Isaac Benaor · Nº 17 · 2014
Camino de Redención
Capítulo 1LAS PARASHOT DE LA GUEULÁ
1.1 El nacimiento de Biniamín
“Ven y mira: en ese mundo inferior el tsadik (justo) en él entra y de él sale. Cuando entra es de acuerdo con el misterio de José (Yosef), el Tsadik, y cuando sale es de acuerdo con el misterio de Benjamín (Biniamín), tal como está escrito: «Y sucedió que cuando salía su alma» (Génesis/Bereshit 35:18). ¿Quién es «su alma»? El tsadik que surge de ella, y es Biniamín”. Y prosigue: “Que llamó a su hijo בן אוני ben oní (hijo de mi aflicción)» porque pensaba que ella lo estaba dando a luz en lo bajo, en el mundo de la escisión y que quedaban once (hijos) en ese de lo Alto. ¿Qué está escrito?: «Mas su padre (Ya’akob) lo llamó בנימין Biniamín»: בן ימין ben Yamín (hijo de la diestra), ya que ascendió hasta lo Alto, al mundo supremo. Porque cuando Yosef se extravió, Biniamín ocupó su lugar. Por eso el Tsadik (justo) entra en el mundo de lo bajo y sale. Y debido a esto Yosef y Biniamín (los hijos de Rajel). Y todos son doce, en semejanza a lo Alto en una única unión” (Zohar Bereshit 155b).
Los Sabios calificaron al doceavo hijo de Ya’akob “el amado del Eterno” (Bereshit Rabá 98:2), pues vemos como las circunstancias en las que se desenvuelve lo hacen diferente del resto de sus hermanos. Quizás el rasgo más significativo de esta singularidad sea su lugar de nacimiento, pues en vez de nacer en casa de Labán como los otros, nació en בית לחם Bet Lehem, en el camino de Efrata (véase Génesis/Bereshit 35:15, 48:7). Así pues, fue el único dado a luz en la tierra que Dios había prometido a los patriarcas, la futura Érets Israel. También fue el único nacido tras el cambio de nombre su padre: de Jacob a Israel (véase ídem 35:10).
Otro aspecto de dicha singularidad, podemos hallarlo en un ornamento muy particular, el llamado חשן משפט Joshen Mishpat o Pectoral del Juicio del Sumo Sacerdote según descrito en Éxodo/Shemot 28:15-21. Y vemos como Biniamín es la única tribu que, al escribirse con seis letras, no necesitó que se le añadiera ninguna más:
Esto, junto al hecho de que fuese el último hijo de Ya’akob, nos retrotrae necesariamente a conceptos de “completitud”. Este hecho debe ser observado, pues en la Torá, cada “excepción a la regla”, es por lo general, un indicio de hermosas puertas de luz y de verdad.
En la cita que nos introducía, los Sabios nos explicaban que las doce tribus en su conjunto forman una sola unidad, como también se declara: “Todas las tribus ascienden como un testimonio de lo Alto, tal como está escrito (Salmos/Tehilim 122:4): «Pues allí ascienden las tribus, las tribus de Ya, un testimonio para Israel, para alabar el Nombre del Eterno» (Zohar Vayetsé 158a).
1.2 Jacob en casa de Labán
Antes de entrar en análisis, intentaremos situarnos en su contexto: El exilio de Jacob comprendería dos periodos:
El primero dura catorce años, y es descrito por su protagonista como el tiempo de servicio por las hijas de Labán: Rajel y Leá (véase Génesis/Bereshit 31:41). En él acontece el nacimiento de once de sus doce hijos.
El segundo se prolongaría por seis años más, el tiempo que trabajó por el ganado de su suegro (véase Ídem) al final del cual nacería su doceavo hijo: Benjamín (Biniamín).
Como se dijo, “las acciones de los patriarcas” (מעשה אבות ma’asé abot) son en su conjunto señales para los hijos, esto es, profecías para los tiempos futuros (*véase Midrash Tanjumá Lej Lejá 9) por lo que siempre resulta fascinante meditar sobre ellas. No es de extrañar que sea en las secciones dedicadas a los patriarcas, el lugar de la Torá donde hallamos más alegorías de la Redención, pues la misma palabra “patriarcas” (אבות Abot), vendría a insinuarnos esas dos (ב) señales (אות ot) que supondrían las dos venidas al mundo del Mesías:
ב אות
Bet ot
Como se declara: “Y esto os servirá de señal (אות ot): Hallaréis un Niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lucas/Nakai 2:12), y también: “Entonces aparecerá la señal (אות ot) del Hijo del hombre en el cielo […] y verán al Hijo del hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran Gloria” (Mateo/Matai 24:30).
Nos llama la atención que en su discusión con Labán, Ya’akob no haga distinción entre los siete años que trabajo por Rajel y los otros siete que tuvo que trabajar por Leá a causa del engaño de su suegro; La treta de Labán consistió en cambiar en la noche de bodas a Rajel por Leá, según lo narrado en Génesis/Bereshit 29:23. El ardid del malvado suegro de Ya’akob, visto en su sentido llano (פשט pshat) apuntaría a motivaciones de orden económico, pues buscaba aprovecharse del trabajo y de la bendición del patriarca por siete años más. Sin embrago, el alcance espiritual de estas acciones es de mucho más largo recorrido. En una primera apreciación, podríamos hablar de un inmenso retraso en la Gueulá (Redención), pues el exilio de Jacob pasaría de siete años a catorce: ¡El doble! Como está escrito: “Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hagas conmigo otros siete años” (ídem 29:27).
Ahora deberíamos preguntarnos: ¿Tiene un malvado arameo como Labán el poder para hacer esto? Las dos matriarcas (Rajel y Leá) son además personajes simbólicos. Los sabios nos enseñan que la primera simbolizaría la Shejiná, o Presencia divina asociada a בינה Biná (entendimiento), esto es la שכינה של מעלה Shejiná shel Mala (*עלאה ila’á en arameo) o de Arriba, mientras que Rajel estaría relacionada con la Presencia divina de abajo: שכינה של מטה Shejiná shel mata (*תתאה tata’á en arameo) asociada con מלכות Maljut-reino (*véase Sha’aré Kedushah Portón 8º, 3ª Sefirá). Esto estaría también insinuado por la declaración: “La Shejiná jamás se apartó de la tienda de Leá y de la tienda de Rajel” (Zohar Vaishlaj 168b).
¿Qué consecuencias tendría para Israel si el orden de ambas fuese alterado? Yeshúa definió el ámbito de la revelación del Mesías en el mundo como “el Reino de Dios” o Reino de los Cielos, como se declara: “Debo anunciar el Reino (Maljut) de Dios” (Lucas/Nakai 4:43) y también: “Buscad primeramente el Reino (Maljut) de Dios” (Mateo/Matai 6:33), incluso usó el término en referencia a Sí mismo, como versa: “He aquí, el Reino de Dios, entre vosotros está” (Lucas/Nakai 17:21).
El exilio de la Shejiná
Extrapolando estos conceptos al ámbito del Mesías, podríamos comparar al “Exilio de la Shejina”, simbolizado por Rajel, con el descenso del Mesías al mundo, conforme fue dicho: “Se despojó a Sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:6); Si cada acción de los patriarcas es capaz, por así decirlo, de “moldear” el futuro de Israel, desde nuestra perspectiva, podríamos llegar a pensar que las intrigas del malvado Lavan hacia Ya’akob podrían condicionar la llegada de la Redención y, a través de sus arteros propósitos, incluso llegar a retrasarla. Pero esto no es así, como se explicará más delante, solo los pecados de Israel pueden postergarla y cada uno de los condicionantes externos obedece a un propósito divino. Al respecto dijeron los sabios: “Y dijo rabí Eleazar: Jacob, a quien se le presentó junto al pozo una mujer ¿Por qué no apareció (primero) Leá, ya que ella le engendró a Ya’akob todas esas (seis) tribus? Sino que a Leá, no quiso el Santo, Bendito sea, unirla a él de un modo revelado, porque está escrito (Génesis/Bereshit 29:25): «Y al llegar la mañana, he aquí que era Leá» (Zohar Vayetsé 153a).
Aunque el tema será tratado con más extensión en los próximos capítulos, esta enseñanza de los sabios nos acercaría a los grandes misterios espirituales que giran alrededor de la venida del Mesías. Veamos ahora a las dos matriarcas en cuestión a través de la metáfora de los partsufim o personificaciones descritas por el Ariza”l:
י-ה-ו-ה
El Nombre YHVH
La primera ה He (derecha) en concordancia con Biná-entendimiento, sería el partsuf llamado אמא Imá y se correspondería con Leá y la Shejiná de arriba (shel Mala).
La segunda ה He (izquierda), se asociaría a Maljut-reino, al partsuf נוק״ Nukva y simbolizaría a Rajel y a la Shejiná de abajo (shel mata).
Resulta significativo que a efectos del Nombre divino YHVH, la suplantación de Rajel por Leá no se advierta a primera vista, pues ambas están representadas por la misma letra He.
Siguiendo con nuestra alegoría, también podríamos establecer una relación entre “Rajel” como el partsuf אמא Ima y el Mesías glorificado tras Su ascenso a los cielos, pues fue dicho: “El Padre de Gloria […] sentándole a Su diestra en los lugares celestiales” (Efesios 1:17 y 20). Aquí estaría insinuado el Mesías al nivel de Biná-entendimiento, pues esta sefirá (desde la perspectiva de lo Alto) se halla “a la diestra” de Jojmá-sabiduría, que es el partsuf אבא Aba (Padre).
Por otro lado, al Mesías-hombre durante Su paso por el mundo lo podríamos ver insinuado en el siguiente versículo: “El Hijo del hombre no tiene donde recostar Su cabeza” (Mateo/Matai 8:20). Aunque volveremos sobre este tema, comentaremos con brevedad que “cabeza” haría alusión a ז״א Zeir Anpín, la cual se “recuesta” sobre la Maljut (reino). Esto vendría a insinuarnos de nuevo el rechazo del Mesías, Quien no pudo, “a causa de la incredulidad de ellos” (Romanos 11:20), establecer el Maljut Hashamáyim o Reino de los cielos sobre el Israel de Su tiempo, lo cual hubiese equivalido a la implantación del reinado del Mélej HaMashíaj (Rey Mesías).
En la práctica, las autoridades religiosas no aceptaron ni la misión redentora del Mesías sufriente (aquí comparada a “Rajel”), ni la intercesora del Mesías glorificado (la cual vinculamos a “Leá”). Esto nos vendría insinuado por las palabras: “Y se quedó solo ya’akob, a solas” (Génesis/Bereshit 32:25). “Solo, aparte” (יותר yoter), esto es, sin que le acompañase Rajel. Y “a solas” (לבדו lebadó) sin Leá. Y también sin los hijos de ellas: Yosef (en alusión al מב״י Mashíaj ben Yosef) y Yehudá (en alusión al מב״ד Mashíaj ben David).
En esta situación es atacado por Esav, esto es Edom, personificación de los sistemas religiosos que se ven a sí mismos como el “nuevo Israel”. Resulta significativo que, en medio de tan dura pugna, Ya’akob discierna que en lo profundo de esa klipá existe una bendición para él y no lo dejará marchar sin antes recibirla (véase ídem 32:26).
Aunque a partir de ese encuentro a Ya’akob le es anunciado un cambio de estatus espiritual, refrendado por un cambio de nombre, como versa: “No se dirá más tu nombre Ya’akob, sino Israel” (ídem 32:28), a efectos reales su apelativo seguiría siendo el mismo, como se declara: “Entonces Ya’akob le pregunto” (ídem 29). La declaración del ángel sería, por así decirlo, solo un adelanto de la definitiva revelación de Dios, la cual acontecería más adelante, como fue dicho: “Y será tu nombre Israel” (ídem 35:10). Al lugar de estos hechos, Ya’akob llamó בית אל Bet El (casa de Dios). Dicho Nombre vendría a insinuarnos los días del Mesías, cuando el mundo será la morada (בית bayit) de la Presencia Divina (שכינה Shejiná).
Tomado en su conjunto, vemos como el anuncio profético del ángel no es usado hasta después de Bet El, esto es, hasta la implantación del reino Davídico. Aunque esto le fue “adelantado” de algún modo desde la קליפא klipá, Israel no “vivirá” su verdadera dimensión espiritual hasta que reciba una revelación directa de Hakadosh, Barúj Hu, por lo cual se declara: “Entonces el Santo, Bendito sea, les abrirá una luz de tenue resplandor, luego otra abertura (poco antes de la Gueulá), que es más grande que ésta, hasta que el Santo, Bendito sea, les abra los portones supremos (en la Redención definitiva)” (Zohar Vaiishlaj 170a).
Rajel y las señales proféticas del Mesías
Decíamos que, en sentido alegórico, Rajel vendría a insinuarnos al Mesías durante Su ministerio terrenal. Siguiendo esta perspectiva, Él se presentaría ante Ya’akob, esto es, al pueblo de Israel, ya desde un principio, como versa: “Y he aquí Rajel, su hija viene con las ovejas” (Génesis/Bereshit 29:6).
El nombre רחל Rajel significa “oveja”, lo cual aludiría a la misión expiatoria del Mesías, pues de Él fue dicho: “Como cordero al matadero fue conducido, y como oveja (רחל Rajel) delante de Su esquilador, enmudeció y no abrió Su boca” (Isaías/Yeshayá 53:7).
El rebaño que acompañaba a la matriarca sería la expresión simbólica de todos aquellos que serían redimidos a través de Él, pues aquí está escrito: “Viene con las ovejas (צאן tsón)” y de nosotros fue dicho: “Como ovejas (צאן tsón) nos descarriamos” (ídem 53:6).
Siguiendo con el conmovedor paralelismo entre el pasaje de la Torá y la profecía de Isaías, leemos sobre la matriarca: “Y Rajel era hermosa de forma (תאר toar) y hermosa de aspecto (מראה mar’é)” (Génesis/Bereshit 29:17), y del Mesías, fue dicho exactamente lo contrario: “Sin belleza (לא תאר lo toar) […] sin buen parecer (לא מראה lo mar’é)” (Isaías/Yeshayá 52:2).
¿Qué puede enseñarnos esto? El encuentro entre Rajel y Ya’akob fue, por así decirlo, un amor a primera vista, como versa: “Y amó Jacob a Rajel” (Génesis/Bereshit 29:18), como también lo fue el comienzo del ministerio público de Yeshúa, como se declara: “Y recorría Yeshúa toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el Evangelio del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió Su fama por toda la Siria […] y Le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de (la región de) Judea y del otro lado del Jordán” (Mateo/Matai 4:23-25). De haber seguido esta línea, el Mesías, al igual que la luz del alba, hubiese comenzado a brillar por toda la tierra de Israel incrementando su resplandor hasta alcanzar el “cenit”, esto es, “hasta que el día es perfecto” (Proverbios/Mishlé 4:18), con el advenimiento de la Era Mesiánica.
Este temprano idilio podría vincularse a las hermosas palabras con las que la Torá describe la belleza de la matriarca: “תאר toar” y “מראה mar’é”. Sin embargo, esto no perduró, como versa: “Desde entonces muchos de Sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él” (Juan/Yojanán 6:66). El contexto de estas palabras es un shiur (responsa) que Yeshúa impartió en la sinagoga de Capernaúm (Kefar Nahum), no muy lejos de Su aldea Nazaret. En él Yeshúa habló de Sí mismo en estos términos: “Yo soy el Pan de la vida” (הלחם החיים haLéjem Hajayim) (ídem 6:35), “He descendido del Cielo” (ídem 6:38), “el pan que Yo daré es Mi carne” (ídem 6:51). Estas palabras escandalizaron al “kahal kadosh” allí reunido, pues las tomaron en su literalidad y no como una alegoría de Su muerte expiatoria, cuya simbología quedaría plasmada en la institución de la “Seudá del Mesías”, como veremos más adelante.
Hablar al pueblo de los misterios de la venida al mundo del Mesías, de Su yijud o unidad con el Padre o de Su misión salvadora, significó el paso de la atracción del «toar» y del «mar’é» al rechazo del «lo toar» y el «lo mar’é».
Todo esto haría referencia a “Rajel” quien simbólicamente nos acercaría al concepto del Mesías revelado. Para hablar de Leá, volvamos primero a nuestro Zohar anterior: “A Leá, no quiso el Santo, Bendito sea, unirla a él de un modo revelado, porque está escrito: «Y al llegar la mañana, he aquí que era Leá». Los Sabios compararon la גלות galut (exilio) con la noche, pues ambos son periodos caracterizados por la oscuridad. En este sentido Ya’akob, aunque pensaba que estaba con Rajel (véase Génesis/Bereshit 29:23), en realidad pasó la noche con Leá.
La percepción de Israel
Siguiendo nuestra línea alegórica, diríamos que Israel gustó de la “belleza” del Mesías tan solo en lo externo y superficial, percibiendo tan solo a “este Yeshúa, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos” (Juan/Yojanán 6:42). Cuando el Mesías se revela a ellos, lo que se relacionaría con las palabras “Y al llegar la mañana, he aquí que era Leá”, Ya’akob Lo rechaza furioso pensando que se trata de un engaño. Por eso Leá (simbolizando aquí el aspecto trascendente del Mesías) le es ocultada de nuevo tras ese breve lapso, en espera de la “mañana definitiva”, esto es, el albor de la Era Mesiánica.
Hemos visto como a través de los hechos de los patriarcas, se nos insinúa a un Israel incapaz de aceptar el aspecto “sobrenatural” inherente a la naturaleza del Mesías. Aunque pueda resultar paradójico, la imagen que desde la קליפא klipá, esto es, desde fuera del ámbito de la santidad de Israel, se ha querido dar del Mesías, es precisamente la contraria, al presentarlo desprovisto de toda condición “humana”, mostrándolo a semejanza de un dios o semi-dios más en la línea de la tradición pagana que en el de las profecías bíblicas. Esto no solo crea un serio obstáculo a la hora de discernir el plan de Dios para la salvación de la humanidad, sino que a efectos prácticos produce retraso en la גאולה Gueulá (Redención), pues es imposible dejar de reconocer que: “Todas las fechas han pasado” (Sanhedrín 97b).
En el texto bíblico, veíamos como Ya’akob sirvió a su suegro por ambas hijas un total de catorce años. En una primera lectura, podría parecernos que solo este primer periodo es realmente “fructífero”, y no exclusivamente por el nacimiento de sus primeros once hijos, pues según la tradición, el patriarca dedicó este tiempo al estudio de la Torá en las yeshivot de Shem veEver (véase Bereshit Rabá 68:5).
Siendo así, deberíamos preguntarnos si con once de las doce tribus nacidas durante ese periodo, ya se habrían sentado las bases naturales y espirituales del futuro pueblo de Israel, alcanzando así el nivel requerido para su regreso a “la casa del Padre”, lo cual estaría simbolizado por el regreso de Ya’akob a la tierra de Israel, lo que, en un sentido profético, marcaría el comienzo de la Era Mesiánica.
El mismo número catorce, como valor numérico de דוד David:
David: 14 = (4) ד + (6) ו + (4) ד
Vendría a insinuarnos que, tras ese lapso, el pueblo de Israel ya habría tenido oportunidad de “recibir” al Rey Mesías, dando así por finalizado el periodo del Exilio. Siguiendo por esta línea, podríamos también argumentar que los seis años restantes son simplemente desperdiciados en aras del ממון mamón (dinero).
Una secuencia profética
Veamos ahora el orden de nacimiento de los hijos de Jacob: Rajel tardó catorce años en tener a su primer hijo: יוסף Yosef, para ese tiempo ya le habían nacido al patriarca (véase: Génesis/Bereshit 29 y 30) los siguientes hijos:
De Leá: (1) ראובן Reuvén, (2) שמעון Shimón, (3) לוי Leví, (4) יהודה Yehudá, y más tarde: (9) יששכר Isajar y (10) זבלון Zebulún.
De Bilhá: (5) דן Dan y (6) נפתלי Naftalí.
De Zilpá: (7) גד Gad y (8) אשר Asher.