Fragmento gratuitoLuz para el Mundo 12 min Comprar

Isaac Benaor · Nº 11 · 2022

Luz para el Mundo

אור לעולם

Fragmento gratuito · 2585 palabras · unos 12 minutos

Capítulo 1EXPERIMENTANDO LA VERDADERA ALEGRÍA

Los Escritos nos declaran:

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡regocijaos!

Filipenses 4:4

Y en la Torá hallamos escrito lo siguiente:

“Y moisés le dijo al pueblo: tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre”

Éxodo/Shemot 13:3

A nadie se le escapa lo apropiado de nuestra primera cita, pues ¿a quién no le gustaría estar siempre gozoso? Pero también somos conscientes de lo difícil que es llevar esto a la práctica.

No nos cabe duda de que todo verdadero creyente ha experimentado en alguna ocasión esa alegría indescriptible de sentirse amado por Dios a través del maravilloso vínculo que nos ofrece el Mesías, y esta es una vivencia tan gratificante que ansiamos guardarla para siempre en nuestro corazón. Pero cuando se disipan las luces de este encuentro especial y debemos regresar de forma inevitable al “mundanal ruido” nos preguntamos: ¿de qué forma podemos hacer nuestras las palabras del apóstol en medio de este mundo? ¿Acaso no está escrito?

“En el mundo tendréis aflicción”

Juan/Yojanán 16:33

¿A quién no le gustaría regocijarse en el Señor siempre? Pero qué difícil es pasar de la teoría a la práctica, pues más allá de esos escasos momentos en que logramos desprendernos nuestra realidad material dejando que nuestra alma se apegue al espíritu Divino, el resto del tiempo vivimos como el común de los mortales: afanados en nuestras tareas, preocupados por nuestros problemas y agobiados por las contrariedades de la vida.

Y ahora nos preguntamos: ¿para poder experimentar ese “regocijo” al que se refería el apóstol Saulo deberíamos dejar toda actividad secular y dedicarnos únicamente al servicio a Dios? La respuesta es no, nuestra tarea consistirá en mantener siempre un estrecho vínculo con Dios sea cual sea la tarea que estemos desempeñando, como también dijo el salmista:

“He puesto al Eterno siempre delante de mí. De seguro está a mi diestra y yo no seré conmovido” Y ¿cuál es la consecuencia de esta actitud? “Mi corazón está contento y mi gloria se regocija”

Salmos/Tehilim 16: 8 y 9

Las claves para experimentar este “regocijo” venían ya expresadas en el propio versículo cuando nos decía: “Regocijaos en el Señor”. No en las cosas de este mundo, las cuales son vanidad y son pasajeras como la hierba y la flor de la hierba, sino en nuestro vínculo con Dios, que es fuente de gozo inefable. Y esta misma idea nos vendría expresada por esta otra recomendación:

“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias por todo”

1 Tesalonicenses 5:16-18

Donde este gozo perenne sería la consecuencia de nuestra constante oración y de mostrarnos siempre agradecidos a Dios, sean cuales sean las circunstancias.

En nuestra cita de la Torá el pueblo era instado a recordar el día de su salida de Egipto, circunstancia que supuso escapar de la esclavitud y también de aquel ambiente de corrupción e idolatría. Y la redención es sin duda motivo de regocijo, pero deberíamos preguntarnos si aquellas fueron las circunstancias idóneas para la alegría. Tras siglos de servidumbre el corazón se cauteriza, haciéndose insensible al “látigo del capataz”, pero endureciéndose también para los momentos de dicha. Además, aquella había sido una noche de espanto. Conforme al mandato divino habían comido la Pascua, pero esta no había sido una celebración alegre, pues comieron con premura, ceñidos sus lomos, los pies calzados y con el bordón en la mano, dispuestos en todo momento para la inminente marcha. Y mientras la celebraban, podían oír los alaridos de desesperación de los egipcios a medida que la plaga de los primogénitos se consumaba. Querido amigo, Dios es bueno, y Él nos regala constantes muestras de Su afecto en medio de nuestro entorno cotidiano, ya sea a través de la familia, de la congregación o de la obtención del sustento. Pero no es en esto donde radica nuestra verdadera alegría, la auténtica fuente de ésta proviene directamente de nuestro Hacedor, y si usted Lo pone siempre delante de sí, esto es, se pregunta antes de comenzar cualquier tarea cuál es Su voluntad y de qué manera podrá complacerle a través de la obra de sus manos, entonces su corazón estará contento y se “regocijará en el Señor siempre”. Por eso, si seguimos leyendo la cita con la que dábamos inicio nuestra reflexión, nos encontramos con lo siguiente:

“El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en el Mesías Yeshúa”

Filipenses 4:5-7

Ante todo, y, sobre todo: “el Señor está cerca”, este debe ser el marco existencial en el que deben tener lugar nuestros sentimientos, cualesquiera que sean estos. Después, debemos subordinar cualquier afán a nuestra confianza en Dios, pues todas nuestras peticiones, esto es, de todo aquello de lo que tenemos necesidad ya es conocido en el Cielo; y añade: con toda oración y ruego, pero sin olvidar nuestras acciones de gracias, siendo hijos verdaderamente agradecidos. ¿Y cuál es la consecuencia de estas cosas?

“La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en el Mesías Yeshúa”

Haciendo que esa alegría guardada únicamente “para los rectos de corazón” le acompañe en su día a día, sea cual sea la circunstancia.

Capítulo 2¿DEBEMOS NEGOCIAR CON EL ENEMIGO?

Los Escritos nos declaran:

“El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”

Santiago/Ya’akob 1:8

Y en la Torá hallamos escrito lo siguiente:

“Y el faraón les dijo: bueno, id y servid al Eterno, vuestro Dios. ¿Quiénes son los que van?”

Éxodo/Shemot 10:8

Estas palabras se enmarcan en el enfrentamiento entre Moisés, junto con su hermano Aarón, y el rey de Egipto. Los primeros le exigían que les dejase salir de aquella tierra para poder servir a Dios en el desierto a una distancia de tres días. Faraón, por su parte, se negaba con tozudez a la propuesta, dando pie a que las plagas se sucediesen una tras otra sobre la tierra de Egipto. Mas, a pesar de los enormes daños que estas provocaban, Faraón endurecía cada vez más y más su corazón.

Sin embargo, tras acontecer la cuarta plaga, consistente en una mezcla de animales dañinos (en hebreo ערב arob), dio la impresión por un momento de que el monarca comenzaba a ceder en su postura al decir a los hebreos:

“Id, ofreced sacrificios a Dios en esta tierra”

ídem 8:21

Al rechazar Moisés la oferta, se les ofrece la posibilidad de salir, pero sin alejarse mucho (véase ídem 8:24).

Tras sucesivas negativas, no se reanudarán las negociaciones hasta pasada la séptima plaga, compuesta por granizo (en hebreo ברד barad) acompañado de fuego, y solo después de que Moisés advirtiese acerca de la siguiente plaga, la cual consistiría en langostas (en hebreo ארבה arbé). ¿Y cuál fue entonces la oferta de Faraón?

“¿Cómo aun estando el Eterno con vosotros he de dejaros ir con vuestros pequeños? […] Por tanto, irán los hombres solos a adorar al Eterno”

ídem 10:10 y 11

Y por esta decisión, sobrevino la citada plaga, y la acción de las langostas fue tan devastadora que no quedó en Egipto ni aún la más leve brizna de hierba. Delante de tan malas perspectivas Faraón se apresta de nuevo a conceder alguna cesión:

“Id, servid al Eterno, pero no llevéis vuestras ovejas ni vuestros vacunos, podréis llevar vuestros niños con vosotros”

ídem 10:24

Pero Moisés rechaza este nuevo ofrecimiento, alegando que no dejará tras de sí ni tan siquiera una pezuña.

Y, como es sabido, esto dio pie a las dos últimas plagas: oscuridad (חשך jóshej) y la muerte de los primogénitos (מכת בכורות macat bejorot).

A estas alturas de la narración se nos plantean diferentes cuestiones. Quizás llevado por la parcialidad del “buenismo”, un observador externo podría argumentar que la tozudez de Moisés era semejante a la de Faraón, pues de haber aceptado el primero las supuestamente “razonables” condiciones que le ofrecía el rey, se hubieran ahorrado muchas muertes y mucho dolor, pues, al fin de al cabo, en cualquier negociación tienen que ceder ambas partes.

¡Que gran mentira! Para empezar, ambos interlocutores no se encuentran al mismo nivel. Moisés era el enviado de Dios para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud y del genocidio, mientras que Faraón es un personaje abyecto, quintaesencia del despotismo, de la crueldad y la idolatría.

Y no hay nada nuevo bajo el sol, pues el enemigo de las almas también quiere negociar con usted la forma en cómo debe servir a Dios, y si aún se halla bajo su dominio, intentará impedirle por todos los medios que deje de ser su esclavo, pues no debemos olvidar que:

“Todo aquel que practica el pecado, esclavo es del pecado”

Juan/Yojanán 8:34

Su particular faraón se complace hasta lo sumo en que usted siga pisando barro para él, en que se mueva penosamente a través del fango de sus propias malas costumbres. Mas, si con todo usted ya dio algún paso en aras de su libertad personal acercándose al Mesías, entonces, se apresta a negociar, a otorgarle supuestas concesiones en las que él siempre va a salir ganando.

Primero le brindará esta oferta: “ofreced sacrificios a Dios en esta tierra”. ¿En esta tierra? ¿En un lugar de impureza extrema e idolatría adoraremos a nuestro Dios que es santo? Al otro lado no le preocupa lo más mínimo que usted asista a su iglesia o a su sinagoga con tal de que no se aleje mucho de él. Ya sabe, que un día se siente a la mesa del Señor y otra a la de los demonios, que pueda compaginar sin ningún problema una vida mundanal y pecadora con la asistencia a los oficios religiosos.

Pero si usted no desea llevar un tipo de vida donde mejor estaba siendo incrédulo, entonces “faraón” le brinda su segunda oferta: puede llevar una vida de creyente, pero no es necesario que sus hijos pequeños le sigan. Cuando sean mayores ya tendrán ocasión de decidir por sí mismos, pues ¿no consiste en eso la libertad de elección? De nuevo mentiras y más mentiras. Si usted no educa a su hijo en la fe desde su más tierna infancia le está negando cualquier posibilidad de contrarrestar el fabuloso despliegue de luces fatuas que le ofrecerá este mundo.

Y si ha logrado vencer al otro lado en estas dos áreas, todavía le queda una tercera: ahora, aunque a regañadientes, Faraón le permite ser un creyente que guarda cierta distancia con sus malas artes, pero solo en su congregación y en su casa; sin embargo, en los negocios…esa ya es otra cuestión. ¿Cómo podremos competir con un mundo que usa las más arteras artimañas para obtener ganancias deshonestas usando de integridad y honradez? Pero, no le quepa duda, que todo el dinero que usted obtenga con mala praxis no le va a ser de bendición, y se le irá en reparaciones o, aún peor, en medicinas.

Querido amigo, si es usted creyente no de ningún crédito a las ofertas del otro lado, no permita que éste le engañe poniendo restricciones en su servicio a Dios. Viva una vida plena en el Mesías, no sea un hombre “inconstante en todos sus caminos” y experimente con alegría la maravillosa libertad con la que Yeshúa le ha hecho libre.

Capítulo 3VELANDO EN TODO TIEMPO

Yeshúa dijo:

“Velad pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir”

Mateo/Matai 25:13

Y en la Torá hallamos escrito lo siguiente:

“Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado de Egipto, pues no había leudado, pues al haberlos echado fuera los egipcios, no habían tenido tiempo para prepararse comida”

Éxodo/Shemot 12:39

La salida de Egipto no fue una empresa sencilla. Antes las reiteradas negativas de faraón de dejar salir al pueblo, Dios envía por mano de Moisés y de Aarón una serie de plagas para que hasta el último egipcio fuera consciente que es el Eterno quien gobierna el mundo y resulta inútil oponerse a Sus designios. Pero no sería hasta acontecer la décima plaga, la muerte de los primogénitos, que el pueblo de Israel pudo abandonar la tierra de su esclavitud.

Pero su partida no fue tranquila o apacible ya que los egipcios, aterrados por la posibilidad de un nuevo castigo, prácticamente empujaron a los hebreos fuera de su país, como fue dicho:

“Y los egipcios apremiaban al pueblo dándose prisa a echarlos de la tierra, porque decían: todos seremos muertos”

ídem 12:33

Y tan apremiante fue esta salida que ni siquiera tuvieron tiempo de preparar comida antes de partir, de forma que incluso la masa de harina para hacer el pan no dispuso de tiempo material para leudar y tuvo que ser cocinada a manera de torta ácima, lo que en hebreo se conoce como מצה matsá. Como es sabido, este hecho determinaría que ese día fuese recordado comiendo pan sin leudar, como se declara:

“Recordad este día en que salisteis de la servidumbre de Egipto, porque con mano fuerte os libró el Eterno y no se comerá alimento leudado (חמץ jamets)”

ídem 13:3

Son tres los elementos que a través de su simbolismo profético describieron la salida de Egipto:

El primero y el más importante es el cordero destinado al sacrificio pascual, el llamado קרבן פסח Korbán Pésaj.

El segundo son las hierbas amargas o מרור maror.

Y el tercero sería el ya mencionado pan ácimo o מצה matsá.

La Historia del pueblo de Israel se halla marcada por diferentes exilios que fueron seguidos de sus correspondientes redenciones. Pero la Redención final, aquella que será llevada a cabo por el propio Mashíaj, no se parecerá al retorno de la cautividad de Babilonia acontecida por la mediación de Esdras y Nehemías, tampoco seguirá el modelo de la victoria contra los griegos a mano de los Macabeos, efemérides que conmemoramos cada año durante la fiesta de חנוכה Januká. La Redención definitiva, aquella de la que fue dicho:

“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá más muerte ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor”

Revelación/Jizayón 21:4

Tomará su modelo profético del éxodo de Egipto, como también anunciaron los profetas:

“Como en los días de tu salida de Egipto, Yo le mostraré maravillas”

Miqueas/Mijá 7:15

¿Y cuáles serán estas “Maravillas” (en hebreo נפלאות niflaot) que serán mostradas el día de la Redención, no serán otras que la revelación del propio Mesías, Quien es llamado “maravilloso” (פלא fele) (Isaías/Yeshayá 9:6).

El קרבן פסח Korbán Pésaj, el sacrificio pascual no es otro que el Mesías, Quien es llamado “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan/Yojanán 1:29). Por su lado, las hierbas amargas (מרור maror) nos hablarían del dolor y la opresión que acontecerán al mundo antes de Su regreso, como si de dolores de parto se tratase. Y, por último, el pan ácimo o מצה matsá, nos hablaría de la premura, de lo improvisado de esta redención, de forma que nadie habrá hecho los preparativos necesarios para la salida.

Querido amigo, Yeshúa nos instó a que velásemos, a que no fuésemos como ese necio del que hablan los Proverbios:

“Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano, otro poco para dormir”

Proverbios/Mishlé 24:33

Sino más bien como esas vírgenes prudentes, “que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo” (Mateo/Matai 25:1), pues no lo olvide: no sabemos ni el día ni la hora en la que el Hijo del hombre ha de volver.

Aquí termina el fragmento

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