Isaac Benaor · Nº 09 · 2023
Estrella de la Mañana
כוכב השחר
Capítulo 1LAS COSAS QUE HAS VISTO
1.1 ALGUNOS CONCEPTOS SOBRE LA PROFECÍA
Antes de comenzar nuestro estudio sobre el libro del Apocalipsis, debemos repasar algunas nociones aplicables a la profecía en general que nos serán de gran ayuda a la hora de entender los misterios que aquí se declaran.
La percepción del profeta
Encabezaremos la explicación con la siguiente enseñanza del Zohar: “Cuando (el Santo, Bendito sea) se dispone a revelar manifiestamente el Reino sobre las criaturas, y (Su luz) se expande sobre ellas, entonces se le aparecerá a cada uno de ellos de acuerdo con el aspecto de la visión y la semejanza de ellos. Y a esto se refiere lo que está escrito: «A través de los profetas me asemejaré (אדמה adamé)» (Oseas/Hoshea 12:11). Y por eso (el Santo, Bendito sea) les dirá a ellos (a los profetas) (Isaías/Yeshayá 40:25): «Aunque sea que Yo me asemejare (תדמיוני tedamyuni) ante vosotros de acuerdo con la forma en que estuviereis facultados de captar (pues) ¿a qué Me compararéis y a qué me asemejaréis?» (Zohar Beshalaj 42b).
La citada enseñanza nos sugiere que la profecía se adapta, por así decirlo, a la idiosincrasia del profeta, pues vemos como Isaías, quien pertenecía a la casa real de Judá, usó un lenguaje culto y refinado, mientras que Amós, un humilde pastor y recolector de higos, profetizó con palabras sencillas. De aquí inferimos que la idiosincrasia del receptor, que actúa como כלי kelí (recipiente), obra a manera de “filtro” definiendo así el carácter de la profecía; una realidad que ya nos vendría insinuada en la expresión que citaba nuestro Zohar:
Esto es, a nivel de מלכות Maljut-Reino (expresado aquí por la letra ה He) la profecía se invite en el hombre (אדם adam):
Sin embargo, la Biblia nos muestra como diferentes profetas en desiguales contextos históricos percibieron en sus visiones figuras muy semejantes. Por ejemplo, al comparar la escena descrita en Isaías 6:2, con la que aparece en Ezequiel 1:6, o con la de Juan en Revelación 4:8, vemos como los tres tuvieron una percepción muy similar de los mundos de Arriba. Y esto nos haría preguntarnos si las diferentes visiones obedecieron tan solo a la manera en cómo cada profeta hizo aprehensión en su intelecto de una realidad que, a falta de equivalentes en nuestro mundo, hubo de ser explicada mediante las figuras por ellos descritas o, por el contrario, estas escenas fueron literales y aquellos siervos de Dios realmente contemplaron aquella escena celestial en toda su extensión y la detallaron después de forma fidedigna. Si nos adherirnos a esta última tesis, debemos resolver primero la cuestión de cómo una realidad del todo espiritual puede ser asumida por un ser humano.
Sobre la creación del hombre, la Torá nos declara: “Y creó Dios al hombre a Su imagen, a imagen de Dios lo creó” (Génesis/Bereshit 1:27). Los comentaristas interpretaron esta afirmación en el sentido de que Adam fue creado como un microcosmos (עולם קטן olam katán) de los mundos espirituales, según fue dicho: “La Kabalá explica que Adam es un eco terrenal del Hombre Supremo, el esquema de las sefirot conocidas colectivamente como Zeir Anpín del mundo de אצילות Atsilut” (Tania, Hagahot 33). El hombre es presentado aquí como la personificación de ז"א Zeir Anpín de אצילות Atsilut, de donde se infiere que el esquema espiritual del universo ya se hallaba en la psique del ser humano desde el momento de su creación, de ahí que el profeta sea capaz de percibir estas realidades pues, en definitiva, fue creado siendo parte de ellas. Y es en este marco que podemos entender mejor como la santificación que hace Israel en lo bajo puede poner en acción la santificación celestial, según lo escrito: “Corona te otorgan, oh Eterno, Dios nuestro, las muchedumbres de ángeles celestiales junto con Tu pueblo Israel, la congregación de abajo. Todos al unísono (יחד כלם yajad kulam), declaran tres veces Tu santidad, tal como fue dicho por medio de Tus profetas (Isaías/Yeshayá 6:3): «Y llama el uno al otro y dice: Santo, Santo, Santo es el Eterno de los ejércitos, toda la tierra está llena de Su gloria» (Amidá del musaf).
La profecía fuera de Érets Israel
Otro aspecto importante de esta profecía atañe al marco geográfico donde tuvo lugar, según el mismo texto nos declara, Juan (Yojanán) estaba: “En la isla llamada Πάτμος Patmos por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Yeshúa el Mesías” (ídem 1:9). Nuestro protagonista se encontraba exiliado en esta pequeña isla del Egeo cuando recibió las revelaciones que se describen en el libro. Y esto requiere de explicación, pues los Sabios nos enseñan que, a priori, la verdadera profecía no tiene lugar fuera del ámbito de santidad de la tierra de Israel; y especificamos “a priori” porque lo largo de la Historia hubo excepciones a esta regla. Quizás la más significativa sea la del profeta Ezequiel, según lo dicho: “Cuando (los judíos) descendieron a Babilonia se abrieron los Cielos y moró un espíritu de profecía sagrada sobre Ezequiel y observó todo lo que observó y les dijo a (los de) Israel: he aquí que vuestro Señor se encuentra aquí (junto a vosotros en el exilio) y todo el ejército de los Cielos y los carruajes que vinieron para habitar entre vosotros. (Pero al principio) ellos no le creyeron, hasta que necesitó revelar todo lo que había visto […] E incluso si hubiera revelado aún más de lo que reveló, todo hubiera sido por necesidad. (Y) cuando escucharon así los hijos se alegraron, y cuando escucharon palabras de boca de Ezequiel (no) temieron en absoluto de su exilio, pues (en ese momento) supieron que el Santo, Bendito sea, no los había abandonado. Y todo lo que reveló, con permiso lo reveló. Y se enseña (véase Meguilá 29a): en todo lugar que fueron exiliados (los de) Israel, la Shejiná se exilió con ellos” (Zohar Shemot 2b, véase Moed Katán 25a).
Analizar las circunstancias que rodearon la profecía de Ezequiel nos ayudará a entender mejor el contexto del libro que nos ocupa, pues en él también fue necesario revelar detalles precisos sobre los mundos de Arriba para que se creyese en el conjunto del mensaje. Asimismo, el libro del Apocalipsis sirvió para traer consuelo y esperanza a las comunidades de creyentes (tanto judías como gentiles) que a finales del siglo I d.e.c. se hallaban envueltas en las cruentas persecuciones de Domiciano. Por eso algunos de sus relatos son presentados bajo el epígrafe: “las cosas que son”, al ser coetáneos a la época de su redacción, además de esos otros eventos que fueron postergados para el fin de los días. Por ello, no es de extrañar que las analogías con el libro de Ezequiel sean tan marcadas. De hecho, que ciertos eventos descritos en el Tanaj (Biblia) nos remitan a más de un cumplimiento profético es casi una constante, como dijeron los Sabios: “Está escrito: «Cuando la vieron los oficiales del Faraón y la elogiaron ante Faraón y fue conducida a la casa de Faraón» (Génesis/Bereshit 12:15). Este versículo viene para ser interpretado tres veces (como tres veces aparece en él la palabra) «Faraón» (פרעה Par’ó). Una se refiere a ese tiempo (al de Abraham) y una a los días de José y una a los días de Moisés” (Zohar Vayerá 29b-30a). Y en esta misma línea podríamos llegar a interpretar la siguiente declaración: “También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios para blasfemar de Su nombre” (ídem 13:5 y 6), donde las tres menciones de las blasfemias que proferirá la bestia podrían corresponderse con tres momentos históricos diferentes en los que el misterio de la iniquidad se habría manifestado, el primero podría muy bien corresponderse con la irrupción de Antíoco IV “Epífanes” en el Lugar Santísimo con la sangre de una cerda y la colocación en el Templo de una estatua de Zeus Olímpico. La segunda podría aludir al momento en que el emperador Tito Vespasiano se llegó a una meretriz en el lugar Santísimo yaciendo sobre un rollo de la Torá, poco antes de prenderle fuego. Y la tercera se correspondería con el funesto personaje del anti Mesías descrito a lo largo del capítulo trece.
Otra razón para la manifestación de la profecía fuera de la tierra de Israel radicaría en la altura espiritual del profeta. Los Sabios enseñan que un profeta que ya había profetizado en la tierra de Israel puede también alcanzarla en otro lugar (véase Moed Katán 25a). Como también fue dicho: “Cuando Yosef el tsadik (justo) descendió en un comienzo a Egipto, él trajo tras de sí la Shejiná; ya que la Shejiná no marcha sino tras el tsadik” (Zohar Mikets 195b). Y en el caso que nos ocupa, se trata nada menos que del apóstol Juan (Yojanán), quien es llamado “el discípulo a quién Yeshúa amaba”, circunstancia que incluso nos sugiere un mayor apego al Maestro que al resto de los discípulos.
El nivel de la profecía
No todos los profetas profetizaron al mismo nivel, al respecto dijeron los Sabios: «Yo vi al Señor» (Isaías/Yeshayá 6:1), como se enseña: todos los profetas observaron a través de un espejo oscuro, Moisés, nuestro maestro observó a través de un espejo claro” (Yebamot 49b). Esto es, el conjunto de los profetas recibió su mensaje a un nivel denominado “espejo que no ilumina (אספקלריא שאינה מאירה aspaklaria she’einá meira)”, y únicamente el siervo fiel accedió al grado del “espejo que ilumina (אספקלריא מאירה aspaklaria meira)”. Saulo también aludiría a esta realidad al situar el nivel de profecía de su tiempo dentro del “espejo que no ilumina”, como fue dicho: “Ahora vemos por espejo, oscuramente”, si bien expuso que, en los días del Mesías, dicho nivel sería equiparado al del “espejo que ilumina”, como también se declara: “Mas entonces veremos cara a cara” (1 Corintios 13:12). “Cara a cara” (פנים אל פנים panim el panim) que es el nivel de Moisés, como fue dicho: “Y no apareció ningún otro profeta en Israel como Moisés, a quien el Eterno había hablado cara a cara” (Números/Bemidbar 12:8).
Los códigos proféticos ocultos
Introduciremos nuestra reflexión con la siguiente cita del Talmud: “Enseñaron los Sabios: una vez un niño que leía en casa de su rabino en el libro de Ezequiel y comprendía el Jashmal (véase ídem 1:4), y salió un fuego del חשמל Jashmal y lo quemó. Y (por eso) quisieron enterrar el libro de Ezequiel. Les replicó Jananiá ben Jizkiyá: si este niño es sabio ¿acaso todos son sabios? (Jaguigá 13b).
De aquí se infiere que las visiones detalladas en el libro de Ezequiel no son únicamente descriptivas, sino que contienen, si bien de forma codificada, las técnicas meditativas que llevaron a su autor a alcanzar la profecía. En este sentido, estaría en la línea con obras como שערי אורה Sha’aré Orá o היכלות רבתי Hejalot Rabatí, por citar solo dos ejemplos de libros enfocados hacia el מעשה מרכבה Ma’asé Merkabá. Dicho lo cual, debemos preguntarnos si en el libro de la Revelación también se esconden los códigos para la consecución de la profecía.
El término חשמל Jashmal al que aludía nuestra cita fue interpretado por los Sabios de la siguiente manera: “¿Qué es חשמל Jashmal? Dijo rabí Yehudá: es el acrónimo de «seres vivientes de cuyas palabras sale fuego» (חיות אש ממללות jayot esh memalelot). Se enseñó en una Baraita: a veces callan (חשות jashot) (y) a veces hablan (ממללות memalelot). Cuando sale la palabra de HaKadosh Barúj Hu, callan; y cuando no sale la palabra de HaKadosh Barúj Hu, hablan” (Jaguigá 13a y b). Y aquí cabría preguntarse ¿por qué fue la compresión del “Jashmal” lo que propició el desgraciado desenlace de la experiencia profética del niño?
Volvamos a la visión de Ezequiel con más detenimiento: “Y miré, y he aquí venía del norte un viento tempestuoso, y una gran nube con un fuego envolvente y alrededor de él un resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como bronce refulgente” (ídem 1:4). Aquí es descrita lo que podría calificarse como una experiencia profética tipo, donde primero aparecen las tres “cascaras” totalmente oscuras, las denominadas שלוש קליפות הטמאות shelosh klipot hatemeot, que aquí son nombradas de la forma:
1. “Viento tempestuoso” (רוח סערה rúaj se’ará)
2. Una “gran nube” (ענן גדול anán gadol)
3. “Fuego envolvente” (אש מתלקחת esh mitlacájat)
Y solo tras haber superado estas tres barreras, aparecerá la llamada קליפת נוגה Klipat Nogá, que aquí es denominada, precisamente, נגה nogá (resplandor).
Como se dijo, las tres primeras “cascaras” son totalmente oscuras, constituyendo, de hecho, fuerzas espirituales del otro lado (סיתרא אחרא sitrá ajará) dispuestas a manera de obstáculo para impedir que el profeta alcance su propósito, pudiendo hallarse en la Biblia otros casos similares, como vemos con respecto a Elías (véase 1 Reyes/Melajim 19:11 y 12), a Moisés (Éxodo/Shemot 19:19) e incluso con Yeshúa (véase Mateo/Matai 4:3-11).
Una vez superadas estas tres barreras, aparece קליפת נוגה Klipat Nogá, que aun siendo una “cascara”, esta contiene en parte oscuridad y en parte luz. Llegados a este extremo, el profeta ya es capaz de recibir cierto grado de iluminación, pero esta aún no puede ser considerada profecía de la verdad (נבואה של אמת nebuá shel emet) pues dicho conocimiento pertenece al grado de טוב ורע tob verá (bueno y malo).
Y no será hasta franquear esta última barrera que el profeta alcanzará la verdadera profecía, asimilada aquí al concepto חשמל Jashmal. Veamos esto de forma más precisa: nuestra anterior guemará (Jaguigá 13a) lo asociaba a las Jayot חיות, los seres vivientes que aparecen de forma recurrente en las visiones de los profetas. A este respecto, nos parece muy significativo un versículo que asimila a estos últimos con otros conocidos seres angelicales, como versa: “Este era el mismo ser viviente החיה hajayá que vi junto al río Quebar, y conocí (אדע edá) que eran querubines (כרובים jerubim) […] Y la semejanza de sus rostros era la de los rostros que vi junto al río Quebar, su misma apariencia y su ser” (Ezequiel/Yejezkel 10:20 y 22). A tenor de las citadas enseñanzas el חשמל Jashmal, que es percibido como la visión de un “metal resplandeciente” sería la figura conceptual de los querubines quienes serían los portadores de la profecía. En este sentido, no resulta extraño que Dios mandase a Moisés hacer dos de estas figuras sobre el propiciatorio del Arca, por ser este el lugar donde tenía lugar la profecía, según lo escrito: “Y allí Me declararé a ti, y hablaré contigo, de sobre el propiciatorio (מעל הכפרת meal hakapóret), de entre los dos querubines (מבין שני הכרבים miben shené hakerubim) que están sobre el Arca del Testimonio” (Éxodo/Shemot 25:22, véanse Abarbanel sobre 1 Samuel/Shmuel 3:3, Suká 5b). Como también dijeron los Sabios: «El que avanza sobre las alas del viento» (Salmos/Tehilim 104:3). Es el Espíritu del Santuario de lo Alto según el misterio de «dos querubines de oro» (Éxodo/Shemot 25:18). (Y también) está escrito: «Se montó sobre un querubín y voló sobre las alas del viento» (Salmos/Tehilim 18:11). «Se montó sobre un querubín» y después se reveló «sobre las alas del viento»” (Zohar Bereshit 37b). Y, de manera análoga, vemos como en la profecía transmitida a Juan (Yojanán) se declara: “Y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: ven y mira” (ídem 6:1, véanse también 6:3, 6:5 y 6:7).
Be”H, tendremos oportunidad de reflexionar sobre estos conceptos a lo largo del libro.
El término “Revelación”
Comenzaremos por analizar la palabra que da nombre a nuestro libro: en hebreo, חזיון Jizayón, traducida como “revelación”, y Αποκάλυψις Apocalipsis (lit. “quitar el velo) en el texto griego.
Dicho término se correspondería con uno de los seis niveles de profecía que aparecen en la Biblia, según dijeron los Sabios: “La profecía es transmitida a los profetas de acuerdo con seis grados, estos son: a través de מחזה majazé, a través de חזון jazón, a través de חזיון jizayón, a través de חזות jazut, a través de דבר dabar y a través de משא masá. Y todos (estos aspectos) se asemejan a la visión que tiene un individuo que observa la luz de la profecía desde detrás de un muro. Y hay entre ellos aquel que (la recibe) como quien observa la luz del sol a través de una ventana” (Zohar Terumá 130b).
A tenor de lo expuesto, el grado de revelación profética, en cada una de sus modalidades, dependería del sujeto que la recibe, pudiendo ser ésta de carácter “opaco”, hasta el punto de ser comparada a ver “desde detrás de un muro”, o del todo diáfana: “como quien observa la luz del sol a través de una ventana”. Veamos estos seis tipos de profecía con más detenimiento:
1. מחזה Majazé: visión, como dice lo escrito: “Después de estas cosas vino palabra del Eterno a Abram en una visión diciéndole: no temas Abram, Yo soy tu escudo. Tu recompensa será muy grande” (Génesis/Bereshit 15:1).
2. חזון Jazón: visión, como en el texto: “Visión de Isaías hijo de Amots” (ídem 1:1).
3. חזיון Jizayón: revelación, como en el versículo: “Y ocurrirá después que derramaré Mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones” (Joel/Yoel 3:1).
4. חזות Jazut: visión, como fue dicho: “Me ha sido mostrada una dura visión” (Isaías/Yesháyá 21:2).
5. דבר Dabar, palabra, como en: “Entonces vino palabra del Eterno a Jeremías” (ídem 32.26).
6. משא Masá, profecía a manera de sentencia, según lo escrito: “Cuando, yo y tú íbamos tras Ajab su padre, el Eterno pronunció está sentencia contra él” (2 Reyes/Melajim 9:25).
Si bien cualquier tipo de percepción procedente de una profecía posee un carácter espiritual y no físico, a nivel conceptual, se aprecia como cuatro de sus grados: מחזה Majazé (visión), חזון Jazón (visión), חזיון Jizayón (revelación/visión) y חזות Jazut (visión) estarían asociadas con la “vista”; mientras que dos: דבר Dabar (palabra) y משא Masá (palabra a manera de sentencia), lo estarían con el “oído”. La profecía vinculada a la “visión” sería de un nivel superior a aquella afín a la “audición”, como se infiere de dos expresiones recurrentes en los escritos rabínicos: “ven y escucha” y “ven y mira”. La primera, en hebreo תא שמע ta shemá, pertenece al Talmud, mientras que la segunda, en hebreo תא חזי ta jazé, procede del Zohar, que es el lugar donde se expone el סוד sod (nivel secreto) de la Torá. Sobre esto dijeron los Sabios: “Y hay otros (profetas) aún mejores que son de los miembros del Rey (y no tan solo de las vestiduras). De ellos está dicho: «Oh Eterno, he oído Tu palabra y temí» (Habacuc/Jabakuk 3:2). Esto pertenece al oído. (sin embargo) Ezequiel profetizó de sus ojos, Habacuc escuchó de sus oídos” (Zohar Behar 110a). Resulta significativo que las visiones transmitidas a Yojanán por las חיות Jayot (seres vivientes) serán introducidas por la fórmula “ven y mira”, תא חזי ta jazé (véanse ídem 6:1,3,5 y 7), lo que de nuevo sería indicativo del alto nivel de estas profecías, por lo que no es de extrañar que el término que define nuestro libro (חזיון Jizayón/Revelación) esté relacionado con la vista y no con el oído. En esta misma línea podrían ser interpretadas las palabras: “Bienaventurado (אשרי ashré) el que lee y los que escuchan la palabra de la profecía” (ídem 1:3); primero “el que lee”, acción que implica “vista”, estando dicho enunciado escrito en singular como expresión de “unidad”; y solo después: “los que escuchan”, en relación al oído, cuya forma plural indicaría ausencia de unidad. Y no dice “de este libro”, sino “de esta profecía”, lo que de nuevo subrayaría la citada interpretación.
Las fases de la profecía
El propio texto ya nos describiría estas realidades al declararnos: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: “Yo soy el א Álef y el ת Tav” (ídem 1:10); donde se describen las distintas fases por las que pasó su experiencia profética
1. “Estaba yo en el Espíritu”: relataría la acción meditativa (התבוננות hitbonenut) en la que se encontraba Yojanán en el momento de recibir esta revelación.
2. “Y oí detrás de mí”: aquí hay dos cosas a reseñar: “y oí” (ואשמע va’eshmá) y “detrás (אחרי ajaré) de mí”. Ambas vendrían a ser indicativas de un nivel inferior de profecía. La primera por estar vinculada al oído, como ya se explicó, y la segunda porque el profeta escucha desde “atrás”, esto es, no se trata de una revelación “cara a cara” (פנים אל פנים panim el panim), sino desde “la espalda” (אחורים ajoraim), como también fue dicho: “Ahora vemos como espejo, oscuramente, mas entonces veremos cara a cara” (1 Corintios 13.12).
3. “Una gran voz como de trompeta”: donde “gran voz” (קול גדול kol gadol) y “como de trompeta” (כחצוצרה kejatsotserá/כשופר keshofar) aludirían a dos קליפות הטמאות klipot hatemeot (cáscaras totalmente oscuras), que salen al encuentro del profeta y obstaculizan su camino hacia la revelación divina. Nos parece significativo que estas mismas sean también mencionadas con ocasión de la entrega de la Torá, como versa: “Dijo rabí Yehudá: había tres oscuridades (Deuteronomio/Devarim 4:11): «Oscuridad, nube y nube espesa y esa voz del shofar (קול השפר)» (Éxodo/Shemot 19:19), salía de su interior” (Zohar Yitró 81a).
4. “Que decía: Yo soy el Álef y el Tav”: el contenido mismo de esa “voz”, se asimilaría a lo que los Sabios definieron como קליפת נגה klipat nogá, grado que constituiría ya en sí el principio de la profecía, pero que aún contendría “barreras” obstaculizando una plena revelación.
5. “Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y vuelto vi” (ídem 1:12). Estas palabras serían indicativas del comienzo de una profecía של אמת shel emet (de la verdad), esto es, de que el profeta había alcanzado un inequívoco grado de veracidad en la revelación; como se infiere de las expresiones: “Me volví” y “vuelto vi”, pues previamente se hallaba en un estado de אחורים ajoraim (espaldas), mas ahora (al darse la vuelta) se encuentra en posición de פנים אל פנים panim el panim (cara a cara); antes solo “escuchaba”, pero ahora “ve”, como fue dicho: “De oídas te había escuchado, mas ahora mis ojos te ven” (Job/Yob 42:5). Como también dijo Yeshúa a Sus más allegados discípulos: “Bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Porque de cierto os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís, y no lo oyeron” (Mateo/Matai 13:16-17).