a través de los diferentes Nombres con los que se nos ha revelado.
Los sabios de la קבלה Kabalá nos enseñan que los Nombres de Dios pertenecen al mundo de אצילות Atsilut (Emanación). Tal como su nombre nos indica, אצילות Atsilut no es algo separado del אין סוף En Sof, sino que “emana” (לאציל leatsil) de Él. Por eso todas las revelaciones del mundo de אצילות Atsilut son “uno” con el אין סוף En Sof. Debido a esto el mundo de אצילות Atsilut es llamado también “el mundo de la Unidad”, por eso los diferentes Nombres de Dios se corresponden con las ספירות sefirot de este mundo en concreto.
Los mundos inferiores, (Beriyá, Yetsirá y Asiyá בי״ע) son denominados “los mundos de la División”, pues a partir de ellos (de בריאה Beriyá, concretamente) las creaciones comienzan a tener existencia separadas del Eterno, como ya nos lo indican sus propios nombres: “Creación”, “Formación” y “Acción”, según se desprende del texto bíblico (véanse Génesis/Bereshit 1 y 2, Isaías/Yeshayá 43:7): ברא Bará, יצר Yatzar y ויעש Vaya’as. Por esta razón no podemos atribuir ningún tipo de Divinidad a nada que se halle en los mundos de la división, pues al estar estos separados del אין סוף En Sof, sería como decir (ח״ו jas veshalom) que existen “dos divinidades”.
Aun así, cualquier lector familiarizado con la Biblia podría plantearse la siguiente pregunta: entonces ¿por qué los ángeles, el Templo Sagrado o incluso el Mesías son llamados por el Nombre del Tetragrama (véanse Éxodo/Shemot 12:29, Jueces/Shoftim 13:22, Jeremías/Yermeyá 23:6, Isaías/Yeshayá 9:6, entre muchos otros); ¿no significaría esto que el mismo אין סוף En Sof se revela en ellos?
Rabenu Bejayé, en su comentario a la תורה Torá afirma lo siguiente: «Y fue que todo el que buscaba al Eterno salía al אהל מועד Ohel Moed (Tienda de la Cita) que estaba fuera del campamento» (Éxodo/Shemot 33:8). (Más bien) tendría que estar escrito «Y todo el que buscaba a Moshé…», de aquí aprendemos que Moshé es llamado con el Nombre Único (יהו״ה YHVH). Y asimismo vimos que Ya’akob es llamado con el Nombre אל El (Dios) (véase Génesis/Bereshit 33:20) […] Y de forma similar encontramos que Shem, el justo, fue llamado con el nombre Único. E igualmente el Rey Mesías es llamado con el Nombre Único como está escrito: «Éste es su nombre que le llamarán: el Eterno justicia nuestra (יהו״ה צדקנו YHVH Tsidkenu)» (Jeremías/Yermeyá 23:6). Y también (fue dicho de) Yerushalayim: «Y el nombre de la ciudad desde el día (aquel será) el Eterno está allí (יהו״ה שמה YHVH Shama)» (Ezequiel/Yejezkel 48:35), no leas שמה shama (allí) sino lee שמה Shema (su nombre). Y esto es así porque el que se apega y se une a algo es llamado por el nombre de aquello a lo que se apega, y el enviado es llamado por el nombre del que le envía, y por eso vemos que los ángeles son llamados por el Nombre Único en muchos lugares en las Escrituras, como está dicho (Génesis/Bereshit 18:13): «Y dijo יהו״ה YHVH a Abraham: ¿por qué se rio Sará?», quien siendo un ángel se llama por el Nombre Único” (Comentario a Ki Tisá 33:7).
Estas y otras muchas citas nos demuestran que no somos los primeros en hacernos estas preguntas. La citada enseñanza de Rabenu Bejayé nos invita a una profunda reflexión, pues si afirmamos que: “El que se apega y se une a algo es denominado por el nombre de aquello a lo que se apega, y el enviado es llamado por el nombre del que envía” ¿por qué entonces esta regla no se cumple siempre? Pues vemos como en muchas ocasiones en la Escritura “los enviados” no son llamados “por el nombre del que les envía”, y sólo en algunas ocasiones ocurre esto así. Y aquí cabría preguntarse: ¿qué tienen de especial estos personajes que los diferencia de aquellos otros a los que no se aplica esta regla?
Acerca de esto, el Admor Hazakén escribió: “Y el tema es que los ángeles son enviados, [porque el ángel es llamado שליח Shalíaj: enviado], como está escrito: «Y llamó el Nombre del Eterno que le hablaba a ella, y así volver volveré a ti» (Génesis/Bereshit 16,13). Porque es el mismo אור אין סוף Or En Sof que se extiende y baja a cada uno según su nivel: (el ángel) Mijael en el חסד jésed etc. […] Es decir, el ángel actúa a manera de כלי kelí o recipiente de la luz Divina, la cual se extiende en él (incluso en los mundos de la división). Y por cuanto el mismo (ángel) es solo un כלי Keli, quedaría anulado ante la luz (divina, pues) la luz es (lo) principal. Por eso se puede llamar a sí mismo con un lenguaje de Divinidad (como dice: «Volveré», como si se tratara del Eterno Mismo) pues (los ángeles) dicen esto a través de la Luz que se viste en ellos que es Divina, como está escrito en Pardés Rimonim 24:11” (Likutei Torá Bamidbar, Usfartem Lajem 11b).
A tenor de lo expuesto, vemos que incluso en los mundos de la división (Beriyá, Yetsirá, Asiyá בי״ע) estas identidades separadas de la Divinidad, pueden “revocar” de alguna forma su propia personalidad de manera que al venir sobre ellos la Luz del אין סוף En Sof, esta los anularía por completo, actuando así a manera de vasijas transparentes a la manifestación de Dios; y esto hasta el punto que la Divinidad se convierte en lo principal de ellos y no su propia identidad (que ni siquiera es mencionada), siendo el “recipiente” de la Divinidad para que Esta Se revele y opere en los mundos bajos.
Y sólo de esta forma podemos llegar a entender por qué la תורה Torá asimila conceptos divinos con seres creados como puedan ser los ángeles o incluso los hombres, y también con lugares concretos como Jerusalén o בית אל Bet El (lit. “casa de Dios).