El Fundamento del Mundo 2

Índice

  • NOTA DEL AUTOR
  • PRÓLOGO por JOSÉ AVIGDOR
  • Capítulo 1: EL SECRETO DE LA HISTORIA
    • 1.1 El final de una etapa
    • 1.2 Un pueblo de sacerdotes
    • 1.3 Cuarenta años de jinuj
    • 1.4 La naturaleza del Mesías
    • 1.5 Las venida del Mesías
    • 1.6 ¿Uno o dos Mesías?
    • 1.7 El tabernáculo caído
    • 1.8 La Torá del Mesías
    • 1.9 La señal de las Lujot
    • Notas
  • Capítulo 2: EL SECRETO DE LA EXPIACIÓN
    • 2.1 Diseño de un plan divino
    • 2.2 La función del Santuario
    • 2.3 El Día de la Expiación
    • 2.4 Una expiación sin Templo
    • 2.5 La muerte de los justos
    • 2.6 La Akedá
    • 2.7 La señal de la mezuzá
    • 2.8 Una reflexión sincera
    • Notas
  • Capítulo 3: EL SECRETO DE LA INIQUIDAD
    • 3.1 Un misterio ya en acción
    • 3.2 Una mirada a las profecías
    • 3.3 La señal de la Meguilá
    • 3.4 La señal de la Álef ausente
    • 3.5 La señal del número cuarenta y dos
    • 3.6 La señal de Esav
    • 3.7 La señal de Ishmael
    • 3.8 La señal del hombre de pecado
    • 3.9 La señal de la Gran Babilonia
    • 3.10 La señal de Rut
    • 3.11 La señal de Israel
    • Notas
  • ORACIÓN………………………………………………………..390
JoseAvigdor

Extracto capítulo 3

3.11 LA SEÑAL DEL ISRAEL APÓSTATA

“Rabí Shimón bar Yojai dijo: Dios no lo permita, la Torá nunca será olvidada de Israel […] Entonces ¿Cómo puede explicarse el versículo: «Deambularán buscando la palabra de Dios y no la encontrarán»? (Deuteronomio/Devarim 31:21) (Significa que) No encontrarán una línea de acción clara para la Ley de la Torá ni la enseñanza en un solo lugar”

Shabat 138b

Llegados a este punto, son muchas las cuestiones aún pendientes de reflexión, siendo una de las primeras determinar el origen étnico del “hombre de pecado”. Tuvimos ocasión de meditar sobre el personaje de Esav como ejemplo paradigmático del carácter “especular” del anti-Mesías y vimos como su filiación con el pueblo de Israel resultaba más que evidente al tratarse, precisamente, del hermano mellizo de Ya’akob. Los dos nacieron de la misma madre y tuvieron acceso al mismo tipo de educación, desarrollándose bajo una atmósfera de Torá umitsvot. Quizás podríamos aplicar aquí la enseñanza del Maestro sobre “el trigo y la cizaña” (véase Mateo/Matai 13:24-30) donde las malas hierbas no son arrancadas al principio, permitiéndoseles crecer junto al trigo (como una oportunidad para la teshubá) hasta el tiempo de la siega.

El número de la bestia

Un aspecto relevante a la hora de conocer la naturaleza del hombre de pecado es el llamado “número de su nombre” (Revelación/Jizayón 13:17), esto es, el valor numérico de las letras de su nombre.

Mucho se ha especulado acerca de la cifra “seiscientos sesenta y seis” y antes de tratar el tema es importante reseñar que el cálculo numérico (gematria) solo es aplicable al hebreo (o al arameo) y nunca a otros idiomas como el griego o incluso el latín (48). ¿Cuál sería el significado espiritual de este número? Las enseñanzas de los Sabios que expondremos a continuación nos inclinan a pensar que se trataría del máximo exponente en la manifestación de la A”æ sitrá ajará (otro lado) en el mundo, ya que a tenor de lo que expondremos a continuación, dicho número estaría vinculado a altas realidades espirituales. Veamos algunos ejemplos: “Rabí Eleazar ben Azariá decía: “La víspera del Shabat (día sexto), el sexto día del mes, a la sexta hora del día, recibió Israel los mandamientos” (Pirké deRabí Eliezer 46:1). De la misma forma que la entrega de la Torá marcó el punto culminante de la (multitudinaria) revelación divina acontecida junto al Monte Sinaí, así también la irrupción del hombre de pecado supondrá el clímax en la manifestación del espíritu de la impureza en el mundo (49).

Como hemos venido explicando a lo largo del presente capítulo, el “misterio de la iniquidad” surge como una forma de “reflejo invertido” que, desde la tumá (impureza), intentará “plagiar” aspectos propios de la Santidad, pues no en vano el otro lado es llamado “mentiroso y padre de mentira” (Juan/Yojanán 8:44); “Padre de mentira” (ÿùwH   BA ab hashéker), esto es, la fuente primaria (BA ab) de toda falsedad (ÿùw shéker).

En este sentido, no debería extrañarnos que dicho número hubiera estado previamente vinculado a atributos de santidad y de índole mesiánica, como se declara: “Las tres Vav (WWW) son las dieciocho bendiciones de (la) plegaria (6 x 3 = 18, llamada precisamente HRwE   HNMw Shmoné Esré) […] Y el Tsadik es W vav W vav W vav, como en los pesukim (Éxodo/Shemot 14:19-21): «ESYW Vayishá (se apartó), ABYW vayabó (y vino), UYWvayet (y extendió)» (Zohar Pinjas 229a). Y aquí vemos como la Amidá, que es el corazón del servicio de oración, el “Tsadik” que es un nombre del Mesías, y las tres expresiones que marcan la apertura del Mar Rojo (FWS OY Yam Suf), se hallan vinculadas con dicha cifra. En este contexto, nos resulta significativo ver como estos “tres seises” ejercían, por así decirlo, en favor de la Gueulá (redención), pero en el texto podemos identificar otros “tres seises” dispuestos en el bando contrario, como versa: “Tomó seiscientos carros escojidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes” (Éxodo/Shemot 14:7). “Capitanes” (OwLw shalishim) lo que indica “tres” (wWLw shalosh), luego 600, de mispar katán (valor simple) 6, debe ser repetido 3 veces, insinuándonos de nuevo la cifra en cuestión.

Veamos otra enseñanza en espíritu similar: “¿Por qué dice (el pasuk): «Estas seis cebadas me dio?» (Rut 3:17). ¿Es que Boaz acostumbraba a dar solo seis granos de cebada? […] Más bien le quiso dar a entender que (Rut) tendría seis descendientes, cada uno de ellos favorecido por seis bendiciones. Estos son: (1) David, (2) Mesías, (3) Daniel, (4) Ananías, (5) Misael y (6) Azarías. De David dice lo escrito: […] He aquí yo he visto a un hijo de Ishaí de Belén que (1)sabe tocar (2) y es valiente y vigoroso (3) y hombre de guerra (4) y prudente en sus palabras (5) y hermoso (6) y el Eterno está con él” (1 Samuel/Shmuel 16:18). […] Del Mesías fue dicho (Isaías/Yeshayá 11:3): “Y sobre Él reposará el Espíritu del Eterno, (1) espíritu de sabiduría, (2) espíritu de inteligencia, (3) espíritu de consejo (4) y de poder, (5) espíritu de conocimiento (6) y de temor del Eterno” (Sanehdrín 93a y b).

Así pues, la cifra en cuestión se originaría en los siguientes elementos:

-Los Seis descendientes de Rut
-Las Seis cualidades de David
-Los Seis atributos del Mesías

Todos ellos vinculados proféticamente al Mesías. Al enumerar los seis últimos aspectos, la Guemará estaría haciendo referencia al Mesías “sufriente” y no al Rey Mesías, como explica el propio texto talmúdico: “Dijo rabí Alexandri: esto enseña que el Eterno Le cargó de virtudes (pero) también de sufrimientos como (uno que es triturado en) un molino de piedra (ídem 93b).

No deja de resultar sorprendente que después de interpretar el pasuk: “Estas seis cebadas me dio” en corte mesiánico, con la mención de los tres seises, a continuación, Raba mencione a un falso Mesías (Bar Coziba), como versa: “Quien dijo a los Sabios: yo soy el Mesías” (ídem), augurando que dicha cifra sería impíamente imitada por el anti-Mesías hasta hacerla un ícono de su propia identidad.

Shejem ben Jamor

Veamos ahora ciertos personajes de la Biblia cuyos nombres sumarían o estarían vinculados con dicho valor, comenzaremos por “Shejem ben Jamor(Génesis/Bereshit 34:2):

666 = (200) ÿ + (6) à + (40) M + (8) ç + (50) I + (2) B + (40) ì + (20) K + (300) w

A primera vista este cananita nos puede parecer irrelevante, ya que su contacto con la familia de Ya’akob fue breve y desafortunado y tomado como personaje bíblico, su papel se nos antoja más que anodino. Sin embargo, los Sabios no dudaron en vincularlo a “la serpiente” del Jardín del Edén, como si se tratase de la misma encarnación del maligno (véase Zohar Vayishlaj 66b, véase también Revelación/Jizayón 12:9) relacionando el gentilicio ëàX jiví (heveo) (Génesis/Bereshit 34:2) con la palabra aramea AëàX jiviá, que significa serpiente.

La Torá nos relata como este príncipe cananita deshonró a Dina, la hija del patriarca. La consecuencia directa de este ultraje fue la venganza de Shimón y Leví, quienes no solo mataron a Shejem, sino que aniquilaron a todos los hombres de aquella ciudad antes de rescatar a su hermana. Este acto les valió las réprobas palabras de su padre, como versa: “Shimón y Leví son hermanos, armas de iniquidad son sus armas. En su consejo no entre mi alma ni mi gloria se junte en su compañía […] maldito su furor que fue fiero y su ira que fue dura. Yo los apartaré de Ya’akob y los esparciré en Israel” (ídem
49:5-7)
. La violenta acción de los dos hermanos produciría unas secuelas cuyas
consecuencias trascenderían aquella generación, pues no hemos de olvidar que esta profecía de Ya’akob fue dada sobre “lo que ha de acontecer en los días postreros(ídem 49:1) (50).

Por otro lado, la malvada acción de Shejem alcanzaría otras derivaciones, pues al dejar preñada a Dina mezcló su linaje con el de la casa de Ya’akob. Explican los mefarshim (comentaristas) (Soferim 21, véase también Kalá Rabatí 3) que de esa unión nació una niña, quien sería llevada a Egipto, y criada en la casa de Potifar, lugar al que también llegaría Yosef casándose posteriormente con ella. De esta forma tan intrincada, Yosef (paradigma del Tsadik y del Mesías sufriente) se uniría con la hija de un personaje vinculado proféticamente a la “serpiente primordial” y al propio anti-Mesías a través del valor numérico de su nombre. De esta unión salieron dos hijos (Efrayim y Menashé) quienes serían adoptados por su abuelo Ya’akob, como versa: “Mas ahora tus dos hijos […] son míos, como Reubén o Shimón serán míos” (ídem 48:5). De esta manera, los nietos de Shejem alcanzaron el status de tribus de Israel.

Setur ben Mijael

Nuestro siguiente protagonista es “Setur ben Mijael”, líder (wAÿ rosh) de la tribu de Asher (Números/Bemidbar 13:13).

666 = (200) ÿ + (6) à + (400) Ü + (60) æ

Quizás el rasgo más significativo de este personaje, y que lo diferencia del anterior, es que las letras que componen su nombre reproducen literalmente la forma en cómo se escribe la cifra en cuestión en idioma hebreo:

Setur:    ÿWÜæ             

        Número de la bestia:     WæÿÜ                       

Setur” significa “encubierto, escondido”. Esto haría alusión a las formas sutiles y demagógicas con las que “el hombre de pecado” disimulará al principio sus malas intenciones, como fue dicho: “Entonces los egipcios esclavizaron a Israel con (labor) quebrantadora” (Éxodo/Shemot 1:13); “Quebrantadora” (èÿPB befarej), esto es, «con boca (äPB befé) suave (èÿ raj(Sotá 11a).

Como se dijo, llamaba nuestra atención que Hamán, uno de los individuos más siniestros y malvados de la Historia, compartiese nombre con el mán (IÄä hamán), el alimento de naturaleza espiritual que sustentó al pueblo de Israel durante su travesía por el desierto. Pero lo que aún sorprende más es que dicho nombre aparezca en la Escritura vinculado con el vocablo “setur”, como versa: “Al que venciere daré de comer del maná (IÄä hamán) escondido (setur ÿWÜæ)” (Revelación/Jizayón 2:17), lo que haría referencia a la revelación de secretos espirituales a través del Mesías. No obstante, dicha coincidencia de términos debería ponernos en guardia frente a algunos auto-proclamados “mekubalim” que pretenden impartir enseñanzas de naturaleza “mística” sin tener, por así decirlo, el correspondiente “certificado de kashrut”, lo que constituye tan sólo la minúscula punta de un inmenso iceberg que subyace silente aguardando el momento de irrumpir con estruendo, como fue dicho: “El espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1). Pues estos “falsos profetas y falsos maestros” (Judas/Yehudá 3:13), al igual que la “serpiente antigua”, mezclan verdad y mentira, conocimiento (TED da’at), bien (BWU tob) y mal (ERW verá) (Génesis/Bereshit 2:17) todo ello “tentador para los ojos, y deseable para lograr inteligencia” (ídem 3:6) pues “introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aún negarán al señor que los rescato” (Judas/Yehudá ídem).

Siguiendo con el personaje, vayamos ahora a un conocido pasaje del Talmud donde es mencionado explícitamente: “Rabí Yitsjak dijo: tenemos una tradición según la cual los exploradores se llaman según sus actos, pero no sabemos interpretar más que un nombre: el de Setur ben Mijael. ÿàÜæ Setur, porque invalidó (de ÿÜæ satar: desmentir, contradecir) las palabras del Santo, Bendito sea. LAKëM Mijael, porque lo ha hecho débil (VM maj a Dios LA El)” (Sotá 34b).

El capítulo trece del libro de Números/Bamidbar, nos relata el desgraciado episodio de los meraguelim (espías), cuya falta de fe llegó a contagiar a todo el pueblo, determinando que aquella generación tuviera que morir en el desierto sin poder entrar en la Tierra Prometida. El sentido llano del texto no nos aclara por qué unos hombres que fueron testigos de las plagas de Egipto y del cruce del Mar Rojo, que recibieron la Torá escuchando la voz del mismo Dios, no confiaron después en Él para la conquista de Érets Israel. En este sentido, nuestra guemará arrojaría luz sobre una soterrada realidad subyacente en el corazón de aquellos hombres al afirmar que “los exploradores se llaman según sus actos”, y como sus nombres precedieron a sus acciones, estos podrían ser vistos como “profecías”: “ÿàÜæ Setur porque invalidó (satar ÿÜæ) las palabras del Santo, Bendito sea” ¿de qué forma? Desmintiendo la veracidad de éstas, lo que equivaldría (Dios nos libre) a dudar de las promesas divinas, actitud que estaría cercana a la idolatría, como versa: “Maldita la persona que hace un ídolo […] y lo pone en un lugar oculto (sater ÿÜæ) (Deuteronomio/Devarim 27:15).

Mijael, porque lo ha hecho débil”. Cabría preguntarse: ¿Realmente llegaron a creer que Aquel que sacó al pueblo de la esclavitud con mano fuerte y brazo extendido sería ahora incapaz de intervenir en la conquista de la Tierra? Todo esto nos embulle en una atmósfera de “exilio” donde el horizonte de la Redención es, por así decirlo, corrido más allá del alcance de aquella generación contumaz e incrédula.

Aunque fueron diez, de un total de doce, los líderes que siguieron esta línea, el pueblo escuchó a la mayoría sin tener en cuenta las opiniones disidentes, como versa: “Toda la congregación gritó y dio voces y el pueblo lloró aquella noche […] Y decían el uno al otro: Designemos un dirigente (wAÿ rosh) y volvamos a Egipto” (Números/Bemidbar 14:1 y 4). Llevando de nuevo estas palabras al ámbito profético, podemos ver insinuado (Dios nos libre) como en algún momento del drama del fin de los tiempos el pueblo de Israel intentará nombrar (Dios no lo permita) un dirigente que lidere un hipotético “regreso a Egipto”, esto es, alguien bajo cuya autoridad se paganicen las costumbres, pues sobre Jerusalén fue profetizado: “La gran ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto(Revelación/Jizayón 11:8). Y también fue dicho: “Tal como se aprende: Jerusalén se asienta sobre doce montes, y quien dice sobre siete (en alusión a la “Roma escatológica”) no dice algo completo íntegramente” (Zohar Vayejí 242a) (51).

Vincular espiritualmente a la Jerusalén del fin de los días con “Sodoma”, implicaría algo más que la degeneración moral de sus habitantes, pues también nos retrotrae a los mismos orígenes del rey David por vía materna: Rut la moabita, descendiente de Lot y de su hija mayor, quien era una mujer sodomita (véase Génesis/Bereshit 19:37) (52), como también se declara: “He hallado (ëÜAÛÄ matsáti) a David Mi siervo” (Salmos/Tehilim 89:21) ¿(Y) Dónde lo halló el Santo, Bendito sea? En Sodoma, como está escrito (Génesis/Bereshit 19:15): “Y tus dos hijas serán halladas (ÜAÛÄ hanimtsaot)” (Bereshit Rabá 41:4) (53).

Los acuerdos que, presuntamente, el hombre de iniquidad habrá de establecer con Israel auspiciarían la reconstrucción del Templo Sagrado pues, como se dijo: “Hará un pacto firme con muchos” (Daniel 9:27). De otra forma no tendrían debido cumplimiento las palabras: “Hará cesar el sacrificio (çBå zsébaj) y la ofrenda (äçNM minjá) y en la esquina (FNk Canaf) la abominación, el desolador” (ídem), pues sin la edificación previa del Santuario estas profecías no tendrían cumplimiento.

Con todo, este versículo es de difícil comprensión. El contexto nos sugiere que dicha “abominación” tendrá lugar en el interior del Templo. La palabra que traducimos como “abominación” es JÙw shékets, término que nos retrotrae a algo de naturaleza abyecta e impura, como versa: “Os serán pues abominación (JÙw shékets), su carne no comeréis y abominaréis sus cuerpos muertos” (Levítico/Vayikrá 11:11). Además, dicho vocablo contiene la palabra kets (final) que es también un nombre de la A”æ sitrá ajará (véanse Zohar Nóaj 62b, Daniel 8:17). El término que traducimos como “Desolador” (ìMwM meshomem) proviene de äMwM meshamá, que alude a algo que es objeto de horror, como se declara: “Y será oprobio, escarnio, escarmiento y horror (äMwM meshamá) a las naciones (Ezequiel/Yejezkel 5:15).Pero una mirada más profunda nos lleva a entrever en dicho apelativo un nombre de blasfemia, al leer (Dios reprenda) ìMwM meshomem como Ow shem (nombre) äM ma (gematría cuarenta y cinco), esto es, el Tetragrama expandido mediante A Álef, de la forma: AH AW AH DWY. Lo cual se nos antoja doblemente réprobo: por un lado, el valor numérico cuarenta y cinco es ODA Adam, lo que presentaría al personaje (Dios no lo permita) como “postrer Adam”. Por otro lado, la Álef simbolizaría la revelación de la unidad de Dios en el mundo, lo que apuntaría a la pseudo espiritualidad del “da’at tob verá” del mensaje de la serpiente, como se dijo.

El lugar concreto donde se situará está “abominación” es llamado FNk Canaf, lo que traducimos como “ala” o “extremo”. Tomado literalmente, podríamos pensar que hace referencia a alguna parte externa del Templo, probablemente a alguno de sus atrios (54); Pero según la interpretación de Mateo/Matai 24:15 se trataría del mismísimo Lugar Santo, como versa: “Por tanto, cuando veáis en el Lugar Santo (wâÙ Kódesh) la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel”. Es este sentido, FNkCanaf” debería ser explicado bajo otra acepción.

En la Torá hallamos el mandamiento de colocar “borlas” o ÜàÛëÛ tsitsiot en las prendas de cuatro esquinas, como versa: “Diles que se hagan borlas en las esquinas (ëöÉk canfé) de sus vestimentas a lo largo de sus generaciones” (Números/Bemidbar 15:37). Aunque no tenemos una explicación racional para este precepto, la Torá nos aclara su propósito: (1) Acordarse de todos los mandamientos. (2) Cumplirlos. (3) No irse detrás de malos pensamientos. (4) No mirar a lugares indebidos (véase ídem 15:39 y 40). Explicado brevemente, diremos que fue establecido en la Ley que las prendas de cuatro esquinas (véase Menajot 60b, Óraj Jaim 10:1) deben llevar ÜàÛëÛ tsitsiot o borlones. Cada uno de ellos está formado por cuatro hilos que al doblarse sobre sí mismos hacen un total de ocho. Uno de estos hilos, que en su tiempo fue de color ÜLïÜ tejélet, ha de ser más largo para poder enrollarlo alrededor de los otros por la parte superior (aprox. 1/3) llamada ìëLâG guedilim (véanse Deuteronomio/Devarim 22:12, Menajot 39a, Rashí sobre ídem) (55). Como se dijo, los tsitsiot guardan una estrecha relación con el cumplimiento de todos los preceptos, pues es bien conocido que a partir de esta palabra podemos calcular el valor numérico seiscientos trece, esto es, de la totalidad de las mitsvot:

Tsitsit: 600 = (400) Ü + (10) ë + (90) Û + (10) ë + (90) Û

Como, además cada tsitsit consta de ocho hilos y cinco nudos, sumados obtenemos un total de: 600 + 8 + 5 = 613, en referencia al conjunto de los preceptos, que los tsitsiot nos ayudarían a recordar y cumplir (56). Según los mefarshim (comentaristas), dicho vocablo derivaría de la palabra äÛÛä hatsatsá (mirar a través) como en el versículo: “Atisbando (JëÛÄ mesits) por entre las celosías” (Cantares/Shir Hashirim 2:9), lo que vendría a insinuarnos experiencias de naturaleza profética.

Nos parece muy preocupante que esta “abominación de la desolación” pueda llegar a estar conceptualmente relacionada con algo que nos retrotrae a la observancia de los preceptos de la Torá y la revelación profética hasta llegar a situarse “en el lugar donde no debe” (Marcos/Nakai 13:14); como también nos resulta inquietante (Dios nos libre) que algunos sinceros creyentes puedan llegar a confundir al “hombre de iniquidad” con el verdadero Mesías. A este respecto, nos parece muy significativa la enseñanza talmúdica sobre los ÜàÛëÛ tsitsiot que interpreta el versículo “Y lo veréis (WÜA otó)” (Números/Bemidbar 15:30) como “lo veréis a Él (WÜA otó)” (Yerushalmi Berajot 1:2). Pues los Sabios asumieron que “el Hijo de David no vendrá hasta que se multipliquen los herejes” (Sanhedrín 97a) (57), y también: “El Santo Bendito Sea, le dijo a Moisés: «Procuraos hombres que sean sabios (OëMKç jajamim) y entendedores (OëNBN nebonim) (y de conocimiento)» (Deuteronomio/Devarim 1:13). Revisó en todo Israel y no encontró «entendedores», a esto se refiere lo escrito (ídem 1:15): «Entonces yo tomé las cabezas (líderes) de vuestras tribus, hombres sabios (OëMKç jajamim) y de conocimiento (OëÆâëW viduim) (pero no  entendedores)» (Zohar Vayakhel 210a).

Todo esto nos inclina a pensar que hacia el fin de los días el Pueblo de Israel se desviará (Dios nos libre), en cierta forma, de la genuina observancia de la Ley divina para seguir algún tipo de culto herético, quizás al estilo de Yerabam ben Nebat quien hizo desviarse a Israel (véase 1 Reyes/Melajim 12:28), según declararon los Sabios: “Es compañero del hombre destruidor» (Proverbios/Mishlé 28:24), se refiere a Yerabam(ídem Tazriá 44b). “Destruidor” (ÜYXwÄ mashjit) esto es, el falso XYwÄ mashíaj que habrá de manifestarse al final de los tiempos (Ü); Y que (Dios no lo permita) intentará, como hiciere Faraón en su día, embaucar al pueblo de Israel, pues fue dicho: “Yeshurum (1) engordó, te volviste (2) grueso y (3) burdo(Deuteronomio/Devarim 32:15). Estas son las tres generaciones que precederán a la venida del Mesías” (Sifrí sobre ídem, véase también Zohar Vaetjanán 270a); como ya se citó: “El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1) (58). Y aunque “en esta generación hay personas justas, son demasiado pocas para levantarse y proteger a su generación” (Zohar Hazinu 292a), lo que, parafraseando al Maestro, vendría a significar que no habrá suficiente “sal” para salar la tierra (véase Mateo/Matai 5:13).

Los hijos de Adonicam

Vayamos ahora a un personaje cuyo nombre aparece ligado de forma explícita con la ya mencionada cifra, como versa: “Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis” (Esdras/Ezrá 2:13). A primera vista podría parecernos uno más dentro de la lista de casas paternas que acompañaron a Esdras y Nehemías en su retorno del exilio de Babilonia, alguien que pasaría del todo desapercibido de no ser por su relación con el número que nos ocupa. Sin embargo, en el mismo libro hayamos la siguiente afirmación: “De los hijos de Adonicam, los postreros” (ídem 8:13). “Los postreros” (ìëÉÿçA Ajaronim); Dicha expresión contiene la palabra ÿçA Ajer (otro), que es uno de los nombres del anti-Mesías, como versa: “Y los diez cuernos significan que de aquel cuerno se levantarán diez reyes, y tras ellos se levantará ÿçA ajer (otro), el cual será diferente de los primeros” (Daniel 7:24) (59). Por lo cual se declara: “No tendrás dioses extraños (ìëÿçA ajerim)” (Éxodo/Shemot 20:3), esto es el ÿçA ajer que salió del mar (ìë yam) (véase Daniel 7:3); Y también: “Si una persona (jura en falso) provoca que se aparte la punta de la dálet (de ejad) y en su lugar quedará (una resh) que es (el) sámej-mem (raíz de) la mentira (Zohar Mishpatim 116a).

Ejad (uno): sjt

Ajer (otro):ÿjt

De nuevo llama nuestra atención que el personaje reaparezca en otro libro del Tanaj, pero ahora vinculado a otra cifra, como versa: “Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y siete(Nehemías/Nehemiá 7:18) ¿Ahora son “siete” y no “seis”? Al margen de otras consideraciones, este cambio de cifra vendría a insinuarnos como el anti-Mesías proclamará falsamente haber instaurado la era Mesiánica, simbolizada aquí por el paso del seis al siete, según lo dicho por los Sabios: “Lo mismo que cada siete años el séptimo es shemitá (año sabático), así también cada siete mil años el séptimo millar es para el mundo de Shabat […] el día del reposo total” (Sanhedrín 97a) (60).

Sigamos con nuestra reflexión volviendo a las ya citadas palabras del Talmud: “Tenemos una tradición según la cual los exploradores se llaman según sus actos” (Sotá 34b). Esta máxima sería también aplicable al personaje que nos ocupa pues, no en vano, su nombre aparece adscrito al “número de la bestia”, pudiendo ser leído (Dios nos libre) como: “Mi Señor” (ëÉâA Adoní) es enemigo (ìÙ kam):

Adonicam oehbst

Kamoe   Adoní hbst

¿De dónde procederá el anti-Mesías?

Como se dijo, a tenor de las profecías, el anti-Mesías habrá de ser un individuo natural de las naciones y no un judío. Sin embargo, la relación que mantendrá el siniestro personaje con el Pueblo Santo está ya suficientemente cotejada en el texto bíblico pues “con lisonjas seducirá a los violadores del pacto” (ídem 11:32) esto es, se ganará la confianza del Israel apóstata, quien después “confirmará pacto con muchos (ìëBÿ rabim) (Daniel 9:27) (61), es decir, con sus líderes llamados “grandes” (ìëBÿ rabim). Y este mismo vocablo nos retrotrae a una conocida halajá sobre la forma de determinar un “dominio público” (ìYBRH TWwR reshut harabim) frente a uno “privado” (véase Shabat 6a y en muchos lugares de Shabat y Erubín), insinuándonos que tras pactar con el anti-Mesías, Israel pasará (Dios no lo permita) de ser el “dominio privado” (DYXYH TWwR reshut hayajid) de la kedushá a ser un “dominio público” (rabim) de las naciones, como fue dicho: “Jerusalén será hollada por los gentiles” (Lucas/Nakai 21:24).

El factor Éreb Rab

Con todo, no podemos descartar la posibilidad de que, al igual que sucedió con Ya’akob y Esav, la relación entre el inicuo y el Pueblo de Israel pueda ir más allá de la política, existiendo incluso lazos de sangre. Dicha posibilidad podría ser interpretada de la afirmación: “Y al Dios de sus padres (àëÜBA ëäL`A Eloké abotav) no considerará” (Daniel 11:37). Aunque no tenemos la certeza de que “Dios de sus padres” fuese dicho en referencia al Santo, Bendito sea, no cabe duda de que, ya desde el tiempo de los patriarcas, dicha expresión aparece en la Biblia bajo esta acepción, incluso es usada por el propio Daniel en referencia a sí mismo (véase ídem 2:23). Todo ello nos haría barajar la posibilidad de que algún antepasado por la línea paterna del anti-Mesías fuese judío, pues según la Halajá (véase Yebamot 45a) la condición de judío es otorgada por la madre y no por el padre.

Para poder entender esto: que de una línea judía pueda venir (Dios no lo permita) aquel “inicuo cuyo advenimiento es por obra del Hasatán(2 Tesalonicenses 2:9), debemos entender primero el concepto BR BRE Éreb Rab. La Torá nos cuenta como al salir Israel de Egipto “también subió con ellos una multitud mezclada” (Éxodo/Shemot 12:38). Dichos conversos tan solo iban a traer amargura a la descendencia de Ya’akob, siendo su más sonada transgresión la construcción del BäZä LGE éguel hazahab (becerro de oro) (véase Éxodo/Shemot 32). Los Sabios no escatimaron en adjetivos a la hora de definir al colectivo, como versa: “Pues son perros muertos, alimañas, olor fétido e inmundicia, y se ensuciaron a través de ella, que es la adhesión al Érev Rab que se mezcla en Israel, y que (por desgracia) está unido a los huesos y a la carne (de Israel)” (Zohar Ki Titsá 282a).

Resulta difícil de entender como el pueblo santo, aquel que había experimentado la inmensa revelación de divinidad en el Yam suf (Mar Rojo) y había escuchado la voz de Dios en Matán Torá pudo secundar acción tan reprobable, “cambiando Su gloria por la imagen de un buey que como hierba” (Salmos/Tehilim 106:20). Por ello, no podemos trivializar el suceso reduciéndolo a un burdo conato de idolatría. La Torá denomina proféticamente a Yosef TRp ÅB Ben Porat (Génesis/Bereshit 49:22), lo que puede traducirse como “un toro joven” (Bereshit Rabá 98, véase Deuteronomio/Debarim 33:17). Que estas palabras formen parte de una profecía para los “tiempos del fin” (OYMYH TYRXA ajarit hayamim) (Génesis/Bereshit 49:1) junto a que el pasuk repite dos veces la citada expresión, nos haría pensar que iría dirigida (en segunda instancia) al Mesías “Hijo de Yosef”.

Aquella “multitud mezclada” proveniente de la idolatría y de la hechicería de Egipto, volcó en la sitrá ajará (otro lado) toda noción del Mesías que pudieron haber aprehendido en Matán Torá, como un remez (insinuación) profético de ese sector de Israel (Dios no lo permita) que será arrastrados por el Éreb Rab a adorar la imagen de la bestia (véase Revelación/Jizayón 13:15).

El falso profeta

Presentaremos ahora otro funesto personaje que habrá de desempeñar un importante papel junto al hombre de pecado, como versa: “Después vi otra bestia que subía de la tierra […] y ejerce toda la autoridad de la primera bestia, en presencia de ella, y hace que la tierra y todos los moradores de ella adoren a la primera bestia” (Revelación/Jizayón 13:11 y 12). Los Escritos definen a dicho individuo como “el falso profeta” (ídem 16:13). Ya desde su aparición en las Escrituras, podemos apreciar diferencias significativas con respecto a “la primera bestia”, empezando por su origen, pues de ésta fue dicho: “Y vi subir del mar una bestia” (ídem 13:1). Y de esta otra se declara: “Vi otra bestia que subía de la tierra(ídem 13:11). “El mar”, como se dijo, haría alusión a las naciones, determinando el origen “gentil” de la primera bestia (62), pero ¿qué nos sugiere el hecho de que esta otra “subía de la tierra”? La expresión “la tierra”, en hebreo JÿAä ha’árets, viene a ser indicativo de la Tierra de Israel (véase Sifrí, Rashí sobre Devarim 26:9) ya que, en opinión de los mefarshim (comentaristas), una palabra precedida por un artículo indeterminado (como aquí la ä he) nos indicaría siempre algo concreto (63). En todo ello podríamos ver indicios fundados de que este “falso profeta” habrá de surgir (Dios nos libre) del seno del Pueblo Escogido, si bien su influencia se proyectará también al resto de las naciones.

Sobre la hipótesis de que el “falso profeta” pueda ser un judío apóstata, éste encajaría con alguno de los infractores (véase Deuteronomio/Devarim 13:9-12) descritos a este respecto en la Torá: el ÜëæÄ mésit y el çëâÄ medíaj (instigador, tentador en ambos casos). El primero sería un individuo que seduce a practicar la idolatría a un solo individuo. El çëâÄ medíaj (palabra que posee la misma acepción que Mesit) sería un sujeto capaz de arrastrar a una ciudad entera hacia dichas prácticas. En este sentido, “el falso profeta” presentado en los Escritos encajaría con este segundo supuesto, el de un individuo susceptible de inducir a la idolatría a grandes multitudes (sobre las leyes que aplican a una Ir Hanidájat, ciudad descarriada, véanse Sanhedrín 111b, Babá Metsiá 21b entre otros) (64).

A estas alturas, podemos ya intuir dos grandes campos en los que el “misterio de la iniquidad” habrá (Dios nos guarde) de dejar sentir su influencia: El primero sería el de la política, pues, como se dijo, “con lisonjas seducirá a los violadores del pacto” (Daniel 11:32), y ¿Quiénes son estos violadores del pacto? Esto podría aludir al gobierno de Israel que hubiere en ese tiempo, pues desde su fundación éste adoptó un carácter marcadamente laico, muy lejos del ámbito de Torá umitsvot (65), y ¡cuanto más lo será en tiempos de apostasía generalizada! El segundo aspecto involucraría de alguna forma a las autoridades religiosas, pues fue dicho: “Y confirmará pacto con muchos (ìëBÿ rabim) (ídem 9:27), y un plural sin especificar, equivale siempre a dos (véase Zohar Tazriá 47b). Y sobre este restaurado Gran Sanhedrín de Jerusalén (äLàâG IëÿâäNæ Sanhedrín Guedolá) caerá la responsabilidad de detener la apostasía, pues sólo él estará facultado en ese tiempo para juzgar los casos de ÜçâNä ÿëE Ir Hanidájat (ciudad que se ha descarriado) ¡cuanto más tratándose de un país entero! Y será precisamente su inacción la que dará triste cumplimiento a lo anunciado por los Sabios: “El reino caerá en la herejía sin que nadie le reproche(Sanhedrín 97a). Y en cuanto al pueblo también fue dicho: “Una vez que te descarrías no escuchas” (Suká 46b). Y toda esta situación dará paso al establecimiento de un “reino” diametralmente opuesto al ideal de los tiempos mesiánicos, como fue dicho: «Las aves del cielo» (véase también Marcos/Nakai 4:32) se refiere a la mezcla de los amalekitas, los nefilim (caídos), los érev rab (multitud mezclada) que se expanden por todos lados en el último exilio. Y ellos son tanto de Israel, tanto de Ishmael, tanto de Esav (Zohar Mishpatim 120a).

Jiram el príncipe de Tiro

Siguiendo esta línea, nos es necesario “encajar” las diferentes profecías que relacionan la reconstrucción del Templo Sagrado con la manifestación del hombre de iniquidad, situando a ambos en un contexto temporal concreto. Comenzaremos proponiendo estos dos textos: “Cuando veáis en el Lugar Santo (wDQ Kódesh) la Abominación de la desolación” (Mateo/Matai 24:15); “El hombre de pecado, el hijo de perdición […] que se sienta en el Santuario de Dios como dios, haciéndose pasar por Dios” (1 Tesalonicenses 2:3 y 4).

Ambas citas nos describen un escenario donde el llamado anti-Mesías y el Templo de Jerusalén coexisten. Esta última reproduce casi textualmente lo dicho por el profeta Ezequiel sobre Jiram, el rey de Tiro, como versa: “Y dijiste: Yo soy Dios, en el trono de Dios estoy sentado, en medio de los mares” (ídem 28:2). “Estoy sentado”, pues, con la insolencia propia de un usurpador, se sentará (Dios no lo permita) dentro del recinto del Templo, privilegio solo reservado a los reyes de la Casa de David (66).

“En medio de los mares” (ìëÄë Yamim), lo que de nuevo nos insinuaría a la primera bestia que subió del mar (ìë yam) (Revelación/Jizayón 13:1 véanse también Zohar Vayigash 208a, Pinjás 252b), y estos “mares” son las naciones gentiles, como se infiere de la profecía de Daniel: “Y subieron del mar (AMY yama) cuatro grandes bestias, diferentes entre sí […] Estas grandes bestias, que son cuatro, son cuatro reyes que se levantarán en la tierra” (ídem 7:3 y 17).

Las Escrituras atribuyen a Jiram un papel fundamental en la construcción del Primer Templo. Sin embargo, la colaboración del monarca con Israel comenzó ya en los tiempos de David, como versa: “Y envió Jiram rey de Tsor (Tiro) mensajeros a David con maderas de cedro y albañiles y carpinteros para construir la casa” (1 Crónicas/Divré Hayamim 14:1). Resulta muy significativo que dicha declaración vaya precedida de esta otra: “Y quedóse el Arca con la familia de Obed Edom(ídem 13:14), “ODA DBE Obed Edom” ¿siervo (DBE ébed) de Roma? Cuan profético iba a resultar este hecho cuando en el año 70 d.e.c. el Segundo Templo fue saqueado y posteriormente arrasado por el emperador Tito y sus utensilios fueron llevados a Roma por sus siervos.

Pero fue en los días de Salomón cuando dicha colaboración alcanzó su punto álgido, según lo escrito: “Y envió a decir Salomón a Jiram rey de Tiro […] Envíame pues ahora un hombre hábil que sepa trabajar en oro plata… […] Envíame también madera del Líbano” (2 Crónicas/Divré Hayamim 2:3,7 y 8). A priori, resulta sorprendente que Salomón solicitase la colaboración de alguien con semejantes “antecedentes proféticos”, pues no solo le compró la materia prima, sino que también le pidió que escogiera personalmente al que sería el artífice de gran parte del Templo Sagrado, pues cabe recordar, que fue el Santo,
Bendito sea, Quien escogió personalmente a los constructores del Tabernáculo, conforme a lo escrito: “Mira, Yo he llamado por nombre a Betsalel ben Urí […] y lo he llenado del Espíritu de Dios […] También he designado a Aholiab ben Ajisamak de la tribu de Dan para que sea su ayudante” (Éxodo/Shemot 31:2 y 6). Por todo ello, nos resulta casi
imposible de entender que a la hora de construir el Mishkán se impusieran tan altos estándares de santidad y profecía, mientras que el Templo Sagrado, llamado “Casa de Oración (HLPT TYB Bet Tefilá) para todas las naciones” (Isaías/Yeshayá 56:7) fuese dejado al arbitrio de un sujeto que dijo de sí mismo “Yo soy Dios (LA El), y en el trono de Dios (OYHL-A Elokim) me he sentado” (Ezequiel/Yejezkel 37:6), de alguien que está vinculado proféticamente al M”S samej-mem. Como ya nos ocurrió con el “rey de Babel” (Isaías/Yeshayá 14), esta profecía de Ezequiel nos va mostrando un panorama que trasciende al personaje y a su tiempo, como versa: “En Edén, en el huerto de Dios (OYHL-A IG gan Elokim) estuviste […] tú eras el querub ungido (çwÄÄ BWRK kerub mimshaj) de alas desplegadas, y Yo te puse para que estuvieras en el santo Monte de Dios” (ídem 28:13 y 14). Unas palabras dirigidas a un gobernante de este mundo, nos transportan de repente al Jardín del Edén, señalando a un ser celestial al que llama “querub ungido” como el destinatario de dicha profecía.

En todo ello podemos ver el remez (insinuación) de la manifestación de ese hombre de iniquidad llamado el anti-Mesías, como una pieza fundamental en la construcción del Tercer Templo, como el “gran estadista” capaz de dar satisfacción a todas las partes enfrentadas, como el único capacitado para reconciliar lo irreconciliable, trayendo esa falsa “paz y seguridad” que sólo engendrará “destrucción repentina” (sobre 1 Tesalonicenses 5:3). Ésta será una casa construida por los hombres y no una que descenderá del Cielo, como fue dicho: “El Eterno edifica Jerusalén” (Salmos/Tehilim 147:2), pero será clave en los Días del Fin, como marco y escenario singulares para la última representación del “gran teatro de la Historia”, de forma que el inicuo podrá afirmar: “En la residencia de Dios he morado (Ezequiel/Yejezkel 28:2); “residencia” (BwàÄ moshab), término que también nos retrotrae a una vivienda de carácter temporal, dispuesta para albergar en ella a un individuo de carácter impuro, como en el pasuk: “Todo el tiempo que la llaga esté en él será inmundo (AMU temá), estará inmundo y habitará solo, fuera del campamento será su morada” (Levítico/Vayikrá 13:46). El paralelismo lingüístico entre este texto y el de Ezequiel resulta evidente:

Levítico/Vayikrá: “Habitará (Bwë yésheb) solo, fuera del campamento será su morada (WBwàÄ moshabó)”.

Ezequiel/Yejezkel: “En la residencia (BwàÄ moshab) de Dios he morado (ëÜBwë yashabti)”.

Resulta significativo que el nombre del gobernante de Tiro, ìÿëç Jiram, (probablemente la forma abreviada de ìÿëçA Ajiram: Mi hermano es exaltado) sea el mismo que el del artesano designado para construir todos los elementos de metal (véase 1 Reyes/Melajim 7:45). Acerca de este personaje fue dicho: “Y vino al rey Salomón e hizo toda su labor (àÜïALÄ Lk kol melajtó) (ídem 7:14) (67). Dicha expresión dispararía nuestras alarmas, por cuanto nos retrotrae a esta otra: “Y descansó (Dios) de toda Su obra (àÜïALÄ Lk kol melajtó)” (Génesis/Bereshit 2:1). Y aquí vemos de nuevo como la presunción del hombre de pecado parecerá no tener límite, queriendo atribuirse también una falsa “función creativa”, siendo además la expresión “e hizo” (sEëà vaya’as) otra insinuación de su inicuo proceder, al ser las mismas letras que Eàwë Yeshúa.

El Tanaj nos sigue diciendo que Jiram, artesano metalista del Primer Templo, era “hijo de una viuda de la tribu de Neftalí y su padre era un hombre de Tiro” (1 Reyes/Melajim 7:13). Aunque en esa época la condición de judío se heredaba a través del padre y no de la madre (68), el estrecho vínculo que tuvo el personaje con el pueblo de Israel nos resulta evidente (69).

A estas alturas de nuestra reflexión, podemos ya vislumbrar como los antecedentes proféticos de las dos figuras apocalípticas, La bestia y el falso profeta, aparecen insinuados en los dos personajes citados: Jiram (el gobernante de Tiro) y su homónimo Jiram (el artesano del Primer Templo) quienes,  además de nacionalidad y proyecto común, compartirían “casualmente” el mismo nombre (70). Dicho esto, quizás podamos deducir algunos aspectos de la futura relación que, a tenor de las profecías, habrá de establecerse entre el hombre de iniquidad y los dirigentes de Israel, considerando la que hubo entre Salomón y Jiram, pues fue dicho: “Como hemos estudiado (en una Baraita), Jiram, rey de Tsor (Tiro) se hizo a sí mismo un dios. (Y) después que vino Salomón, hizo con su sabiduría que descendiera de ese consejo. A través de la sabiduría de Salomón y de ninguna otra forma (Zohar Ajaré Mot 61a).

A priori, podríamos deducir de estas palabras que Jiram se retractó de su postura blasfema debido a la influencia del rey Salomón, sin embargo, según la citada profecía de Ezequiel, no parece que su “teshubá” fuese de muy largo recorrido, como nos demuestran las palabras del profeta: “Serás objeto de terror y para siempre dejarás de ser” (Ezequiel/yejezkel 28:19).

Todos estos acontecimientos han de devenir en la paradójica circunstancia de un anti-Mesías personalmente involucrado en la construcción del Tercer Templo, o lo que es lo mismo, el ser más impuro del mundo implicado en la edificación del lugar más santo de la tierra, lo que se correspondería con lo dicho: “Como está escrito: «Entonces vinieron al rey (Salomón) dos mujeres rameras» (1 Reyes/Melajim 3:16) (71) y se presentaron (entrando al ámbito de la santidad) y no (había ocurrido nunca) antes de eso” (Zohar Ajaré Mot 60a) (72).

Merced a su excelsa sabiduría, el rey Salomón creyó tener siempre las cosas bajo control, por ello no dudó en tener tratos con Jiram, el gobernante de Tiro, quien se había proclamado a sí mismo Dios, pues, como se dijo, “hizo con su sabiduría que descendiera de ese consejo”. Tampoco se retrajo al admitir dos rameras (TWNZ OYwN OYTw shtaim nashim zonot) “ante el rey”, aunque éstas “se presentaron (entrando al ámbito de la santidad) y no (había ocurrido nunca) antes de eso”. Y estas dos mujeres vendrían aquí a insinuarnos a los dos funestos personajes: la bestia y el falso profeta, quienes (Dios reprenda) también tendrán audiencia “ante el rey”. No olvidemos que Salomón es llamado “hijo de David” (âWâ IB ben David) (Eclesiastés/Kohélet 1:1) y, al igual que su padre, es presentado por los Sabios como un tipo profético del Mesías, pues fue dicho: “El rey Salomón (äÄLw Shelomó) se hizo el rey que la paz (ìWLw Shalom) está en él. Esto es (en referencia) al Rey Supremo. Y he aquí que ya ha sido establecido (que donde está escrito) «rey» sin especificar, se refiere al Rey Mesías” (Zohar Terumá 127b).

Pero los errores tienen consecuencias y acaban pasando factura incluso al más sabio de los hombres, por lo que, llegado a su vejez, Salomón permitió que la idolatría contaminase el país, como nos ilustra el siguiente pasaje bíblico: “Entonces el rey (Josías) también derribó los lugares altos frente a Jerusalén […] que Salomón, rey de Israel, había edificado a Ashtoret, abominación (JÙw shikuts) de los sidonios, a Kemos, abominación de Moab y a Milcom, abominación de los hijos de Amón” (2 Reyes/Melajim 23:13).

En espíritu similar, veamos ahora una conocida declaración de la Mishná sobre la reconstrucción del Templo: “Sea Tu voluntad Eterno, Dios nuestro y Dios de nuestros padres que se reconstruya el Santo Templo prontamente y en nuestros días” (Abot 5:20). Afirmación que viene precedida por esta otra: “Sé osado como el leopardo (ÿÄN namer), veloz como el águila (ÿwN nésher), ligero como gacela (ëBÛ tsebí), poderoso como león (ëÿA arí) para hacer la voluntad de tu Padre que está en los Cielos” (ídem). La contigüidad de los dos textos, (73) nos sugiere una relación entre ambos, por lo que arafraseando vendría a decir: “Deberás poseer las citadas cualidades para poder reconstruir el Templo Sagrado y cumplir así la voluntad de Dios”. Nos parece significativo que, como paradigma de dichos atributos, sean citados cuatro animales pues son el mismo número que aparece en la visión de Daniel, como versa: “Cuatro grandes bestias subían del mar […] el primero como león (äëÿA aryé) y alas de águila (ÿwN nésher) […] otra semejante a un oso (Bÿ rob) […] otra como leopardo (ÿÄN nemar) (ídem 7:3-5). Aún será descrita una cuarta bestia que no se corresponde con ningún modelo concreto del reino animal.

Que tres de las cuatro bestias de la visión de Daniel sean citadas en nuestro texto de la Mishná, nos parece sin duda relevante y además, dos de ellas (el leopardo y el león) volverán a aparecer en Revelación 13:2 para describir al “hombre de pecado”.

¿Qué nos aportaría aquí “la gacela (ëBÛ tsebí)”, el único animal de nuestra Mishná que no aparece en la visión de Daniel? Dicho término es mencionado en el Tanaj como metáfora de la tierra de Israel, que es llamada ëBÛä JÿA Érets Tsebí (Jeremías/Yermeyá 3:19) y también posee la acepción de “gloria” y  esplendor”, calificativo de nuevo usado en referencia a la Tierra de Israel, que es denominada “Tierra gloriosa” (ëBÛä JÿA hatsebí érets) (Daniel 11:16).

Además, por ser el único animal no depredador entre los ya citados, podría llegar a insinuarnos que la implicación de Israel en estos acontecimientos pueda ser a la vez pacífica y fugaz (atributos propios de la gacela), sin mayores intereses comunes con el hombre de pecado que los inherentes a la construcción del Templo.

De forma ineludible, todas las profecías señalan a Israel como la pieza fundamental en el drama del fin de los tiempos. En un plano estrictamente espiritual, hemos definido el “misterio de la iniquidad” como la forma especular que, desde el ámbito de la impureza, intenta imitar el lado de la santidad; y la referencia para dicha santidad ha de ser necesariamente Israel, quien por designación divina es llamado el “Pueblo Santo” y no las naciones quienes se mueven en el ámbito de la klipá, pues fue dicho: “También esto, opuesto a esto otro creó Dios» (Eclesiastés/Kohélet 7:14). Es decir, «también esto (HZ ze)», el (Zeir Anpín del) otro lado, en correspondencia con «esto», el (Zeir Anpín del) lado de la santidad, hizo Dios […] Para que se distinga la magnificencia del grado de la santidad, pues todo se fortalece a través de su opuesto” (Zohar Tazriá 47b) (74).

En el momento de escribirse estas líneas, la humanidad se halla atravesando la pandemia del coronavirus, un “dolor” sin duda significativo en el contexto de los “dolores de parto del Mashíaj”, y aunque nos alegramos de saber que “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mateo/Matai 24:34), esta alegría se muestra contenida a causa de la aflicción de nuestra carne. Yeshúa dijo a los hombres de su tiempo: “Sabéis distinguir el aspecto del cielo (para ganancias materiales) y no podéis discernir las señales de los tiempos (para cuidar de vuestras almas)” (Mateo/Matai 16:3). En una época donde todo el mundo puede acceder a información hasta que le “salga por las narices” (Números/Bemidbar 11:20), rogamos al Santo, Bendito sea, que levantante en medio de su pueblo hombres “entendedores” (OëNBN nebonim) y no tan solo “sabios” (OëMKç jajamim) o “de conocimiento” (ìYEâY yiduim), que sean capaces de guiar a Israel a través de la oscura senda del fin de los días, y aquellos que hemos creído en Su nombre, los que amamos al Mesías con todo nuestro corazón, podamos entonar a una las palabras del “Espíritu y la Esposa” y exclamar con fe completa: “¡Sí ven, Señor Yeshúa!” (Revelación/Jizayón 22:17 y 20).

Amén, ken yehí ratsón.

IsaacBenaor

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