El Jardín de los Olivos

Índice

  • PRIMERA PARTE: por Rab Eliab Benaor
  • NOTA DE LOS AUTORES
  • PRÓLOGO
  • Capítulo 1: ELOKIM veELOKUT
    • 1.1 Algunas consideraciones previas
    • 1.2 El concepto Divinidad: Santidad vs Idolatría
    • 1.3 ¿Es el Mesías Divino?
    • 1.4 Las Neshamot
    • 1.5 Las Neshamot de Atsilut
    • 1.6 El alma del Mesías
    • 1.7 Mesianidad y Mesías
    • 1.8 El concepto Mediador
    • 1.9 El Mesías ben Yosef y la Idolatría
    • 1.10 El concepto llevado a la práctica
    • 1.11 Navegando por las fuentes
  • NOTAS COMPLEMENTARIAS
  • SEGUNDA PARTE: por Isaac Benaor
  • PRÓLOGO
  • Capítulo 2: LA UNIDAD CON EL PADRE
    • 2.1 Definiendo conceptos
    • 2.2 El Mesías hecho hombre
    • 2.3 Las dos Yod del Mesías
    • 2.4 El Mesías nos muestra al Padre
    • 2.5 Y puso Su Tienda entre nosotros
    • 2.6 El Misterio de la Piedad
  • Capítulo 3: EL NACIMIENTO DEL MESÍAS
    • 3.1 El Tsimtsum
    • 3.2 Hacia el origen del Mesías
    • 3.3 La Palabra hecha carne
    • 3.4 La concepción del Mesías
    • 3.5 Miriam la betulá
    • 3.6 Concebido del Espíritu Santo
JoseAvigdor
IsaacBenaor

Extracto capítulo 1

1.6 EL ALMA DEL MESÍAS

Enseñan los rabinos que alma del Mesías es la Yejidá (véase Likutei Torá Bereshit, sobre el pasuk: “Y caminó Noaj con Dios”, Kinat Hashem Tsebaot, citado más adelante); y para poder entender que es la Yejidá citaremos la siguiente enseñanza del Ariza”l: “Debes saber que cuando murió Janoj estaba a un nivel más elevado que Moshé, porque él es el rabino de Moshé y él es el ángel Zagazganel. Y también porque él alcanzó (el nivel de) Jayá, y Moshé (sólo hasta) Neshamá, pero el Mashíaj alcanzará Yejidá(véase Likutei Torá Bereshit, sobre el pasuk: “Y caminó Noaj con Dios”).

Las palabras que vamos a citar a continuación, constituyen quizás la mayor revelación que en medio de este largo Galut, hemos podido recibir desde la generación de los Tanaim hasta la nuestra. En ellas se encierran profundos secretos de la Torá que son difíciles de explicar. No pretendemos ahondar en sus enseñanzas (tarea arto dificultosa en cualquier otro idioma que no sea el hebreo) y que exigiría de un largo preámbulo de conocimientos previos. Tan sólo nos permitiremos tomar algunas “perlas”, para mostrar cómo estos secretos (aceptados por la generalidad del judaísmo) son perfectamente compatibles con los conceptos que revelaron Yeshúa y Sus discípulos. Mas no empezaremos esta tarea sin advertir al querido lector que mucho hemos dudado antes de decidirnos a traducir estas palabras, pues somos conscientes del peligro de que puedan ser malentendidas o bien malinterpretadas, pues al nivel tan elevado en el que se mueve aquí el Ariza”l, un pequeño error de exégesis puede hacernos caer (Dios nos libre) en la herejía. Sea voluntad del Santo, Bendito sea, “guardar nuestra lengua del mal, y nuestros labios de hablar engaño” y que Él nos libre también de ser un “tropiezo delante del ciego”.

Como versa: “En cada uno de estos cuatro aspectos particulares, hay un aspecto general que los contiene todos (es decir, a los cuatro particulares) y es un aspecto intermedio entre cada aspecto y aspecto (y que a su vez) los contiene a los dos. Y un ejemplo es lo que escribieron los Sabios de la naturaleza que entre lo inerte y lo vegetal está el Koral, y entre lo vegetal y lo vivo esta están los Adné Hasadé que son como un perro que crece de la tierra cuyo ombligo está enraizado en la tierra y de ahí recibe vida y cuando se corta su ombligo muere. Y entre el vivo (Jay) y el parlante (medaber) está el mono. Así, de la misma manera encontramos aquí que entre el Creador (Boré), Bendito sea, y lo creado (Nibrá, que es un aspecto que contiene toda la espiritualidad) hay un aspecto intermedio del que fue escrito (las siguientes declaraciones): ‹Hijos sois del Eterno vuestro Dios›, ‹Yo dije vosotros sois dioses›, ‹Y subió Dios desde encima de Abraham›. Y dijeron los Sabios: los Padres, ellos mismos son la ‹Merkabá›. Y lo que (esto) significa es que hay un Nitsots (chispa) muy pequeño que es (en un aspecto) Elokut (Divino), que sale del último Nivel del Creador, y este Nitzots se inviste en la fuerza de otro Nitsots creado, que es una neshamá muy, muy fina, y este Nitzots se llama Yejidá, y en ella estan las raices de los cuatro aspectos de la Rujaniut que son NaRNa”J (Néfesh, Rúaj, Neshamá, Jayá) […] Con esto entenderás lo que escribimos, que el Kéter es siempre un aspecto superior y no está incluido en ese mundo, sino que se parece a la corona del rey que está por encima de su cabeza y no es parte de su cabeza, y por eso (Kéter) no es parte de las Sefirot y en su lugar se cuenta al Da’at, que es recordado en el Séfer Yetsirá, y por todo eso a veces no lo contamos entre las diez Sefirot. Y esto puede ser explicado con lo que dijimos arriba: que hay un aspecto intermedio entre cada nivel y nivel, parecido a lo que escribieron los Sabios de la naturaleza, y los trajo el Rambán en el versículo: ‹Y la tierra estaba Tohu vaBohu›, y escribió también en nombre del Séfer HaBahir que antes de que se crearan los cuatro fundamentos creo un material llamado el Hiulí, que es algo preparado para recibir la forma de los cuatro fundamentos pero el no toma ninguna forma en absoluto, y lo que es antes de este Tohu es el Éfes (Cero) como fue dicho: ‹De Cero y Tohu le fue contado› (Isaías/Yeshayá 40:17).

Y el tema es que el En Sof es llamado Éfes, porque no tiene ningún alcance, pues ahí no hay materia ni forma, y después de Él salió el Tohu, que es el Kéter, y después salió  el Bohu, que contiene los cuatro fundamentos: Jojmá y Biná, Tiféret y Maljut. Y la explicación de esto es que es necesario que haya un nivel intermedio entre el Emanador y la emanación, porque hay entre ellos distancia como entre el Cielo y la tierra, y ¿cómo éste iluminará al otro? Y ¿cómo creará éste a éste que son dos extremos? Sino que es porque hay entre ellos un nivel intermedio que los une, y existe un aspecto que sea cercano también al Emanador y (a la vez) cercano a la emanación. Y este aspecto es el Kéter, que es llamado Tohu, pues en él no hay ninguno de los fundamentos (mencionados arriba), por eso no es insinuado en el nombre YHVH solo con la punta de la Yod. Sin embargo es un aspecto intermedio, como ya recordamos, pues el Kéter es como la materia llamada Hiulí, que tiene la raíz de los cuatro fundamentos de manera potencial pero no en la práctica, por eso se llama Tohu, pues Mathé (confunde) las mentes de los hombres, pues dice: nosotros vemos que no tiene ninguna forma, sin embargo vemos que es emanado y tiene potencialmente cuatro formas y, en consecuencia, puede ser llamado En Sof y Emanador como es la opinión de algunos mekubalim: que el En Sof es el Kéter y (aun así) también puede ser llamado Emanado, pues ciertamente el En Sof es superior a él, por eso acerca de él dijeron los Sabios: ‹De lo que está por encima de ti, no preguntes› (Jagigá 13a, citando Ben Sirá). Sin embargo, el objetivo de lo que queremos hablar es que el Kéter es un aspecto intermedio entre el Emanador y lo emanado, y el motivo es porque el último aspecto del En Sof es aquel que emanó a este aspecto que tiene la raíz de las diez Sefirot de manera oculta y de manera ‹sutil› que no puede ser más fina en toda la emanación, pues no hay por encima del Tohu nada aparte del Éfes absoluto.

Sale de todo esto (que hemos dicho) que hay dos aspectos que son dos niveles: uno es el aspecto más bajo e inferior de todo el En Sof, como si dijéramos de manera metafórica que es la Maljut de la Maljut del En Sof, e incluso que no es así, pues no hay ninguna forma y sefirá en el En Sof (jas veShalom) de ninguna manera, y solo para ‹adecuar› el oído hablaremos así […] Y este aspecto se llama Kéter que, por un lado fue llamado por algunos mekubalim (como perteneciente al) En Sof y, por otro lado, fue llamado por algunos mekubalimKéter›, como parte de las diez Sefirot. Pero nuestra opinion no es como la de unos ni como la de otros, sino que (decimos que) es un aspecto intermedio entre el En Sof y los (mundos) emanados y hay en él un aspecto de (pertenencia al) En Sof y un aspecto (que lo calificaría) ‹Emanado›. Y estos dos aspectos son llamados Atik Yomín (como manador) y Arij Anpín (como emanado) y los dos son llamados Kéter, como ya es sabido” (Ets Jayim, Sha’ar 42:1 M”B).

Todo esto fue debidamente resumido por rabí Shalom Sharabi en su libro Nahar Shalom, como versa: “Y del En Sof salió y se extendió un Nitsots (chispa) que es en un aspecto Elokut, y este Nitsots se viste en la fuerza de otro Nitsots nibrá creado por la fuerza de su iluminación (es decir que el Nitsots de Elokut ilumina tan fuerte al Nitsots nibrá que es como si se invistiese en él), y es una Neshamá muy sutil que se llama Yejidá, y en esta Yejidá están las raíces de las diez Sefirot (aunque) de manera oculta y muy tenue, (de forma) que no puede haber en los emanados algo mas fino que ella, y sobre este Nitsots (Yejidá) fue dicho: ‹Vosotros sois hijos de el Eterno vuestro Dios›, ‹Yo dije vosotros sois dioses›, ‹Y subio Elohim desde encima de Abraham›, ‹los Padres (Patriarcas), ellos son la Merkabá›, y es esa Neshamá de vida, la Neshamá de todo, que necesita ser bajada de nivel en nivel como esta recordado en otro lugar […] Y estos dos aspectos son llamados Tohu y Bohu, y por encima del Tohu no hay mas que el Éfes absoluto, que es el En Sof que el pensamiento no puede alcanzar, y Estas dos chispas son llamados el Kéter Colel (Kéter colectivo) y son llamados Atik y Arij del Kéter, y son la punta de la Yod del nombre YHVH general, y ahí residen las raíces de las letras YHVH y de ahí salieron las cuatro letras YHVH que son Jojma (י) – Biná (ה) – Tiféret (ו) – Maljut (ה) ,(que son TaNT”A,1 que constituyen (los mundos de) Atsilut, Beriyá, Yetsirá (y) Asiyá Creación” (Nahar Shalom 11b).

Deducimos de las palabras del Ariza”l, que hay dos Nitsotsot, que son un Nitsots ‹Creador› y un Nitsots ‹Creado›, y este Nitsots Creador se inviste en este Nitsots Creado hasta que se hacen uno con una unidad inseparable, llegando a ser un solo aspecto llamado Kéter. El Nitsots Boré (Creador) investido y unificado con esta gran union con
el Nitsots Nibrá (Creado) es llamado Yejidá. Y esta Yejidá contiene en sí potencialmente toda la Creación. Y de ella sale todo y a través de ella el Creador creó Su mundo, y es como el Hiuli que de él sale toda la Creación.

Estas realidades que, por un lado, nos acercan a los niveles de revelación más altos que podemos aprehender del Creador, también estarían vinculados con ciertos aspectos del Mashiaj, según vemos en numerosas enseñanzas de los mekubalim, circunstancia ilustrada por el mismo hecho de que el Mesías ha de alcanzar el nivel de Yejidá, siendo Yejidá la propia alma del Mesías, como se dijo (véase Likutei Torá, Bereshit sobre el pasuk “Y camino Janoj con Dios”, entre otros).

El Mesías es quien revelará la penimiut (aspecto interno) de Atik Yomín (véase Sha’ar Hakavanot, Drushei Keriat Shemá), y acerca de esta gran revelación está escrito que su nivel será aún mayor que el de Moshé Rabenu.

Rabí Abraham Hamalaj describe este nivel en los siguientes términos: ” Todo bien viene a través del Tsadik, que es el Hiulí” (Jésed LeAbraham, parashat Shelaj).

Cuando decimos que el Mesías está a este o a aquel nivel, no queremos decir con ello que estos “niveles” espirituales se hayan transformado en “personas” (jas veshalom),2 sino que el Mesías es la Merkavá donde se invisten estos niveles, lo que constituye un gran misterio, pues aun siendo de carne y hueso Él se constituye en ese “aspecto intermedio” que los revela en el mundo. Y es precisamente de estos niveles supremos de donde procede la raíz de Su alma. Dicho de otra forma, el Mesías puede revelar en el mundo tan sublimes cotas de espiritualidad porque Su alma procede y se conecta con niveles que son en sí mismos “Divinidad” pues, como hemos visto en las palabras del Ariza”l, el En Sof, se inviste en este Nitsots llamado Atik Yomín (lit. “Anciano de días”) (véase explicación del Ariza”l a la Sifrá deTsniuta de como en Atik Yomín se encuentra investido el En Sof), siendo éste (Atik Yomín) el que revela la misma esencia del En Sof.

Y cuando el Mashíaj revela el nivel de Atik Yomín del cual proviene Su alma (que es la Yejidá) en ese momento la Yejidá se inviste en Él, uniéndose el Mashíaj con el En Sof de una forma sublime, hasta llegar a hacerse “Uno” con Él. Pues el Mesías es un kelí tan puro, que deviene un vaso límpido y del todo transparente a la luz esencial del Creador, por lo que Sus pensamientos, Sus sentimientos, Sus palabras y Sus actos son totalmente Divinos, pues no posee nada de Sí mismo al estar completamente anulado ante la luz de Dios que ilumina a través de Él. De la misma manera que los kelim de Atsilut se convierten en Divinidad despues de que la Luz del En Sof los “atraviesa”, de forma parecida (aunque no exactamente igual) sucede con el alma del Mashíaj. Y esta idea fue enseñada por rabí Eleazar Munkatch en Darkei, Jayim VeShalom, quien escuchó de rabí “Shem Shelomó” quien a su vez dijo de rabí Mendel de Rimenov: “Hakadosh, Barúj Hu, cogió las cuatro letras (YHVH) de Su nombre, (como si esto se pudiera decir) y las envolvió vistiéndolas con un traje y un sombrero y de eso fue hecho el rebe rabí Mendel de Rimenov.

Como ya se indicó al comienzo de este apartado, un acercamiento a esta sabiduría no está exenta de riesgos, pues ya desde los días de Enosh (véanse Génesis/Bereshit 4:26) el hombre declinó su genuino servicio al Creador en aras del culto a los “intermediarios” que, en su caso, fueron los ángeles y los astros.

Con el Mesías se nos plantea la evidente tentación de ofrecer algun tipo de servicio al “Kelí” donde el Creador se revela, que es el Alma del Mashíaj y, más aún, al Tsadik donde se posa esta Yejidá. Dicha cuestión supone sin duda una pulsión muy fuerte para todo aquel que ha reconocido la labor única y excelsa del Mesías, pues una cercanía con Su alma tan solo puede transmitirle esa paz que el mundo no conoce ni puede dar (véase Juan/Yojanán 14:27) y cuanto más inspirador es el propio Tsadik, pues “no hay mayor amor que el de aquel que da su vida por sus amigos” (Ídem 15:13); pero reconocer estas grandes verdades no implica negar estas otras: “Al eterno tu Dios adorarás y a Él sólo servirás” (Deuteronomio/Devarim 6:13, citado en Mateo/Matai 4:10).

Ya dijimos, que la Yejidá actúa como mediador entre el Creador y Su creación, pero, como ya se dijo, no es un “Mediador que separa” sino un “mediador que une”, ya que su cometido no es llevarnos a la unión con él, sino mostrarnos al Creador mismo que se ha investido en él. Aquí deberíamos puntualizar que, aunque se dijo que las Neshamot de Atsilut no son en sí mismas “Divinidad”, con respecto al Mesías debemos matizar este concepto, pues Su alma se halla a un nivel muy superior al resto de las Neshamot de Atsilut. Así encontramos en los escritos de Jabad que el nivel de apego de las neshamot que comparten el aspecto de la Yejidá (que es la neshamá del Mesías) es tan elevado que se podría decir que (en el caso del Tsadik) la misma Esencia Divina (Atsmut) se investiría en un ser humano (véanse Likuté Sijot citado arriba en pág. 35, Torat Shalom, Séfer Hasijot, Rabi Shalom Dov ber Shnerson, pag 181).

Y esto es así tanto en los mundos espirituales de Atsilut, como en los mundos bajos de Asiyá, pues éste fue desde el principio el motivo de la Creación, y el Santo, Bendito sea, dispuso los mundos inferiores como el Kelí de la esencia del Emanador, el Or En Sof, Bendito sea, a manera de lebush (vestimenta) para la Luz Esencial, y de esta voluntad y deseo, devino la existencia del Kelí. Y este es el motivo por el cual las Neshamot de Atsílut tambien fueron investidas en un cuerpo de carácter material, porque este es el Kelí que “deseó” la Luz Esencial para vestirse en él. Y este es el nivel del Mesías hecho hombre, que fue Luz Esencial y Neshamá de Atilut, un aspecto genuino de la propia esencia Divina, y esta esencia estaba investida en un cuerpo con todo lo que ello implica pues, de la misma manera que el “Emanador” quiso que existieran los mundos inferiores como “vestiduras” de Su luz, así también dispuso que el Mesías fuese el receptáculo se su misma esencia.

Al tenor de lo expuesto, no nos sorprende que el Mesías sea llamado con el Nombre YHVH y pueda comunicar aspectos que son puramente Divinos, pues Su gran apego al Creador le hace compartir parte de Su esencia y, al igual que la Yejidá que no es ni “Creador”, ni “Creado”, tampoco el Mashíaj es “Boré Olam” pero no podemos calificarlo como un ser creado más.

haraneliabbenao

Llegados a este punto, deberíamos preguntarnos si estos misterios admiten aclaración, si los conceptos sobre la divinidad del Mesías (y muy especialmente los aspectos inherentes a Su nacimiento) pueden ser segregados de la sabiduría de las naciones, de “esas קליפות klipot de los רב ערב érev rab, malas preguntas que no tienen respuesta ni solución; y en relación con ellos fue dicho (Eclesiastés/Kohélet 1:15): ‹Lo torcido no puede enderezarse y lo incompleto no puede contarse› […] Y a esto se refiere (la expresión) תקו teku, que le falta ן Nun3 pues no tiene תקון tikún (rectificación)” (Zohar Tsav 27b).

Y esta cita nos sale al paso, pues no sabemos si aún es posible rectificar unos conceptos que han caído en la klipá del sincretismo hasta el punto de “faltarles la Nun”, esto es, de perder su parte en el Mundo Venidero, pues dicha letra está asociada asociada con Biná que es “el Mundo Venidero” (Olam Habá).

La concepción del Mesías, según es descrita en el Berit Jadashá (Mateo/Matai 1:18-25 y Lucas/Nakai 1:16-38), es sin duda un gran misterio y no ha dejado de suscitar interrogantes a lo largo de la Historia, dando pie a las más variadas interpretaciones y siendo (desafortunadamente) piedra de tropiezo para muchos judíos.4 Al abordar el tema, resulta imperativo indagar en dos aspectos a nuestro juicio fundamentales: la búsqueda de precedentes, pues “no hay nada nuevo bajo el Sol”5 (Eclesiastés/Kohélet 1:9) y las profecías, “pues el Señor, el Eterno no hará nada si no revela su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).

En busca de precedentes

Sobre este primer supuesto podríamos argumentar que, aun siendo la concepción del Mesías única y singular, muchos de sus conceptos muestran grandes similitudes con la aparición del Primer Hombre, la cual ha de ser también calificada como distinta de cualquier otra pues, como se dijo: “No hubo como él antes de eso y (tampoco) después(Zohar Kedoshim 83a y b).

La Torá describe a Adam bajo tres niveles existenciales, como versa: “Y creó (יברא yibrá) Dios al hombre” (Génesis/Bereshit 1:27). Y formó (ייצר yitser) el Eterno Dios al hombre” (Ídem 2:7). “Dijo Dios: Hagamos (נעשה na’asé) al hombre” (Ídem 1:26). Y aun podríamos ver insinuado un cuatro en las palabras: “Sopló (יפח yipaj) en su nariz aliento de vida” (Ídem 2:7), pues, como se dijo, “el que sopla desde su interior sopla” (Zohar Nasó 123b), esto es, el nivel “creativo” más interno, el más próximo a la esencia Divina.

Como vimos, cada grado y grado del alma del Mesías “iluminaría” en un mundo concreto donde “deja una raíz”, conectando así la Creación con su misma fuente, concatenando progresivamente (השתלשלות hishtalshelut) el ir y venir del flujo (שפע shefa) divino. Pero además, cada nivel de Su alma se “expresaría” en consonancia al grado de espiritualidad/materialidad inherente a cada uno de los olamim, en este sentido, podríamos describir la venida al mundo del Mesías como un progresivo acto de “materialización” hasta que “el Verbo se hizo carne”.

Que la existencia del Primer Adam sea descrita bajo conceptos similares: “Yipaj” (sopló) en relación a Atsilut, “Yibrá” (creó) en correspondencia con Beriyá, “Yitser” (formó) en correlación con Yetsirá y “Na’asé (hagamos) vinculado a Asiyá, ilustraría como pocos ejemplos el periplo del “Postrer Adam” desde grados existenciales más allá de nuestra aprehensión hasta llegar a encarnarse en el vientre de una mujer (a la sazón) virgen.

La siguiente enseñanza vendría a relacionar ambos personajes a través de la ya citada profecía mesiánica, vinculando la Mem cerrada de “lemarbé(Isaías/Yeshayá 9:7) con la “hechura” (עשיה asiyá) de Adam, como se declara: “Hagamos (נעשה na’asé) al hombre (Génesis/Bereshit 1:26) […] Adam proviene del supremo y oculto misterio. Adam, el misterio de las letras, ya que Adam contiene lo Alto y contiene lo bajo: אדם Adam, la א Álef (procede de) arriba (y también de) arriba la ם Mem cerrada. Ya que es una Mem de לםרבה lemarbé hamisrá” (Zohar Bereshit 34b).

Si el Primer Hombre “contiene lo Alto y contiene lo bajo” y dos (א״ם) de las tres letras de su nombre (אדם ) proceden de “Arriba”, entonces la única que lo vincularía con el mundo de “abajo” sería la ד Dálet.

El significado de dicha letra es “puerta” (דלת délet) (véase Génesis/Bereshit 19:6), que es también un nombre del Mesías, como fue dicho: “Yo soy la puerta (délet)” (Juan/Yojanán 10:9); y la inicial de דוד David, apelativo que además de al personaje histórico, designaría al propio Mesías, como se declara: “Sino que servirán al Eterno su Dios y a David, rey de ellos, que les levantaré” (Jeremías/Yermeyá 30:9, véase también Ezequiel/Yejezkel 34:24).

La letra ד Dálet, por su valor numérico cuatro, nos insinuaría también el cuarto mundo u Olam Asiyá.6

En busca de las profecías

Veíamos como el debate suscitado entre los Sabios por la enigmática Mem sofit de לםרבה lemarbé, era zanjado desde el Cielo mediante el Bat Kol: “Razí li, razí li”, interpretado como “Mi secreto, Mi secreto”.

Quizás de aquí debamos entender que todo este asunto incumbe tan sólo al secreto divino, como fue dicho: “Las cosas ocultas pertenecen al Eterno nuestro Dios” (Deuteronomio/Devarim 29:29) y escapa con mucho de nuestro alcance dirimir tan altos conceptos pues, como se dijo: “La Mem final es cerrada porque nadie conoce el lugar de su morada” (Otiyot deRabí Akiba).

Los Sabios nos enseñan que dicha letra simboliza el útero (רחם réjem) (Séfer Habahir 84), lo que nos llevaría a interpretar la Mem sofit de “lemarbé” (escrita precisamente en el contexto de una profecía mesiánica) como un remez (insinuación) de que el Mesías sería concebido en el interior de una virgen, esto es, de una matriz “cerrada” como ilustra la iconografía de dicha letra.7 Y esto también aludiría al origen “celestial” del Mesías pues, como se dijo acerca de Adam: “(procede de) Arriba, la ם Mem cerrada. Ya que es una Mem de לםרבה lemarbé hamisrá(Zohar Bereshit 34b). Y como expresión de kavod (honor) y sobrenaturalidad pues “la cerrada que se pone en lugar de la abierta la enaltece, pues rabí Jisdá dijo: “La Mem y la Sámej (ס-ם) de las Lujot (Tablas de la Ley) se mantenían por milagro” (Shabat 103b-104a).

Siguiendo con nuestro periplo profético, comentaremos otro conocido pasaje muy en la línea con lo ya expuesto: “Por lo tanto, el Señor mismo os dará señal (אות ot): he aquí la virgen concebirá y dará a luz (un) hijo (בן ben) y llamará su nombre אל עמנו Imanu El (Isaías/Yeshayá 7:14). Resulta obligatorio hablar de esta profecía pues es citada por el cronista (véase Mateo/Matai 1:23) como la prueba bíblica de que el Mesías habría de nacer de una virgen.

Mucho se ha hablado ya de este tema, esgrimiendo sus detractores la supuesta evidencia de que Isaías nos habla de una “muchacha joven” (עלמה almá) y no de una “virgen” propiamente dicha (בתולה betulá) 8 A priori, llama nuestra atención el simplismo de este argumento, partiendo de la base de que el cronista Mateo/Matai era un judío de la época de los Tanaim (sobra decir que conocedor del hebreo) quien además escribió este evangelio especialmente dirigido al pueblo judío.

Para empezar diremos que las citadas acepciones de “almá” y “betulá” son correctas pero incompletas, pues ambos términos vendrían a ser sinónimos (o no) dependiendo del contexto, como en el versículo: “Hay tres cosas demasiado maravillosas para mí y cuatro que no conozco: el camino de un águila en el aire, el camino de una serpiente sobre la peña, el camino de un barco en medio del mar y el camino de un hombre en una doncella (almá)”9 (Proverbios/Mishlé 30:19).

Ahora cabría preguntarse: siendo así ¿por qué no usó el profeta el inequívoco término “betulá” en vez del más ambiguo “almá”? Antes de indagar sobre el perfil escatológico de esta profecía, analicemos su contexto histórico: Estas palabras fueron dirigidas al rey Ajaz ben Yotam (734-715 a.e.c.) en el marco de la invasión sirio-samaritana de Judá (véase 2 Crónicas/Divré Hayamim 28:5). A través de ellas, el profeta Isaías le insta a confiar en la salvación de Dios, y como señal del Cielo, en tan apremiantes circunstancias, una “almá” quedaría encinta y daría a luz un hijo”. ¿Y quién era esta doncella/muchacha joven?

Que el texto la cite mediante el artículo definido ה ha, (העלמה) vendría a ser indicativo de que el profeta se refería a una joven en concreto (véase Rashí sobre Bereshit 28:11, entre otros) pues, según los comentaristas, se trataría de la esposa del rey: Abiyá bat Zerjayá (2 Crónicas/Divré Hayamim 29:1); y el “hijo” sería el futuro rey Yejizkiyá (véase Ídem), quien es identificado por los Sabios como un “tipo” del Mesías (véase Sanhedrín 99a).

Y esto nos parece lógico, pues, aunque Isaías no mencione mayores datos personales, no nos parece probable que una “señal” del Cielo destinada a traer (de forma urgente) certidumbre y confianza en un momento de crisis extrema, pueda ser identificada únicamente con un acontecimiento que tendrá lugar ocho siglos más tarde. Resulta imaginable que esta profecía tuviese ya un primer cumplimiento en los días del rey Ajaz, y que, efectivamente, una “almá” (chica joven) quedó encinta y dio a luz un hijo”.

No obstante, esta interpretación no carece de dificultades: si tomásemos el término únicamente en su acepción de “muchacha joven” cabría argumentar: ¿qué clase de señal es esta? ¿Acaso no quedan jóvenes embarazadas todos los días? ¿“A-donai mismo” tiene que venir para darnos una “señal” tan aparentemente trivial? ¿Y una joven encinta qué demuestra en relación con la circunstancia histórica en la que se enmarca? Que ese niño fuese precisamente el futuro rey Yejizkiyá, un tsadik que trató de enmendar el mucho mal que realizó su padre,10 restableciendo de nuevo los servicios y holocaustos del Templo, podría abogar por una exégesis puramente histórica, pero lo cierto es que el texto bíblico declara: “Pide para ti (לך lejá) señal” (Isaías/Yeshayá 7:11), para el rey, y no para la próxima generación después de su muerte. Además, cabría preguntarse si las acciones meritorias de Yejizkiyá ¿bastarían para recibir el nombre profético de «Dios con nosotros»?.

Es un hecho relativamente frecuente que profecías del Tanáj tengan más de un posible cumplimiento. Al respecto resulta paradigmática la enseñanza talmúdica (Sanhedrín 91b) donde los Sabios describen hechos históricamente ya acaecidos como profecías para tiempos futuros, por ejemplo: la Shirá, el canto de Moisés tras el paso del Yam Suf, constituiría una profecía sobre la resurrección de los muertos (Tejiyat Hametim).

En este sentido, si Isaías hubiese dicho “la betulá concebirá” en vez de “la almá concebirá”, esto hubiera descartado su cumplimiento en los días del rey Ajaz, pero el ambivalente “almá” da pie a su consecución en dos niveles: el histórico y el escatológico.

Y esto también nos vendría insinuado por otra profecía que gira sobre el mismo tema, como versa: “Porque niño nos es nacido, hijo nos es dado” (Isaías 9:6), donde “niño” (ילד yéled) también aludiría al cumplimiento de la anterior profecía en los días del rey Ajaz e “Hijo” (בן Ben) 11 al nacimiento, propiamente, del Mesías.

De la casa de David

Sin salirnos del tema de las profecías, trataremos el tópico del linaje del Mesías de una forma separada.

A priori, no podríamos entender el enorme interés que los diferentes cronistas otorgaron e este hecho de no haberlo considerado de enorme trascendencia. Por ejemplo, Mateo/Matai divide la genealogía de Yeshúa en grupos de catorce generaciones (véase Ídem 1:17) que es precisamente el valor numérico de “David”12: 14= (4) j + (6) g + (4) j Al respecto los Escritos nos declaran: “Porque es manifiesto que nuestro Señor (el Mesías) nació de la tribu de Yehudá(Hebreos/Hibrim 7:14). Esta circunstancia, al parecer evidente para el autor de la carta, no resulta tan sencilla de explicar basándonos tan sólo en las genealogías de Yeshúa escritas en el Berit Jadashá (véase Séfer Toledot Yeshúa Hamashíaj: Mateo/Matai 1:1-16, Lucas/Nakai 3:23-38) pues ambas parecen “anclar” Sus antecedentes davídicos en Yosef, quien fue el padre adoptivo13 y no el biológico, como fue dicho: “Hijo de Yoséf, como se creía(Lucas/Nakai 3:23) y también: “Yosef, esposo de Miriam, de la cual nació Yeshúa, llamado el Mesías” (Mateo/Matai 1:16).

Resulta significativo que Yeshúa tampoco sea nombrado mediante la acostumbrada fórmula “hijo de…” (ad nómine): “Yeshúa ben Yosef”, sustituyéndose el nombre de Su supuesto progenitor por el topónimo “nazareno” (נוצרי notsrí). Esta circunstancia, si bien no es excepcional14 resulta menos habitual y nos podría sugerir cierta voluntad de los cronistas de marcar equidistancia entre ambos personajes.

Ahora cabría preguntarse: ¿por qué las referencias davídicas de Yosef, lejos de obviarse, son enfatizadas? Siendo mencionado en varios lugares como “Yosef, hijo de David” (Ídem 1:20) omitiendo también el nombre de su padre. ¿Qué sentido tiene detallar la línea familiar del personaje para acabar diciendo: “Esposo de Miriam, de la cual nació Yeshúa”? ¿No hubiese sido más lógico escribir directamente la genealogía de Miriam?

Este no es un caso sencillo, pues nos hallamos ante la paradoja de que todos los que llamaron a Yeshúa “Hijo de David” durante Su ministerio público, al margen de las connotaciones mesiánicas del apelativo, lo hacían porque lo consideraban “hijo de Yoséf, como se creía”, pues incluso sus vecinos siempre pensaron en Él como “el hijo del carpintero” (Mateo/Matai 13:53). Y este hecho no puede ser obviado, pues no se trató de una adopción al uso, sino de la asunción plena de una paternidad absolutamente atípica, y al no existir padre biológico, Yosef se adjudica, ante los ojos de sus coetáneos, el rol de padre putativo a efectos de linaje familiar en lo que respecta a la tribu (shébet שבט) y a la casa paterna (אבותם בית bet abotam).

Para algunas corrientes de opinión, la concepción sobrenatural de Yeshúa supondría (al margen de otras consideraciones) un escollo insalvable a la hora de determinar Su ascendencia davídica. A este respecto, nos resulta significativo, que en el siglo primero nadie cuestionaba dicho linaje, como lo demuestran las palabras de Shaúl, quien conociendo personalmente a Ya’akob “el hermano del Señor” (Gálatas 1:19) no dudó en declarar que Yeshúa era “de la simiente15 de David según la carne” (Romanos 1:3). Afirmación que no deja resquicio a alegorías sobre el (supuesto) carácter espiritual de esta “simiente davídica”, pues subraya que es “según la carne”. Así pues, descartando la paternidad Yosef, esta “simiente según la carne” sólo podría venir de la vía materna. Y esto se ajustaría a la interpretación tradicional del texto: “Y de la descendencia (זרעהzar’á lit. “Semilla”) de ella, (y) Él (הוא Hu) te aplastará la cabeza” (Génesis/Bereshit 3:15). Y esta “semilla” procede de la madre, como nos indica (por el sufijo ה he de זרעהzera) su género femenino; y su modo singular también aludiría al Mesías, como se infiere del texto: “No dice: ‹Y a las simientes›, como si hablase de muchos, sino como de uno: ‹Y a tu simiente› (Génesis/Bereshit 22:18), la cual es el Mesías (Gálatas 3:16).

Sobre esta base, vayamos en busca de pasajes del Berit Jadashá que nos indiquen que Miriam era descendiente de la casa de David: En primer lugar, nos parece relevante que Zacarías (Zejariá Cohén Gadol) declarase ya la filiación davídica del futuro niño, como versa: “Y ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David Su siervo” (Ídem 1:69). Pues Zacarías, al estar casado con Elisheba, era pariente de Miriam, y sin duda conocía sus antecedentes familiares, y por tratarse de una palabra profética, debemos descartar que el sacerdote Zacarías pudiera pensar que Yosef era el padre, habiendo consumado un desposorio aún pendiente de Nisuín.

Veamos otro texto: “A una virgen desposada (מארסה בתולה betulá meorasá) 16 con un hombre llamado Yosef, de la casa de David, y el nombre de la virgen era Miriam(Lucas/Nakai 1:27). Donde la afirmación: “De la casa de David” debe ser interpretada en referencia a Miriam y no a su futuro marido, aportándonos el cronista la información que, a su juicio, debemos tener del personaje: (1) su status legal: “virgen desposada”, (2) el nombre del cónyuge: “Yosef”, (3) su casa paterna: “descendiente de David” y (por último) (4) su propio nombre: “Miriam”. Que al decir “de la casa de David” no se está refiriendo al esposo sino a ella misma quedaría patente en las palabras que le son dirigidas a continuación: “He aquí concebirás en tu seno y parirás un hijo, y llamarás su nombre Yeshúa. Éste será grande y será llamado Hijo del Altísimo (no hijo de Yosef), y el Señor Dios le dará el trono de David Su padre” 17 (Lucas/Nakai 1:31-32).

Por todo ello, podemos determinar que Yeshúa perteneció a la tribu de Yehudá, siendo además “de la simiente de David según la carne”18 (Romanos 1:3), y ambas por vía materna, circunstancia que, como ya se dijo (véase pág.53), no le descalificaría en absoluto para ser el Mesías, como también se infiere del texto: “Había un judío en Shushán, la capital […] varón benjaminita› (Ester 2:5) […] Lo llama ‹judío (יהודי yehudí)›, lo que indica que es de la tribu de Yehudá, pero también lo llama ‹benjaminita (ימיני yeminí)› lo que muestra que era de la tribu de Biniamín […] (lo que significa que) El padre era de la tribu de Biniamín y la madre de la tribu de Yehudá(Meguilá 13a). Y aún así, en la Escritura es denominado “judío” (véase también Ester 10:3), esto es, perteneciente a la tribu de Yehudá, conforme a su línea materna y no “benjaminita”, en referencia a la tribu de su padre.

1 Acróstico de Teamim (signos de entonación), Nekudot (signos vocálicos), Taguim (coronitas sobre las letras) y  Otiyot (letras).
2 Pues estos niveles son incluso más elevados que las mismas revelaciones divinas, que se dan en Z”a y Nuk de Atsilut, mientras que estos niveles pertenecen a lo más alto del Atsilut, ya en la frontera con Adam Kadmon.
3 Condición que nos reportaría a un estado de “galut”, como se declara: “En el salmo ‹dichosos los que habitan en tu casa› (Ídem 84:4), no aparece la Nun, ya que está en el exilio” (Zohar Beha’alotejá 155a).
4 Pues este parece ser ahora “el argumento estrella” entre Sus detractores. Y aquí se cumple el dicho “que al que no quiere creer no le faltarán excusas” pues los líderes de Su generación nunca incluyeron esta doctrina en su pliego de cargos contra Yeshúa, y aun así le rechazaron.
5 Esto es, por debajo del nivel de Tiféret, llamado “Sol”, (véase Zohar Vayishlaj 166a).
6 Y también a la cuarta letra del Nombre י-ה-ו-ה ,en referencia a Maljut como el ámbito del mundo material (véase Yosef Chiquitilla en su comentario a Sanhedrín 107a: “Batsheba le fue destinada a David desde antes de la Creación”).
7 La expresión “cerrado” también denota virginidad como en el pasuk: “Jardín cerrado eres tú, hermana mía y amada mía, ¡jardín cerrado sellado!” (Cantares/Shir Hashirim 4:12).
8 Sin embargo, los traductores judíos de la Septuaginta (todos ellos cohanim) entendieron aquí “almá” bajo esta última acepción, interpretándola como παρθένος parténos (virgen).
9 Véase también Zohar Ajaré Mot 58b-59a.
10 Rey malvado y en extremo idólatra de quien fue dicho: “Por cuanto había abandonado al Eterno, Dios de sus padres” (2 Crónicas/Divré Hayamim 28:6).
11 Sobre las acepciones mesiánicas del término בן Ben, véase nuestro libro Camino de Redención pág. 194. Más allá de cualquier insinuación, esta profecía constituye un verdadero compendio de atributos divinos manifestados a través del Mesías, como ya se explicó en el apdo. 2.4 (véase Zohar Tsav 31a).
12 Es una conocida guematría que el mispar katán de “Mashíaj»: 358 = (8) h + (10) y + (300) s + (40) z ; 3 + 5 + 8 = 16 ; 1+ 6 = 7 ; sumado al de “hijo” (ben) 52 = (50) c + (2) b ; 5 + 2 = 7 ; es (7 + 7) = 14, el mismo que el de “David”: 14 = (4) j + (6) g + (4) j
13 O más bien el padre putativo, pues Yosef ejerció su rol paterno como si realmente fuese el padre biológico de Yeshúa, de ahí la afirmación de los Escritos: “Hijo de Yosef, como se creía” o “¿No es éste el hijo del carpintero?
14 Citaremos como ejemplo al rabino talmúdico “Yosi el galileo” (Haglilí).
15 σπερματος spermatos, en el original griego.
16 “Una virgen comprometida que aún se encuentra en la casa de su padre” (Sanhedrín 66a), esto es, ligada a su esposo mediante Erusín pero todavía pendiente de Nisuín, ceremonia que daría paso a la cohabitación (véase Kidushín 5b).
17 Lit. “el padre de Él” (αστοσ autou en el original griego). Dicho pronombre personal expresaría de forma enfática la idea: “Él, y no otro”, como en el pasuk: “Y Él salvará al pueblo de sus pecados” (Mateo/Matai 1:21). Pues dicha expresión (en hebreo דוד אביו David abib) es usada comúnmente en el Tanaj para designar a los reyes descendientes de David (véase entre otros Isaías/Yeshayá 38:3).
18 Resulta evidente que el autor de estas palabras: Shaúl Hashalíaj, un erudito judío del siglo primero, instruido por el líder de la generación Rabán Gamliel, conocía estos hechos, pues de otra forma no hubiese dicho “de la simiente de David según la carne”, afirmación que únicamente podría hacer referencia a Su madre.

IsaacBenaor

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