Fragmento gratuitoLos Pecados de los Padres 14 min Comprar

Isaac Benaor · Nº 05 · 2024

Los Pecados de los Padres

חטאי אבות

Fragmento gratuito · 3054 palabras · unos 14 minutos

Capítulo 1Identificando nuestra herencia espiritual

Tod ser humano viene al mundo con una herencia genética específica; esta determinará tanto los aspectos externos (como pueden ser su color de ojos o de pelo), como los internos (por ejemplo, el tipo de metabolismo). Mas este legado no siempre resulta positivo, pues (ח״ו jas veshalom) también existen enfermedades de carácter hereditario. Pero hay otro tipo de patologías que son de naturaleza espiritual y que, por desgracia, también recibimos de nuestros padres, nos estamos refiriendo a la herencia transgeneracional. ¿Te gustaría ser libre de estas ataduras? ¿Sabes que existe un salmo que esconde remedios para este mal? A lo largo de este libro buscaremos, con la ayuda del Cielo, la cura para esas enfermedades del alma que son arrastradas de generación en generación y que pesan como una losa en el día a día del individuo; comenzaremos nuestro estudio partiendo de un conocido versículo de la תורה Torá:

“Porque Yo soy el Eterno tu Dios, Dios celoso, que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen”

Éxodo/Shemot 20:5

Este versículo nos aporta una valiosa información sobre los efectos del hecho transgeneracional. Para empezar, ya en su encabezamiento leemos:

“Yo soy el Eterno tu Dios”, Dios…”

Veamos estos tres nombres más detenidamente:

יהו״הel Eterno (YHVH)אלהיךtu Dios (Eloheja)אלDios (El)

Donde apreciamos cómo las expresiones de rigor y juicio inherentes al nombre אלהי״ם Elokim se hallan en gran manera endulzadas por los otros dos apelativos, pues tanto el Tetragrama (יהו״ה YHVH) como אל El constituyen expresiones de la gracia divina. Es más, el vocablo אלהיך Eloheja (tu Dios) que, a priori parece una medida de rigor (מדת הדין midat hadín) vinculada al nombre אלהי״ם Elokim; contiene en su interior los dos citados nombres asociados con la misericordia, como se ilustra a continuación:

אלהיךTu Dios

Pues si descontamos la ך Jaf final (que es el sufijo que simplemente nos indica la segunda persona del singular) estaría conformado por los otros dos citados nombres, ambos ligados al atributo de חסד Jésed-Gracia:

יהYaאלEl

Y aquí comienzan las buenas noticias: el rigor divino ligado al elemento transgeneracional viene ya endulzado desde Arriba, facilitando así en gran manera nuestra labor de תיקון tikún (rectificación), según lo escrito:

Su izquierda (שמאלו semoló) esté debajo de mi cabeza, y su derecha (וימינו viminó) me abrace”

Cantares/Shir Hashirim 2:6

Nuestro versículo continúa diciendo:

“Que visita (פקד poked) la maldad (עון avón)”

El verbo que hemos traducimos como “visitar” es פקד poked, que tiene el significado básico de “inspeccionar”, “vigilar”; y aquí vendría nuestra segunda buena noticia: Dios no se acerca a nosotros para castigarnos por las transgresiones de nuestros ancestros sino para supervisar nuestras acciones, que serán, en última instancia las que determinarán el efecto de este transgeneracional. Y dicha circunstancia viene subrayada por las dos palabras usadas en el versículo para designar el pecado:

עון Avón: son aquellas transgresiones cometidas de forma intencional.

Y esta es una regla importante que deberemos tener presente a lo largo de nuestro estudio: el transgeneracional solo marca la tendencia, y aunque esta pueda ser muy fuerte, en última instancia, son nuestros propios pecados cometidos de forma deliberada y consciente en el uso del libre albedrío los que activan, por así decirlo, nuestra mala herencia espiritual; Y es en este contexto que encontramos la segunda expresión para describir el pecado:

“A los que Me aborrecen (לשנאי leshoneai)”

El verbo que traducimos como “aborrecer”, vendría a expresar (ח״ו jas veshalom) animadversión, una verdadera actitud de rebeldía hacia Dios y Su palabra. Y esta es una situación que no debería darse en ningún ser humano pero que es del todo inadmisible para un creyente en el Mesías, por lo cual, nuestra cita concluye diciendo:

“Y hago misericordia (lit. חסד jésed, gracia) a millares, a los que me aman y guardan Mis mandamientos”

Éxodo/Shemot 20:6

Una declaración que nos recuerda esta otra dicha por el Maestro:

“Si Me amáis guardad Mis mandamientos”

Juan/Yojanán 14:15

Y aquí tenemos ya nuestra primera herramienta para la rectificación del transgeneracional: el “amor” pues esta es la llave que abre todas las puertas del perdón, como también fue dicho:

“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados porque amó mucho”

Lucas/Nakai 7:47

Como se dijo al principio del capítulo, existe un salmo que constituye una excelente hoja de ruta para la rectificación de nuestro componente transgeneracional, una labor que nos acercará a grandes secretos espirituales; nos estamos refiriendo al célebre salmo cincuenta y uno. Como su propio autor nos cuenta, este cántico fue escrito:

“Cuando, después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta”

ídem 51:1

Como es sabido, David, a través de la experiencia de su propia contrición, nos dejó un salmo que es un auténtico modelo de arrepentimiento para todas las generaciones. Y si bien este es el contexto del que toma su expresión, son muchos los secretos que encierra en relación al tema que nos ocupa, como versa:

“He aquí en maldad (עון avón) he sido formado (חוללתי jolalti), y en pecado (בחטא bejeté) me concibió (יחמתני yejematní) mi madre”

ídem 51:7

El rey David, aunque sin justificar en ningún momento sus pecados, es consciente del fuerte componente transgeneracional que subyace tras esta transgresión. El versículo cita aquí dos categorías de pecados: la ya mencionada עון avón, que son las transgresiones hechas de forma intencionada y el חטא jeté que sería el pecado fruto del error. Al ser este último asociado con la madre, podríamos pensar que el primero debería atribuirse al otro responsable de la concepción, esto es, al padre. Y aquí cabría preguntarse: ¿qué clase de pecado intencionado pudo cometer Yishai, pues él es considerado un verdadero צדיק tsadik, como se declara:

“Enseñaron los rabies: hubo cuatro (personas) que murieron por el consejo de la serpiente (primordial, y no por sus propios pecados), y ellos son: Benjamín, hijo de Ya’akob, Amram, padre de Moisés, Yishaí, padre de David y kil’ab hijo de David. Y todos ellos (son así declarados por) la tradición, excepto Yishai, padre de David, del que hay un versículo explícito”

Babá Batrá 17a, Shabat 55b

Entonces, si el padre nunca pecó de forma intencionada ¿fue entonces algún error de su madre? Pero el propio David diría de su progenitora:

“Oh Eterno, ciertamente yo soy tu siervo. Siervo tuyo soy, hijo de tu sierva”

Salmos/Tehilim 116:16

Donde “Hijo de Tu sierva” (בן אמתך ben amatejá) elevaría a su madre al grado de “sierva del Eterno”, condición que fue dicha de David (véase Salmos/Tehilim 89:21), e incluso con del propio Moisés (véase ídem 90:1). Para resolver esta cuestión debemos acudir a las fuentes rabínicas, y para ello nos basaremos en una enseñanza del midrash Yalkut Hamijirí sobre Salmos/Tehilim 118:28: Yishai (futuro padre de David) era un varón de cierto renombre, si bien no procedía de una familia importante, y sólo formaba parte de un בית דין bet din (tribunal rabínico) de carácter local. La duda sobre la judeidad de sus hijos, por ser todos descendientes de una mujer moabita, había estado rondando en su mente, por lo cual, decidió separarse carnalmente de su esposa, situación que se prolongaría por tres años. Esta pulsión había estado adormecida durante todo ese tiempo hasta que la belleza de una de las siervas de su casa despertó de nuevo su pasión; tanto así que le propuso ir esa noche a su lecho tras lo cual obtendría su שיחרור shijrur (liberación) conforme a lo establecido en la Ley (véase Éxodo/Shemot 21:8). La muchacha, no conforme con la proposición, acudió a su ama rogándole que hiciese algo para evitarlo. De esta manera urdieron un plan: cuando se hallase en la recámara de Yishai, la sierva apagaría las candelas y saldría de la habitación mientras su ama se deslizaría dentro del lecho, manteniendo relaciones de forma silenciosa con su propio marido para más tarde abandonar la cama en completa oscuridad de manera que Yishai no se percatara del engaño. Y este hubiera sido el caso de no ser porque esa noche quedó embarazada del que sería el futuro rey David.

En la familia no sabían cómo explicarlo, pues era un hecho conocido la separación entre los cónyuges; por lo que se dio pie a todo tipo de conjeturas maliciosas, sembrando el desprecio en el corazón de Yishai y del resto de sus hijos, quienes (ח״ו jas veshalom) llegaron a sospechar que su hermano David era un ממזר mamzer, un bastardo fruto del adulterio de su madre. Por su lado, Yishai, no sabiendo muy bien como encajar el asunto, consideró que David debía ser criado lejos del resto de la familia, más como un siervo que como un hijo, enviándole a pastorear las ovejas. Y aquí podemos entender mejor las palabras del salmo:

“Extraño (מוזר muzar) he sido para mis hermanos. Y desconocido (נכרי najrí) para los hijos de mi madre”

Salmos/Tehilim 69:9

Y también explicaría la inaudita situación en la que Samuel, profeta y juez de Israel, demanda de Yishai la presencia de todos sus hijos y éste no convoca a David hasta que Samuel le pregunta de forma explícita: “¿Son estos todos tus hijos?” (1 Samuel/Shmuel 16:11).

Y estas fueron las oscuras circunstancias en las que fue concebido David, pero si nos remontásemos aún más en su ascendencia nos encontramos con el asunto de Yehudá, quien se llegó a su nuera Tamar, quien también ocultó su verdadera identidad haciéndose pasar por una mujer ramera (véase Génesis/Bereshit 38:14-26) para concebir de su suegro, después de que éste no cumpliera con el deber del יבם yibún (levirato) desposándola con su tercer hijo.

Y esta larga lista de sombríos antecedentes familiares conformaron el transgeneracional de David, quien, consciente de todas estas cosas declararía más tarde:

“He aquí en maldad (בעוון beavón) he sido formado, y en pecado (ובחטא ubjeté) me concibió mi madre”

ídem 51:7

Para traer más luz sobre el tema acudiremos a algunas enseñanzas del Ariza’l sobre un conocido taná del siglo I y II: rabí Akiva ben Yosef, como fue dicho:

“Por eso vemos que rabí Akiva ben Yosef salió de la raíz de Cáyin y era descendiente de Sísera”

Séfer Halikutim 365

A tenor de esta declaración, para que nuestro personaje llegase a ser un rabino insigne tuvo que rectificar primero su transgeneracional, el cual pertenecía a “la raíz (שורש shóresh) de Cáyin”, quien asesinara a su propio hermano al principio de los tiempos; además de ser “descendiente de Sísera”, el capitán del ejército cananita al que Yael mató con una estaca. Y todos estos antecedentes familiares mantuvieron “atado” a nuestro personaje durante los primeros cuarenta años de su vida, convirtiéndolo en una persona ruda e iletrada que odiaba a los Sabios hasta el punto de decir:

“¿Quién me dará un estudioso de la Torá (para que) le muerda como mordería un burro? Sus alumnos le dijeron: rabí, ¡di (que le morderías) como mordería un perro! Él les dijo: éste (el burro) muerde y rompe huesos, y aquel (el perro) muerde, pero no rompe huesos”

Pesajim 49b

De hecho, esta metáfora no fue casual, pues estaría ligada a lo que los Sabios de la קבלה Kabalá denominaron גלגול הנשמות gilgul haneshamot, la transmigración de las almas. Citando de nuevo al Ariza’l, leemos lo siguiente:

“Dice «Yisajar es un burro» (Génesis/Bereshit 49:14), porque Yisajar reencarnó en rabí Akiva, quien decía: «Voy a morderlo como un burro. Sus alumnos preguntaron: ¿por qué no como un perro? Respondió: el burro rompe el hueso al morder». Antes de eso (Ysajar) se reencarnó en rabí Yojanán ben Zakai que también era un ignorante (עם הארץ am ha’arets) y trabajó (en tareas rústicas) durante cuarenta años”

Sha’ar Hapesukim 72

En el contexto bíblico, el número cuarenta se vincula a un tiempo de purificación y renovación espiritual, como aprendemos de las cuarenta סאה seá de agua que contiene una מקוה mikve, la piscina ritual judía, como metáfora del proceso de rectificación del alma.

Y ahora que ya conocemos la “enfermedad” y disponemos del “diagnóstico” podemos buscar la medicina. En nuestro próximo capítulo seguiremos explorando los profundos secretos del transgeneracional y la forma en como nos afecta a nosotros y a nuestros hijos, pero, sobre todo, buscaremos los remedios que Dios nos brinda para su completa rectificación.

Capítulo 2La rectificación de los primogénitos

En cierta ocasión, ישוע Yeshúa y sus discípulos se cruzaron con un ciego de nacimiento, y al verlo estos Le preguntaron:

“Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?”

Juan/Yojanán 9:2

Aquel hombre, que había sido invidente desde el vientre de su madre, planteaba a los discípulos un conocido dilema: al no ser concebible que un ser humano peque antes de ser dado a luz, de seguro, que aquel mal era consecuencia de alguna mala acción de sus progenitores, quienes transmitieron este desafortunado transgeneracional a su desdichado a la vez que inocente hijo. Si bien el Maestro ennobleció esta situación hasta definirla como preparada de antemano para que las obras de Dios fuesen manifiestas, este suceso nos ilustra sobre las creencias de los discípulos acerca de la herencia transgeneracional, considerada cómo el origen de todos los males no imputables a la responsabilidad personal del individuo; de hecho, este sentir era compartido por los eruditos de la Ley, quienes se dirigieron al ciego en estos términos:

”Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros?

Ídem 9:34

A lo largo del presente capítulo seguiremos ahondando, con la ayuda del Cielo, en los profundos secretos espirituales que rodean el hecho transgeneracional, así como en la manera de corregirlos. Para ello, repasaremos la vida de diferentes personajes de la Biblia buscando el patrón general de la “enfermedad” pero sobre todo del “remedio”.

Comenzaremos por unos conocidos salmistas: los בני קרח bené Kóraj (los hijos de Kóraj); a quienes se les atribuye la autoría de once salmos del séfer Tehilim: el 42, del 44 al 49, así como el 84 y el 85, los cuales se encuadran en los géneros musicales de משכיל maskil, שיר shir y מזמור mizmor. Introduciremos el tema planteándonos la siguiente pregunta: ¿contienen estos salmos algún patrón común que identifique el transgeneracional de este colectivo? Antes de abordar esta cuestión repasemos los antecedentes familiares de los hijos de Kóraj. La תורה Torá nos relata una inquietante historia donde Kóraj y sus secuaces se rebelan contra Moisés y Aharón demandando para ellos el sacerdocio. Las consecuencias de esta insurrección no pudieron ser más terribles, como está escrito:

“Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas y a todos los hombres de Kóraj, y a todos sus bienes. Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Sheol, y los cubrió la tierra y perecieron de en medio de la congregación”

Números/Bemidbar 16:32 y 33

Por más que volemos nuestra imaginación no se nos ocurre un transgeneracional más espantoso que el heredado por los hijos de Kóraj ¿algún ser humano en la Historia ha descendido vivo al inframundo? Es más ¿Alguien más ha arrastrado a su familia y sus bienes juntamente con él al infierno? Entonces ¿qué fue lo que ocurrió con sus hijos, pues estos, en un futro, compondrían los ya citados salmos? Las fuentes rabínicas señalan que estos clamaron a Dios in extremis, siendo devueltos de nuevo al mundo exterior. Y aquí debemos hacernos esta pregunta: ¿afecto también este espantoso suceso a su transgeneracional?

Volvamos a nuestra anterior cuestión para buscar en los citados salmos algún elemento común que nos sea indicativo de esta realidad.

El primero de estos nos declara:

“Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí; de cómo yo fui con la multitud y la conduje hasta la Casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta”

Salmos/Tehilim 42:5

Estas palabras harían referencia al servicio del בית המיקדש Bet Hamikdash (Templo Sagrado) durante una festividad, según lo escrito: “Con la multitud en fiesta” (המון חוגג hamón jogueg). Como es sabido, los hijos de Kóraj eran levitas, y sirvieron en el Templo cantando y tañendo instrumentos; y aunque en este salmo no está exento de esperanza, sus palabras constituyen un lamento por la destrucción de la “Casa de Dios” (בית אלהי״ם Bet Elokim).

Veamos otro versículo del siguiente salmo de la lista:

“Nos entregaste como ovejas al matadero y nos has esparcido entre las naciones”

Salmos/Tehilim 44:12

Así pues, los dos primeros salmos de los hijos de Kóraj expresan una sentida elegía por la destrucción del Templo y el posterior exilio de Babilonia, lamentándose con amargo pesar de la aciaga situación. Sin embargo, a partir del siguiente (el cuarenta y cinco) aparece un cambio radical de tesitura, siendo incluso llamado “cántico de amores” (שיר ידידת shir yedidot). En él, es mencionado un rey de reminiscencias mesiánicas al cual Dios bendice “por la eternidad” (לעולם leolam), somete a las naciones y es ungido (משחך meshajaja) por Dios con “oleo de alegría” (שמן ששון shémen sasón) (véase ídem 45:3, 6 y 8); y se une con la שכינה Shejiná, llamada aquí “reina” (שגל shegal) y también “hija del rey” (בת מלך bat mélej).

Y en todo ello, yendo más allá de las circunstancias históricas, podemos discernir el proceso de rectificación del transgeneracional de los hijos de Kóraj, cuyas almas experimentan al principio un estado de acritud y exilio para dejar paso a otro afín a la Presencia Divina. ¿Y cuál es el secreto? Que nunca perdieron la fe y la esperanza, incluso en los momentos más lúgubres de su expatriación, como fue dicho:

“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?

Salmos/Tehilim 42:3

Y si estas dos importantes virtudes fueron las que obraron en nuestros personajes para rectificar su mala herencia espiritual ¿cuáles fueron las que actuaron en David? Volvamos a las palabras de nuestro personaje; sobre la ya planteada cuestión de la mayor o menor responsabilidad de alguno de sus progenitores, leemos lo siguiente:

“Oh Eterno, ciertamente yo soy tu siervo. Siervo tuyo soy, hijo de Tu sierva; Tú has desatado mis prisiones”

Salmos/Tehilim 116:16

Ya se habló de la primera parte de este versículo para ensalzar las virtudes de la madre de David, a quien su hijo califica de sierva del Eterno, y sin menoscabo de esta realidad, no podemos obviar lo dicho a continuación:

“Tú has desatado mis prisiones (פתחת למוסרי pitajta lemoserai)”

Aquí termina el fragmento

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