Isaac Benaor · Nº 16 · 2016
Puertas de Bondad
שערי טובה
Capítulo 1EL RETRASO EN SU VENIDA
1.1 Cercano y a la vez lejano
Por qué no viene el Mesías? Está escrito: «El hijo de Isai no vino ni ayer ni hoy» (1 Samuel/Shmuel 20:27) ¿Por qué no viene? Porque no somos diferentes hoy de cómo lo éramos ayer”.
Rabí Méndel de Kosov
El retraso en la venida del Mesías es un tópico que se discute en cada generación. Este debate tampoco fue ajeno a los discípulos de Yeshúa quienes, transcurrido un lapsus relativamente breve desde el ascenso a los Cielos de su Maestro, ya se planteaban la posibilidad de una inminente redención, como versa: “El Señor no retarda Su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que nadie perezca” (2 Pedro/Shimón Kefa 3:9).
Los sabios enseñaron que el tiempo de la revelación del Mesías no es un periodo rígido establecido de antemano desde el Cielo, sino que vendría condicionado por la actitud del pueblo de Israel hacia Dios y Sus mandamientos, como fue dicho: “Si lo merecen, lo apresuraré, si no lo merecen (el Mesías vendrá) a Su tiempo” (Sanhedrín 98a). Esta enseñanza tradicionalmente establecida, fue también recogida por los apóstoles, quienes llegaron a afirmar: “En vuestra conducta santa y en piedad, aguardando y apresurando, la venida del Día de Dios” (ídem 3:11 y 12).
Declaraciones como: “De cierto (באמת be’emet) os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mateo/Matai 24:34), “¡El Señor viene!” (1 Corintios 16:22) ó la muy elocuente: “He aquí, vengo pronto” (Revelación/Jizayón 22:7) podrían llegar a insinuarnos que quizás el “Día del Eterno” y, por ende, la venida del Mesías en su acepción de מב״ד Mashíaj ben David, podrían haber tenido ya su lugar en la Historia de haber existido los suficientes méritos.
Sobre el comienzo del exilio la Torá nos declara: “Y habló Dios a Israel en visiones de la noche […] no temas descender a Egipto” (Génesis/Bereshit 46:2 y 3). Dicha acción supondría, para los hijos de Israel, el inicio de la “galut” que es comparada con la noche. La redención que Dios traería más tarde por la mano de Moisés, marcaría el final de este periodo. Sin embargo, dicha liberación no exoneró al pueblo de Israel de padecer otros exilios, donde el más largo de ellos está aún por concluir, el llamado “exilio de Edom”.
A estas alturas cabría preguntarse: ¿Cómo será la redención definitiva? Sobre este esperado acontecimiento la Escritura nos declara: “Como en el día de tu subida de la tierra de Egipto” (Oseas/Hoshea 2:15/17). Si el exilio de Egipto fue, en opinión de los sabios, “la matriz espiritual de todos los exilios”, y su קליפא klipá o cáscara de impureza, la más dura de todas ellas, también la redención definitiva ha de ser afín a los sucesos allí acontecidos: El keriat Yam suf o paso del Mar rojo y también el mismo Matán Torá (entrega de la Ley), habrán de tener su expresión última, esto es, revelarán su esencia espiritual, en los tiempos de la Gueulá, de la forma que fue anunciado: “Como en el día (כיום keyom) de tu subida de la tierra de Egipto Yo les mostraré maravillas (נפלאות niflaot)” (Miqueas/Mijá 7:15), esto es, el Mesías se revelará, como se declara: “Y llamará su nombre Admirable (פלא pelé) (Isaías 9:5), y también “obrador de prodigios (פלא pelé) (Éxodo/Shemot 15:11) pues sobre esto fue dicho “Y salvará el Eterno a Israel en aquel día” (ídem 14:30). “Salvará” (יושע Yoshá) esto es, ישוע Yeshúa.
Los profetas compararon los tiempos previos a la venida del Mesías (עקבות משיחא Ikbot Meshijá) con los dolores del alumbramiento, como versa: Porque oí una voz como de mujer que está de parto, angustia como de primeriza, la voz de la hija de Sión” (Jeremías/Yermeyá 4:31, véase también Isaías/Yeshayá 26:17) “, por lo cual este tiempo (de tribulación) fue también llamado por los sabios “חבלי משיח jeblé Mashíaj” o “los dolores de parto del Mesías”, como versa: “Por qué (no quieres ver al Mesías cuando venga)? Preguntó Abayé a Rabá, Tal vez por los dolores (del alumbramiento) del Mesías?” (Sanhedrín 98a).
Al respecto, la Guemará recoge también la siguiente declaración: “Lo mismo dijo rabí Yojanán: Que venga, pero que yo no lo vea” (ídem). Aunque estas últimas palabras fueron dichas en el citado contexto de los “dolores de parto” o “tiempo de angustia” (véase Jeremías/Yermeyá 30:7) que habría de preceder la venida del Mesías, desgraciadamente tuvieron otro tipo de cumplimiento al rechazar a Yeshúa los líderes de aquella generación, pues ciertamente el Mesías vino pero no Le vieron.
El Maestro describió este periodo comparándolo con dos sucesos de la Historia, como versa: “Como fue en los días de Noáj, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían y bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca y vino el diluvio y los destruyó a todos. Asimismo como sucedió en los días de Lot: Comían, bebían, compraban vendían, plantaban, edificaban. Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos” (Lucas/Nakai 17:26-29).
Los dos ejemplos citados nos parecen muy significativos pues sus personajes no son en absoluto escogidos al azar. Por un lado Noé (Nóaj), vendría a simbolizar a los gentiles temerosos del Cielo, como ejemplifican las normas dadas por Dios para sus descendientes (véase Génesis/Bereshit 9:3-6) que derivaron en las siete leyes que llevan su nombre: Las llamadas שבע מצוות בני נח Shebá Mitsvot Bené Nóaj, Lot vendría a ser figura del prosélito pues fue dicho: “Y se fue Abraham como el Eterno le dijo, y Lot fue con él” (ídem 12:4).
El denominador común en ambos casos es que el juicio de Dios (ya sea sobre una región concreta o el sobre el mundo entero), no se desencadenó hasta que los protagonistas de ambas historias se hubieron puesto a salvo, como ya se dijo: “Hasta el día en que entró Nóaj en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos”, y también: “Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos”. En todo ello podríamos ver insinuado a diferentes colectivos susceptibles de “escapar” de la que ha venido a llamarse “Gran Tribulación”. En esta línea, dijeron los sabios: “Y en el año seiscientos del sexto (milenio) los portones de la sabiduría se abrirán en lo Alto y manantiales de sabiduría (también se abrirán) en lo bajo. Y el mundo se preparará para entrar al séptimo (milenio) como un hombre que se prepara el sexto día, cuando el sol comienza a ponerse, para entrar al Shabat. Y de igual modo (habrá de ser) tu señal (Génesis/Bereshit 7:11): En el año seiscientos de la ida de Nóaj se partieron todas las fuentes del gran abismo y se abrieron las ventanas de los Cielos” (Zohar Vayerá 117a). Aquí “Shabat” nos propone un doble concepto: Por un lado los ya citados “mil años” de Era Mesiánica y por otro el “reposo” de aquellos que, al igual que Noé y su familia” escapan del juicio divino pues, de otra forma, no tendría sentido comparar “el reinado milenial del Mesías”, caracterizado por la paz, la alegría y la abundancia, con la destrucción del Diluvio.
Volviendo a la profecía dada a Ya’akob, podemos ver, además de su sentido literal que ya nos habla del exilio, una insinuación a dichos acontecimientos, como versa: “En visiones de la noche (bemarot)” (Génesis/Bereshit 46:2), expresado como el acróstico (נוטריקון notrekón) de:
את Et, en alusión a la revelación del Rey Mesías, Quien recibe el calificativo de “Primero y Postrero”, esto es, א álef y ת tav (véase Revelación/Jizayón 1:11).
A tenor de lo expuesto, la alternativa enunciada por los Sabios de una venida del Mesías mediante “dolores de parto”, nos parece ahora (muy a nuestro pesar) y después de tantos siglos, la más plausible de todas.
En el siguiente apartado se explorará el tema de un remanente que, susceptiblemente, podría ser “apartado” antes de desencadenarse la llamada “Gran Tribulación”. Son muchos los pasajes de las Escrituras que nos invitan a reflexionar sobre dicho supuesto, por ejemplo, Shaúl hashalíaj (el apóstol Pablo) al referirse a este tópico utiliza la tercera persona, como excluyendo a sus interlocutores (que eran discípulos suyos) de tales acontecimientos, como versa: “Porque cuando (ellos) estén diciendo «paz y seguridad», entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores de la mujer encinta, y no escaparán de ningún modo”. Y añade: “Porque no nos ha puesto Dios (a nosotros) para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Yeshúa el Mesías” (1 Tesalonicenses 5:3 y 9).
En relación a lo expuesto, de como “Yeshúa” habría de operar para con nosotros marcando la diferencia entre “ira” y “salvación”, citaremos el siguiente versículo de los profetas: “De su tribulación (mitsarató) no le salvará (yoshienu)” (Isaías/Yeshayá 46:7). Veamos esta última expresión con más detalle:
“Yoshienu” (le salvará) ¿De qué forma? Mediante Yeshúa:
Como fue dicho: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos” (Hechos/Ma’asim 4:12), pues si de esta “salvación” (יושיענו yoshienu) retirásemos la palabra “ישוע Yeshúa” solo nos quedaría barro (yavén):
Lo cual nos retrotrae a lo infructuoso de buscar la salvación de alguna forma distinta a la establecida por Dios: A través de la muerte expiatoria de Su Mesías, como fue dicho: “Estoy hundido en el cieno (יון yavén) profundo, donde no puedo hacer pie […] cansado estoy de llamar, mi garganta se ha enronquecido” (Salmos/Tehilim 69:3/2 y 4/5).
En este contexto la palabra יון yaven (barro) simbolizaría al colectivo que busca “salvación” y respuestas al margen de la obra del Mesías, mas si éstos llegasen a creer alguna vez, sería como “añadir” a dicha vocablo la letra צ tsade, en referencia al צדיק Tsadik, epíteto mesiánico de Su acepción מב״י Mashíaj ben Yosef, como versa: ¿Qué es la letra tsade? […] Así está escrito (Proverbios/Mishlé 10:25): El צדיק Tadik (Justo) es el fundamento del mundo (יסוד עולם Yesod olam)“ (Séfer Habahir 61); Entonces obtendremos el nombre Tsión:
Como fue dicho: “Mi salvación, no se retrasará y daré salvación a Sión (בציון betsión)” (Isaías/Yeshayá 46:13); Lo que podemos leer como: “Daré salvación por medio de (ב be) Síon (ציון Tsión)”.
1.2 Un tiempo de tribulación
Después de ser recogidos del exilio serán diezmados. Y serán llamados Santos en Israel para El eterno, la primicia de Su cosecha”.
Jeremías/Yermeyá 2:3
Como ya se ha dicho, los profetas anunciaron que antes del “fin de los días” acontecería sobre Israel un tiempo de angustia y gran tribulación, como versa: “Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas” (Isaías/Yeshayá 8:22). La palabra habitualmente traducida como “tribulación” o “angustia” es צרה tsará, término que nos retrotrae a conceptos de “estrechez” y “angostura” (צר tsar). Dicha expresión es la esencia misma del exilio de Egipto, como su propio nombre en hebreo “Mitsrain” nos sugiere:
Además, dicha palabra, nos recuerda el dolor y sufrimiento padecido por Israel en el tiempo de su esclavitud al formar sus dos primeras letras el vocablo Mets (opresor):
Como versa: “El opresor (המץ hamets) cesará la destrucción, desaparecerá el agresor de la tierra” (Isaías/Yeshayá 16:4).
El vocablo מצרים Mitsraim sigue reiterando en lo que constituye la misma esencia del exilio, ahora al sugerirnos la palabra Metsar (angustia, aflicción):
Como versa: “Desde la angustia (המצר hametsar) invoqué al Eterno” (Salmos/Tehilim 118:5).
Hasta aquí las tres primeras letras de Mitsraim; las dos finales formarían la palabra Yam (mar):
Dicho significado, circunscrito al mencionado contexto de “opresión y exilio”, nos llevaría a relacionar esta palabra con los siguientes versículos: “Y cuatro bestias grandes subían del mar” (Daniel 7:3).
Y también: “Y vi subir del mar una bestia” (Revelación/Jizayón 13:1). La profecía de Daniel nos acercaría al significado simbólico de dicho término, pues las “cuatro bestias” allí mencionadas, se corresponden con los cuatro imperios que en su día ejercieron un poder casi global sobre el mundo conocido: בבל Babel (Babilonia), מדי-פרס Madai-Parás (Media-Persia), Yaván (Grecia) y אדום Edom (Roma), y todos ellos subían del mar, esto es, procedían de las naciones gentiles. Nótese como, de forma proverbial, Grecia (יון Yaván) paradigma del conocimiento y la racionalidad, nos insinuaría de nuevo un colectivo “al margen del Mesías” pues יון Yaván se escribe igual que el, ya mencionado, יון yavén (barro) y al igual que a éste, le faltaría simbólicamente la letra צ Tsade para que “Yabán” (Grecia) se convirtiera en Sión (Tsión).
En la otra cita, sacada del libro de la Revelación, la bestia mencionada es asociada a la manifestación del anti-Mesías, expresión por antonomasia del llamado “misterio de la iniquidad” (véase 2 Tesalonicenses 2:7), cuya manifestación (Dios nos libre) marcará el inicio a la Gran Tribulación (véase 2 Tesalonicenses 2:3).
Además de su significado “mar”, la terminación י yod - ם mem nos indica plural masculino. Los sabios nos enseñan que Jerusalén, en hebreo ירושלים Yerushalaim, aparece siempre escrita en plural porque existe una Jerusalén Celestial en correspondencia con la Jerusalén de abajo y “el Bet Hamikdash (Templo Sagrado) de Arriba tiene su paralelo con el de abajo” (Yerushalmi Berajot 4:5). Esto no sería novedoso para las personas familiarizadas con los Escritos apostólicos, pues en el ya citado, libro de la Revelación, dicha ciudad es mencionada explícitamente (véase ídem 21:2) con el nombre de “La Nueva Jerusalén” (ירושלים החדשה Yerushalaim Hajadashá).
En correspondencia, desde el lado de la impureza o סט״א sitrá ajará vemos como Egipto (מצרים Mitsraim) también se escribe en plural, porque existe otro Egipto de naturaleza espiritual paralelo al de abajo.
Los sabios nos enseñan que la גלות Galut o exilio, más allá de una situación geográfica o política, es un estado de naturaleza espiritual donde la Presencia divina es ocultada. Cuando en el año 1.948 e.c. se refundó el estado de Israel, se pudo llegar a pensar que dicho periodo se hallaba próximo a su fin, por lo cual algunos de los rabinos del estado instituyeron una plegaria donde se decía: “Bendice al estado de Israel que marca el principio (ראשית reshit) de nuestra redención (גאלתנו gueulatenu)”. Aunque esto constituye, sin duda, nuestra firme esperanza, lo cierto es que en el momento de escribirse estas líneas se celebra el sesenta y seis aniversario de dicha refundación y, desgraciadamente, tanto los judíos de la diáspora como los que viven delante del Kótel (Muro occidental), elevamos cada día la misma plegaria: “Apresúrate a redimirnos con una redención completa (גאלה שלמה gueulá shelemá)” (Amidá: Bircat Gueulá); pues ninguna iniciativa humana, por muy elevada o altruista que esta sea, podrá traer al mundo una “Redención completa”. Los sabios nos enseñan que ni aún Moisés, el Pastor Fiel, pudo traerla, por eso, a pesar de la liberación de Egipto, devinieron después nuevos exilios, siendo el actual (de Edom) el más largo de todos, del cual solo se podrá salir a través de la intervención directa del Mesías.
Como se dijo, el final de este periodo y, por ende, la llegada de la Redención, estará precedida por lo que los sabios llamaron עקבתא דמשיחא Ikvata DeMeshija: “los dolores de parto del Mesías”, como versa: “Porque tan pronto como Sión tuvo dolores de parto, dio a luz a sus hijos” (Isaías/Yeshayá 66:8). Por desgracia esa época, pese a marcar los albores de la Redención, se caracterizará por ser la etapa más oscura de este largo y tortuoso exilio, como se declara: “Cuando llega el tiempo de iluminar la mañana, oscurece y el ocultamiento de la luz se hace más intenso y hay tinieblas” (Zohar Beshalaj 46a).
En la Torá, en los Profetas y también en los Escritos podemos hallar, no sin cierta intranquilidad, abundantes referencias a este periodo de “gran tribulación”. Quizás resulte de obligada mención el capítulo doce de Daniel, casi a manera de ejemplo paradigmático, pues a partir de él se acuñaría el término “Gran Tribulación (הצרה הגדולה Hatsará Haguedolá) como se declara: “Y habrá un tiempo de tribulación, como nunca hubo en nación alguna hasta entonces. Y tu pueblo ha de ser librado, es decir, todos los que serán hallados escritos en el libro (ídem 12:1).
Los Sabios también describieron la extrema dureza de este periodo en su interpretación de las profecías, como versa: “Dijo rabí Eliezer: Porque antes de estos días no ha habido paga de hombre ni paga de bestia, ni hubo paz para el que salía ni para el que entraba a causa del enemigo (Zacarías/Zejariá 8:10). ¿Qué significa? […]: Ni aun los sabios, dijo Rabá, de quienes se habla de paz, como dice lo escrito: Mucha paz tienen los que aman Tu Ley (Salmos/Tehilim 119:165), (ni siquiera ellos) hallarán paz a causa del enemigo” (Sanhedrín 98a).
Son numerosos los textos bíblicos que los rabinos interpretaron a manera de remazim (insinuaciones) sobre dichos acontecimientos, como se declara: “Está escrito: Israel (Ya’akob) se esforzó y se sentó en la cama (Génesis/Bereshit 48:2). Y el misterio del versículo se encuentra en otro lugar: Y en ese momento se levantará Mijael, el gran ministro, quien se sitúa sobre los hijos de tu pueblo y será un tiempo de tribulación (Daniel 12:1). Rabí Shimón dijo y enseñó: Esta es la guevurá (rigor) […] ante Israel en los días de la Redención, el cual será un tiempo de gran tribulación, y Jacob vio esto a través de su espíritu profético” (Zohar Vayejí 213b).
Que colectivo habrá de sufrirla o quién se podrá librar de tan horribles sucesos sigue siendo tema de controversia entre los diferentes comentaristas. La famosa declaración de Ulá y de Rabá: “¡Que venga, pero que yo no lo vea!” (ídem 98b), parece sugerirnos, a primera vista, que ambos Amoraim querían evitarse los sufrimientos implícitos al advenimiento mesiánico. Esto dio pie a la pregunta: “¿Por qué (no quieren verlo)? Preguntó Abayé y Rabá ¿Tal vez por los dolores (del alumbramiento) del Mesías?”.
Nos parece muy improbable que aquellos sabios quisieran eludir su responsabilidad ante la generación y, mucho menos, bajo tan críticas circunstancias, como es impensable que no hubiesen aspirado a estar presentes en la “coronación” del Rey Mesías.
La discusión que provoca esta pregunta (la cual, en un sentido estricto, queda sin responder) daría lugar a diferentes razonamientos sobre aquellas acciones que podrían evitarnos los sufrimientos previos a la venida del Mesías, como versa: “Dedícate al estudio de la Torá y a las buenas acciones (guemilut jasadim)”. Sin embargo añade: “Pueden causarlo los pecados, contestó Rabá”. Esta declaración nos parece de gran importancia, pues nos enseña que a pesar del estudio incesante y las más meritorias acciones, los pecados pueden hacernos sufrir los dolores inherentes a ese periodo, o dicho en otros términos: pasar la Gran Tribulación. Esta aparente paradoja nos plantearía la siguiente pregunta: ¿Una generación consagrada al estudio de la Torá y a las obras de misericordia, que pecados puede tener? Aquí podríamos ver insinuado, no tanto las transgresiones (impensables) en unos sabios de tan alto nivel, sino quizás (desde nuestra particular perspectiva) la “merma” en los mecanismos de expiación tras la destrucción del Templo Sagrado, como ya se dijo (véase del mismo autor el Fundamento del mundo 4:3). Los sabios continúan su discusión exponiendo la aparente contradicción entre dos versículos sobre Ya’akob, como se declara: “He aquí Yo estoy contigo y te guardaré por donde quiera que fueres” (Génesis/Bereshit 28:15). Y este otro: “Entonces Ya’akob tuvo gran temor y se angustió” (ídem 32:8). Si el patriarca había recibido de Dios tal promesa ¿Por qué experimentó entonces temor y angustia? Los sabios nos enseñan al respecto que Jacob pensó “no tenerlas todas” delante de su hermano Esav por no haber atendido a dos mandamientos concretos: El de honrar a sus padres y el de residir en Érets Israel, a causa de los años que había permanecido en casa su suegro Labán, y lo que temió realmente fue que estos pecados hubiesen dejado sin efecto la promesa divina, la cual habría estado condicionada a la conducta del patriarca.