Fragmento gratuitoVida Abundante 15 min Comprar

Isaac Benaor · Nº 12 · 2021

Vida Abundante

חיים רבים

Fragmento gratuito · 3279 palabras · unos 15 minutos

Capítulo 1MOISÉS Y LOS SETENTA ANCIANOS

Los Evangelios nos declaran:

“Ella le dijo: ordena que en Tu Reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a Tu derecha y el otro a Tu izquierda”

Mateo/Matai 20:21

Y en el capítulo once del libro de Números/Bemidbar se relata como Moisés reunió por orden de Dios a los setenta ancianos (los shib’im zekenim). Estos habrían de conformar el sanhedrín que juzgaría al pueblo. El primer problema que planteaba tal fin era de orden aritmético, pues doce tribus no son divisibles entre setenta. Para resolver el dilema, Moisés escribió en setenta papeletas “anciano” dejando dos en blanco, pues de haber seleccionado a seis individuos de cada tribu, hubieran sumado un total de setenta y dos. De esta forma sería la providencia divina la que determinaría que dos ancianos quedaban fuera del consejo.

A tal fin, Moisés los reunió delante del Tabernáculo para que cada uno pudiera sacar su papeleta, bien con la palabra “anciano” o bien sin ningún nombre escrito. Sin embargo, hubo dos varones entre los designados que prefirieron quedarse en el campamento, sus nombres eran Eldad y Medad. Ellos no acudieron a la convocatoria a causa de su gran modestia, pues dijeron para sí: “no somos dignos de esa grandeza”.

El relato bíblico nos narra como el Espíritu Divino se posó sobre los setenta que acudieron al Tabernáculo comenzando todos ellos a profetizar. Pero la gran sorpresa fue que los dos hombres que se quedaron en el campamento también profetizaron. De los primeros fue dicho:

“Profetizaron y no volvieron a hacerlo (ויתנבאו vayitnabú ולא יספו veló yasafu)”

Números/Bemidbar 11:25

Mientras que de estos dos últimos, la Biblia dice simplemente: “y profetizaron (ויתנבאו vayitnabú)” y en ningún lugar dice que dejaran de hacerlo.

El primer colectivo obro de forma correcta, pues todos ellos fueron llamados por Moisés siguiendo instrucciones del Cielo. Ellos eran conscientes de sus méritos y de su valía, así como del honor que justamente les correspondía como ancianos de Israel.

Por su lado, los dos que permanecieron en el campamento, pensaron que no eran dignos de esa grandeza y que su modestia serviría también para resolver el dilema algebraico. Sin embargo, ellos son los únicos que aparecen en el relato con su nombre: Eldad y Medad, y el don de profecía, lejos de ser transitorio, se quedó en ellos de forma permanente. Pues no en vano se halla escrito en los Proverbios:

“No hagas ostentación ante el rey y no te pongas en el lugar de los grandes”

Proverbios/Mishlé 25:6

Y aquí se cumpliría el dicho del Maestro:

“Mas cuando fueres invitado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando viniere el que te llamó te diga. Amigo, sube arriba, entonces tendrás honor de los que se sientan conjuntamente en la mesa”

Lucas/Nakai 14:10

Una actitud de humildad y de modestia son la garantía de que andaremos siempre cerca de Dios, mientras que lo contrario, implicará Su lejanía, como dijo el salmista:

“Porque el Eterno es excelso y atiende al humilde. Mas al altivo conoce de lejos”

Salmos/Tehilim 138:6

Y no necesitamos ir muy lejos para hallar un modelo que nos ilustre sobre este comportamiento, pues el mismo Yeshúa, siendo el Mesías y el Rey de Israel, dijo de Sí mismo:

“Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas”

Mateo/Matai 11:29

Querido amigo, no se afane en transmitir esa imagen de honor y autoridad a la que usted cree tener derecho, pues, aunque sus intenciones sean legítimas esta actitud le alejará cada vez más de Dios, hasta ver como su corazón se encuentra cada día menos sensible a Su presencia.

Experimente la humildad en cada una de sus actividades congregacionales, relajando cualquier afán en los amorosos brazos del Mashíaj y así hallará descanso para su alma. No haga nada buscando lo suyo propio sino haciendo honor a los méritos de Aquel que le llamó de las tinieblas a Su luz admirable.

Capítulo 2EL NAZAREO Y LA SOTÁ

Las Escrituras nos declaran:

“No os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario o avaro o idólatra o maldiciente o borracho o ladrón, con el tal ni aun comáis”

1 Corintios 5:11

Y en el capítulo cinco del libro de Números/Bemidbar, hallamos la enseñanza correspondiente a la mujer sospechosa de infidelidad conyugal, lo que en términos bíblicos se conoce como sotá. Para probar su inocencia, la mujer en cuestión debía beber las llamadas “aguas amargas”, las máyim hamarim. Si era culpable, éstas le causaban un efecto nefasto, mas, si era inocente, era bendecida con un nuevo hijo.

Si seguimos leyendo en el capítulo seis, la Torá nos presenta el caso del nazareo, nazir en hebreo. Éste voto consistía en una especial consagración a Dios (generalmente por un periodo de treinta días) por la cual el individuo no solo se abstenía de vino, pues ni aún las uvas y ni tan siquiera las pepitas de estas podían pasar por su boca. Además, el nazareo tenía prohibido cortar su pelo o acercarse a cualquier muerto, aunque se tratase de parientes muy cercanos.

Las razones que nos da la Torá para esto son las siguientes:

“Porque santo (קדוש kadosh) será para el Eterno”

“Porque la separación de su Dios está sobre su cabeza”.

La palabra que traducimos como “separación” es nezer, de la misma raíz que nazir. Dicho vocablo lo hallamos también con la acepción de “diadema”, como en el versículo:

“Y sujetarás la diadema sagrada (nézer hakódesh) sobre la mitra”

Éxodo/Shemot 29:6

Y aquí cabría preguntarse: ¿qué nivel de consagración tenía el nazareno que incluso era comparado con el Sumo Sacerdote?

La diadema del Cohén Gadol llamada tsits, la cual llevaba escrito “santidad al Eterno” es aquí asimilada al pelo del nazareo y ambos son llamados “sagrados”, de forma que los dos compartirían la prohibición de acercarse a un muerto.

Los Sabios nos enseñan que los dos citados supuesto, el de la mujer sotá y el del nazir, no fueron expuestos el uno a continuación del otro por mera casualidad, sino atendiendo a una razón muy importante. Veámoslo más detenidamente: la mujer sospechosa de infidelidad era aquella que había sido vista entrando a solas con un hombre en un lugar privado sin que hubiera habido dos testigos capaces de acreditar lo sucedido en el interior. Esta mujer con actitud desviada representaría la tentación, y el vino (del que debería abstenerse el nazareo) simbolizaría esos comportamientos capaces de ablandar nuestra conciencia, haciéndonos más vulnerable a la tentación.

La enseñanza al respecto es clara: en ambientes donde impera el relativismo moral y una baja conciencia de pecado, el creyente en el Mesías debe ser aún más estricto, para no darle mayores oportunidades a la tentación.

Y esta actitud era llevada hasta el extremo por el nazir, quien traslada la abstención etílica hasta el grado de ni tan siquiera pasar andando por una viña, llevando su grado de consagración a Dios hasta niveles propios del Sumo Sacerdote.

Querido amigo, en los tiempos que vivimos la moralidad se halla bajo mínimos, y esto no solo ocurre entre los incrédulos, sino que, desgraciadamente, también se da entre los creyentes, dando aciago cumplimiento a las palabras con las que encabezábamos nuestra reflexión.

Quizás este sea un buen momento para aumentar nuestro grado de consagración a Dios, para ser más santos, como Él es santo, e incluso abstenernos de cosas que, aun siéndonos lícitas, pueden llegar a sernos de tropiezo. Es nuestra misión equilibrar la balanza: si el mundo se escora hacia extremos no buenos, compensemos esta merma situándonos en el lado opuesto, si el mundo se complace en sus pecados, pongamos nosotros la contrapartida haciendo de nuestros cuerpos un verdadero templo para el Espíritu de Dios.

Capítulo 3LA REBELIÓN DE KÓRAJ

Las Escrituras nos declaran:

“El objetivo de este mandamiento es el amor nacido de un corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, han venido a caer en la vana palabrería”

1 Timoteo 1:5 y 6

Y el capítulo dieciséis de Números/Bemidbar nos relata como kóraj, primo hermano de Moisés y de Aharón, se levantó contra estos reivindicando para sí mismo el sacerdocio. No podían faltar en la revuelta dos clásicos de la insumisión y la queja: Datán y Abiram, aquellos mismos que le habían dicho a Moisés:

“¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?”

Éxodo/Shemot 2:14

A la sedición también se apuntaron doscientos cincuenta hombres importantes, con la esperanza de sacar alguna ganancia de aquel río revuelto.

¿Qué tipo de reivindicación era esta? Su misma premisa ya planteaba dos supuestos inasumibles: que Moisés no había sido el canal apropiado para dar a conocer la voluntad de Dios, o bien que aquel colectivo pensaba que dicha “voluntad” era a todas luces mejorable.

Los Sabios nos enseñan que los efectos positivos de una discusión originada en aras del Cielo (leshem Shamáyim) habrán de perdurar, pero esas otras que no son planteadas en aras del Cielo, no habrán de prosperar. Ejemplo del primer caso sería lo escrito acerca de Pablo:

“Porque con gran vehemencia convencía públicamente a los judíos, mostrando por las Escrituras que Yeshúa era el Mesías”

Hechos/Ma’asim 18:24

Del segundo caso, los Sabios citan como ejemplo paradigmático la controversia originada por Kóraj y sus seguidores.

Una mirada más profunda nos llevará a profundizar en las razones últimas de la polémica:

Kóraj, en un verdadero alarde de lo que ahora llamaríamos “populismo”, le dice a Moisés que no existe una razón especial por la cual él deba ser el dirigente, “pues toda la congregación, todos ellos son santos (כלם קדשים Kulam Kedoshim)”. Que hábiles son algunas personas manipulando el lenguaje para conseguir sus fines, pues lo cierto es que Kóraj solo perseguía ocupar el puesto de su primo Aarón como Sumo Sacerdote, los temas de “santidad” o lo que le pasara al resto de la comunidad le traían sin cuidado. Aún no se atrevía a poner en tela de juicio el liderazgo de Moisés, pero bueno, todo a su tiempo.

Por su lado, Datán y Abirán, dos verdaderos profesionales de la insumisión, dos auténticos rebeldes sin causa, no compartían los proyectos de su improvisado líder. En su opinión debía ser la tribu de Rubén, como primogénito de Jacob, la que debía asumir el sacerdocio. Y ¡oh casualidad! Precisamente esa era la tribu a la que ambos pertenecían.

En tercer lugar, estaban los doscientos cincuenta líderes que se añadieron a la revuelta. Ellos discrepaban de las dos anteriores opiniones. Según su criterio, el sacerdocio debía ser llevado a cabo por los primogénitos, pues esta fue la disposición original de Dios, si bien luego fue cambiada a causa del pecado del becerro de oro, pasando a la tribu de Leví.

En definitiva, cada cual buscaba tan solo su propio beneficio haciendo gala de un egoísmo y una mezquindad difícilmente superables.

Las consecuencias de estas acciones son por todos conocidas: Kóraj junto a su familia y pertenencias, y también Datán y Abirán fueron tragados por la tierra, descendiendo vivos al Sheol. Los doscientos cincuenta líderes, estando aún con los incensarios en su mano, fueron consumidos por un fuego divino, como ocurriera en su día con Nadav y Abihu.

Pero no acaba aquí la controversia: al día siguiente se juntó todo el pueblo acusando a Moisés y a Aarón de ser los responsables de esta mortandad y, como consecuencia, sobrevino una plaga que acabó con catorce mil setecientos de ellos, siendo salvados in extremis por la oportuna intervención de Aarón.

Después de todos estos acontecimientos, Dios le dice a Moisés que coloque doce varas en el Tabernáculo (una por cada tribu). A la mañana siguiente pudieron comprobar como la perteneciente a Leví escrita con el nombre de Aarón había reverdecido, echado flores y hasta había producido almendras, zanjando de forma inequívoca la controversia sobre la legitimidad del sumo sacerdocio de Aarón.

Y aquí cabría preguntarse: ¿no se podía haber dado esta solución al principio de la rebelión? ¿Cuánta muerte y dolor se podrían haber evitado? La respuesta es claramente ¡no! Pues Dios no le habla a los sordos, y no hay peor sordo que el que no quiere oír. Ni kóraj, ni Datán y Abirán, ni los doscientos cincuenta hombres eminentes, ni los catorce mil setecientos muertos en la plaga hubieran escuchado la voz de Dios, agravando más, si aún cabe, el pecado de su rebeldía. Pues, como vimos al principio de nuestra exposición, el objetivo de cualquier mandato que recibimos de Dios es el amor, nacido de un corazón limpio, y de una buena conciencia, y de una fe no fingida, y no de nuestro propio egoísmo, no como el que aspira a ganancia sino con la grata y bienaventurada esperanza de complacer el corazón de nuestro Dios.

Capítulo 4LA DECISIÓN DE ABRAHAM

Las Escrituras nos declaran:

“Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras por Mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”

Mateo/Matai 19:29

En el capítulo doce del libro del Génesis (Bereshit) se relata como Dios se dirige a Abraham (entonces Abram) con estas palabras:

“Vete por ti de tu tierra y de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre”

Génesis/Bereshit 12:1

A tenor del relato bíblico, en el momento en que recibió la mencionada orden, la famosa frase לך לך lej lejá, el patriarca se encontraba en Jarán. Al no ser este su destino definitivo, pues su intención era asentarse en Canaán, no se entiende de qué forma ese lugar “de paso” puede ser calificado como “tu tierra, tu lugar de nacimiento” o “la casa de tu padre”.

La Torá nos dice que Abraham nació en Ur Kasdim, esta era una importante ciudad de Mesopotamia situada cerca de la desembocadura del río Éufrates. Según la tradición, el patriarca procedía de una importante familia vinculada con la corte del rey Nimrod.

El ambiente espiritual en el que creció el futuro patriarca, difícilmente podría ser más adverso: Nimrod es definido por la Biblia como “valiente (guibor) cazador frente al Eterno” (Génesis/Bereshit 10:9), “cazador” porque este ser inicuo cazaba las almas de los hombres para llevarlos hacia el mal, y “frente al Eterno” porque todo esto lo hacía en confrontación con Dios. Colmo de males, en esta atmósfera de maldad e idolatría, Téraj, su padre, regentaba un próspero negocio de venta de ídolos.

Nadie en su sano juicio hubiese pensado que Abraham daría el paso que dio: dejar atrás a la Humanidad al completo para ser el único hombre del mundo que siguió a Dios, por lo cual fue llamado “hebreo” (ibrí) esto es “procedente de la otra orilla” en referencia a que provenía de la otra ribera del río Éufrates. Pero en un sentido espiritual dicho apelativo expresaría la singular condición del patriarca como el amigo de Dios, como es llamado en Isaías/Yeshayá 41:8.

Pero ahora se encontraba en Jarán, lejos del lugar donde había transcurrido su vida, alejado ya de todas esas réprobas circunstancias que tanto mal acarrean al alma del hombre. Y es entonces cuando Dios le dice: “Vete por ti de tu tierra y de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre”, pues nuestro Padre que está en los Cielos no nos saca de un horrible lugar lleno de maldad e idolatría para que aparquemos en la zona gris de la inactividad y la auto complacencia.

Querido amigo, una cómoda vida religiosa no es el destino final de nuestro peregrinaje, Dios nos insta a que sigamos adelante en nuestro viaje, hasta llegar a la Tierra Prometida de una vida plena y fecunda en nuestro servicio a Dios, dejemos aparcado en Jarán la tibieza y el egoísmo y “prosigamos a la meta, al galardón del supremo llamamiento de Dios en el Mesías Yeshúa” (Filipenses 3:14).

Capítulo 5EL AGUA DE LA ROCA

Las Escrituras nos declaran:

“Tú pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en el Mesías Yeshúa”

2 Timoteo 2:1

En la Torá hallamos un controvertido pasaje donde se narra como Moisés hizo salir agua de la roca, según fue dicho:

“Y llegaron los hijos de Israel, toda la comunidad, al desierto de Tsin […] Como no había agua para la gente, se reunieron contra Moisés y Aarón”

Números/Bemidbar 20:2

En medio de tan sensible situación, Dios le da a su siervo fiel las siguientes instrucciones:

“Toma tu bastón y reúne a la comunidad, tú y Aarón tu hermano, y habla a la roca a los ojos del pueblo y ella dará sus aguas”

Números/Bemidbar 20:8

Esta no era la primera vez que el pueblo pedía agua. La Biblia nos refiere como transcurrido un mes de la salida de Egipto, los israelitas se encontraron ante una situación similar, como leemos:

“Y acamparon en Refidim, mas no había agua para que el pueblo bebiera. Y discutió el pueblo acaloradamente con Moisés diciendo: dadnos agua para beber”

Éxodo/Shemot 17:1 y 2

Y en aquella ocasión, Dios le dijo a Moisés:

“Tú golpearás la roca y saldrá de ella agua para que el pueblo pueda beber”

Éxodo/Shemot 17:6

Ahora, después de transcurridos casi cuarenta años, el pueblo que había salido de Egipto en edad adulta ya había fallecido en el desierto y una nueva generación había ocupado su lugar. De los primeros muchos habían olvidado ya los rigores de la esclavitud y los segundos ni siquiera la habían conocido. Tampoco habían sido testigos de las plagas o de la apertura del mar, para ellos, que el maná apareciera en la puerta de su tienda cada mañana era lo más normal del mundo. Esta era una generación que había crecido en medio de la sobrenaturalidad, conviviendo con la misma Presencia Divina.

Al pueblo que salió de Egipto se le proveyó de agua mediante un golpe, a la nueva generación se le suministró a través de suaves palabras. Si bien los primeros tuvieron a veces palabras abruptas para con Moisés, aun así, aun eran capaces de recibir cierto grado de amonestación, como se infiere del método mucho más expeditivo de golpear la roca. Pero la nueva generación, tan solo era capaz de recibir suaves palabras.

Y no solo en lo que respecta a asumir la disciplina, también el grado de fe de los últimos era inferior al de los primeros, pues estos vieron como el agua manaba a través de un acto físico, donde la causa (el golpe de bastón) y el efecto (el surgir del agua) pueden guardar cierto grado de relación con el mundo natural. Pero los nuevos necesitaban de una acción del todo sobrenatural en sus formas, que, a través de una simple locución, manase agua de la roca.

Pero Moisés (el líder de ambas generaciones), incluso contraviniendo las indicaciones divinas, no se prestó al guion de la auto complacencia del pueblo y golpeó la roca, no una vez, sino dos, aunque esta acción le supusiera no entrar en la Tierra Prometida.

Querido amigo, que difícil resulta conducir a un pueblo que no se esfuerza, esperando que el líder resuelva todos sus problemas: ahora rece por mí, ahora deme este u otro consejo…Pero, en el fondo, solo está preparado para escuchar lo que quiere oír, sin estar dispuesto a asumir ninguna disciplina, aunque ésta le reportará la buscada solución.

En los tiempos que vivimos donde el pecado sobreabunda, y aun así el común de los creyentes ha perdido la capacidad de recibir la más mínima amonestación, debemos esforzarnos más que nunca en la gracia que es en el Mesías Yeshúa. Sí querido amigo, la gracia requiere esfuerzo, así que, pongámonos manos a la obra, saliendo del estupor y el letargo haciendo ahora nuestras las palabras:

“¡Despierta tú que duermes! Y levántate de los muertos y te alumbrará el Mesías”

Efesios 5:14

Aquí termina el fragmento

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